Más allá del éxito: encontrar un propósito

Entrevista a Natalia Bernodat, Argentina
Foto de perfil de Natalia, sonriente y con la mirada hacia un lado.
Natalia Bernodat: «Gracias a la práctica [budista], pude confiar en mis decisiones y, sobre todo, empecé a escuchar a las personas con el corazón abierto»

En la versión en español latinoamericano de la película Las guerreras k-pop, Natalia Bernodat da voz al personaje de Zoey, e interpreta canciones de éxito como Golden (Dorada) y What It Sounds Like (Nuestras voces juntas). Miembro de la Soka Gakkai en Argentina, Natalia cuenta cómo su práctica budista la ha orientado en su vida y carrera como actriz y cantante, ayudándola a reconocer qué es lo más importante para ella.

¿Cuándo conociste el budismo?

Conocí el budismo Nichiren en 2005. En aquel entonces, estaba pasando por una depresión y apenas tenía motivación o alegría. Una amiga mía estaba preocupada por mi salud y su hermana, que era miembro de la Soka Gakkai, me animó a entonar Nam-myoho-renge-kyo. Ella creía que eso me ayudaría a lograr el sueño de ser artista.

¿Qué cambió desde que empezaste a practicar?

Fortalecí muchos aspectos de mi personalidad. Cuando comencé a practicar el budismo, la relación con mi familia mejoró mucho. Antes hablaba muy poco con mis hermanos o mis padres. Pero, gracias a mi práctica, pude confiar en mis decisiones y, sobre todo, aprendí a escuchar a las personas con el corazón abierto. También desarrollé un mayor sentido de la disciplina y me volví más responsable en todos los aspectos de mi vida.

Trabajar en Las guerreras k-pop tiene que haber sido increíble.

Un cartel publicitario violeta de «Las guerreras k-pop» en el que aparecen de pie los tres personajes principales: Zoey, Rumi y Mira.
Cartel publicitario de Las guerreras k-pop con Zoey (a la izquierda), a quién Natalia presta su voz, junto a Rumi y Mira

Fue una experiencia inolvidable y muy desafiante. Tuvimos muchas horas de grabación por semana a lo largo de un mes. Lo que más tiempo nos llevó fueron las canciones, porque tenían muchos arreglos difíciles. Un requisito para la versión en español latinoamericano era que las actrices supieran cantar.

Después del proceso de selección y de haber sido seleccionada, nuestra directora se tomó el tiempo de preparar los arreglos vocales de cada personaje. Por eso, grabar cada canción llevó entre ocho y doce horas. Creo que los temas son preciosos y están llenos de significado.

Mi personaje, Zoey, es una chica muy aguerrida y graciosa. Me reí muchísimo mientras la grababa. Nuestra directora dijo que nosotras, las actrices de doblaje, tenemos muchas características comunes con nuestros personajes, y que por eso nos habían elegido.

Recibimos toda clase de comentarios, tanto buenos como malos. La gente nos escribe mucho por las redes sociales. Valoro mucho todos los mensajes que nos llegan, pero lo que más me conmueve es cuando los padres nos dicen que cantan las canciones de la película con sus hijos.

¿Cuáles crees que han sido las claves del éxito de la película?

Pienso que la combinación de muchos factores dio lugar al éxito de la película, entre ellos, el valor de la amistad o el mensaje de aceptarse tal como uno es. La película enfatiza la importancia de vivir fiel a uno mismo sin importar cómo nos ven los demás o el valor de trabajar en unión con otras personas para dar lo mejor de nosotros.

Lo más inspirador de la película es cómo las chicas ayudan al personaje de Rumi a enfrentar sus demonios internos -sus miedos- para que pueda aceptarse tal cual es. Gracias a ese paso se convierte en una gran artista que no solo se acepta a sí misma, sino que alienta a los demás.

¿Qué te inspira para continuar avanzando con un sentido de propósito?

El actor mexicano Arturo Mercado Jr. junto a Natalia y sus compañeras del elenco de voz de «Las guerreras k-pop».
De izquierda a derecha: el actor de voz mexicano Arturo Mercado Jr., Natalia y sus compañeras de Las guerreras k-pop Azul Bötticher (voz de Rumi) y Karin Zavala (voz de Mira)

Pasé por muchas etapas en mi trabajo. La carrera de un artista es, a menudo, inestable e impredecible, y a veces, incluso, caótica. En esos momentos siempre vuelvo a lo que constituye el núcleo de mi práctica budista: la convicción de vivir de acuerdo con los valores que aprendí en la Soka Gakkai, centrados en el respeto a la dignidad de la vida. Cuando entono Nam-myoho-renge-kyo con esa determinación, me doy cuenta de que en cualquier ámbito resulta posible alentarnos mutuamente y seguir aprendiendo.

Con los años, y gracias a haber vivido todo tipo de experiencias, llegué a comprender que para mí lo más importante no es el reconocimiento entendido como una valoración superficial ni el éxito repentino, sino alentar a las personas con todo mi corazón dando lo mejor de mí y asegurarme de que todos podamos avanzar. Eso es lo que me da felicidad: sentir que mis esfuerzos tienen un propósito.

Tengo la firme determinación de seguir estudiando y perfeccionándome tanto en la música como en la actuación, y trabajar junto a los miembros de la Soka Gakkai en Argentina para hacer realidad la visión de paz de Daisaku Ikeda, que comienza por transformar el mundo mediante el cambio interior y la acción de uno mismo.

Adaptado de la edición del 7 de agosto de 2025 de Humanismo Soka, SGIAR.