Budismo en Cuba

por Joannet Delgado, Cuba
Reunión de diálogo en La Habana, Cuba [© Seikyo Shimbun]

Joannet Delgado, directora general de la Soka Gakkai de la República de Cuba, comparte su trayectoria de descubrimiento del budismo Nichiren y cómo éste enraizó en su país.

Mi familia y yo conocimos el Budismo gracias a mi hermana mayor, quien se casó con un japonés, miembro de la Soka Gakkai, pasando a ser miembro en 1974. Tras emigrar a Yokohama, empezó a participar asiduamente en las actividades de la Soka Gakkai.

En una ocasión, tuvo la oportunidad de compartir su experiencia en una reunión de la División Femenina realizada en un centro cultural local. Allí estaba presente la señora Kaneko, esposa de Daisaku Ikeda. Al finalizar la reunión, la señora Kaneko fue informada de que la familia de mi hermana estaba atravesando dificultades económicas. La señora Kaneko le dijo cálidamente a mi hermana: “Estoy segura de que si usted mantiene la práctica del budismo, llegará a gozar de un estado de vida que le permitirá viajar entre Japón y Cuba cuando quiera”.

Una semana después, mi hermana recibió una llamada y volvió al mismo centro. Para su sorpresa, quienes la estaban esperando eran el señor y la señora Ikeda. El señor Ikeda le brindó un gran aliento diciendo: “Mi esposa me contó todo sobre usted. Es una persona inestimable, dueña de una importante misión”. Este encuentro se convirtió en su punto de partida. Fue así que en un fin de año de 1984, consiguió reunir dinero para volver a su país después de 10 años. La experiencia que ella nos contó llena de amor, conmovió profundamente a mi madre y la llevó a comprometerse a entonar Nam-myoho-renge-kyo. Un año más tarde, mi padre también decidió hacer lo mismo.

En 1990, ambos fueron invitados a Japón por mi hermana y mi cuñado, quienes habían logrado transformar su karma económico. Fue entonces cuando mis padres pudieron conocer más sobre el budismo. Sin embargo, en aquellos momentos, yo no tenía intención de practicar el budismo. Como había estudiado bioquímica en la Universidad de La Habana y me dedicaba a la investigación, no podía comprender en absoluto lo que decía mi hermana: que todo cambiaría con sólo entonar Nam-myoho-renge-kyo.

Despertando el interés

Joannet Delgado [© Seikyo Shimbun]

En 1990, ambos fueron invitados a Japón por mi hermana y mi cuñado, quienes habían logrado transformar su karma económico. Fue entonces cuando mis padres pudieron conocer más sobre el budismo. Sin embargo, en aquellos momentos, yo no tenía intención de practicar el budismo. Como había estudiado bioquímica en la Universidad de La Habana y me dedicaba a la investigación, no podía comprender en absoluto lo que decía mi hermana: que todo cambiaría con sólo entonar Nam-myoho-renge-kyo.

Mi madre, por su parte, me pidió que tradujera al español algunos materiales en inglés de apoyo para el estudio del budismo que había traído de Japón. A medida que lo hacía, llegué a sentir admiración por la profundidad de la filosofía budista. Fue entonces cuando entendí por primera vez desde el fondo de mi corazón lo que tanto insistía mi hermana: en enseñarme la filosofía de la revolución humana.

Poco después de comenzar a entonar Nam-myoho-renge-kyo, recibí el primer beneficio. En 1993, pude asistir a un congreso científico internacional que se celebró en Ecuador y en el cual presenté un trabajo que resultó un éxito rotundo. Pero, sobre todo, para mí la mayor buena fortuna fue el hecho de poder entablar intercambios con los camaradas de la Soka Gakkai de Ecuador. La calidez de la familia Soka me permitió saber cuán maravillosa es esta organización.

Cuando regresé a mi país, me lancé a transmitir el budismo a todos mis compañeros de trabajo. Cuba es un país socialista, pero tenemos libertad de culto. No obstante, la mayoría del pueblo tiene diversas creencias y prácticas religiosas. No era fácil encontrar a alguien que mostrara comprensión hacia una religión oriental.

