El legado de los presidentes fundadores

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La Soka Gakkai es heredera de un legado espiritual iniciado por Shakyamuni hace unos 2500 años y continuado por maestros budistas de la India, la China y el Japón, cuya culminación más profunda se observa en las enseñanzas de Nichiren (1222-1282).

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Tsunesaburo Makiguchi, 1938 [© Seikyo Shimbun]

Los primeros tres presidentes de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi (1871-1944), Josei Toda (1900-1958) y Daisaku Ikeda (1928- ), han revivido el budismo Nichiren en la época contemporánea y han creado la base para su desarrollo como filosofía inclusiva y global. El compromiso mancomunado que los ha unido en esta labor ejemplifica la relación de maestro y discípulo que postula el budismo.

Makiguchi, Toda e Ikeda son respetados como presidentes fundadores y mentores del movimiento de la Soka