Visita de Daisaku Ikeda a Cuba

El presidente de Cuba, Fidel Castro (izquierda) y Daisaku Ikeda (derecha) en La Habana, 1996 [© Seikyo Shimbun]

Por otra parte, en 1996, Cuba estaba enfrentándose una vez más a situaciones políticas críticas con Estados Unidos. A pesar de las tensas circunstancias internacionales, un sueño se hizo realidad para nosotros: el señor Ikeda visitó Cuba. Este acontecimiento tuvo una amplia cobertura a través de la radio, la televisión y la prensa cubana, donde todos estos medios son estatales. Desde la llegada del señor Ikeda a Cuba las transmisiones de cada paso fueron en directo. Tanto su conferencia magistral en la Universidad de La Habana, como la ceremonia de entrega de la Orden Nacional “Félix Varela”. Imagino que ustedes también se sorprendieron cuando apareció el entonces presidente cubano, Fidel Castro, vestido de traje para encontrarse con el señor Ikeda. Pero aún más sorprendidos estábamos nosotros. De hecho, para mí fue la primera vez que lo vi sin uniforme militar dentro del país.

A pesar de que tenía una agenda muy apretada con varios eventos estatales importantes, el señor Ikeda tuvo la gentileza de invitar a mis padres a su hotel y los abrazó y alentó cálidamente. En los tres días de su estancia, el señor Ikeda logró ungir de esperanza nuestros corazones. A partir de entonces, los miembros de Cuba hemos emprendido nuestra marcha unidos bajo el mismo propósito. Cada uno de nosotros hemos venido esforzándonos como buenos ciudadanos para ganar la confianza de la sociedad, logrando así, paso a paso, la comprensión hacia el budismo.

Cubriendo la tierra

A pesar de que tenía una agenda muy apretada con varios eventos estatales importantes, el señor Ikeda tuvo la gentileza de invitar a mis padres a su hotel y los abrazó y alentó cálidamente. En los tres días de su estancia, el señor Ikeda logró ungir de esperanza nuestros corazones. A partir de entonces, los miembros de Cuba hemos emprendido nuestra marcha unidos bajo el mismo propósito. Cada uno de nosotros hemos venido esforzándonos como buenos ciudadanos para ganar la confianza de la sociedad, logrando así, paso a paso, la comprensión hacia el budismo.

El funcionamiento del transporte en nuestro país no es muy bueno. Es normal que uno tenga que esperar horas para subir a un autobús. Por eso, para llegar a las actividades también se requiere paciencia. Por otro lado, es imprescindible alquilar vehículos para ir a alentar a los miembros que viven en el interior. Sin embargo, como hay mucha demanda, tenemos que negociar una y otra vez hasta poder conseguirlo, siempre cantando Nam-myoho-renge-kyo. Cuando por fin logramos alquilarlo, recorremos la isla con la decisión de alentar a una persona más y, sin darnos cuenta, la distancia recorrida llega hasta casi los 2.500 kilómetros. De esta manera, nos hemos mantenido firmes en la lucha diaria hasta que, el 6 de enero de 2007, 10 años después de la visita de Sensei, el Gobierno reconoció a la Soka Gakkai de la República de Cuba como entidad religiosa.

Hoy, se ha extendido ampliamente la comprensión hacia la filosofía de la paz que enarbola el budismo en la sociedad cubana. En octubre de 2015, se dieron cita 450 representantes de 23 asociaciones religiosas en el Palacio de las Convenciones de La Habana para asistir al Encuentro Internacional por el Diálogo Interreligioso y la Paz Mundial. Durante dicho encuentro, presentamos las propuestas y las acciones por la paz del señor Ikeda así como la exposición de la Soka Gakkai sobre el desarme nuclear, que tuvo una repercusión positiva. Asimismo, cuando se discutió sobre la religión en el parlamento, el actual mandatario Raúl Castro se refirió a la Soka Gakkai como una agrupación que contribuye a la paz y la estabilidad de la nación.

En 1996, había apenas 7 familias con Gohonzon en Cuba, pero ahora contamos con más de 1.000 miembros.
En el año 2015 se reestablecieron las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. Mi decisión es luchar con más fuerza aún en este momento crucial para la felicidad y la prosperidad de mi país.

[Junio 2016]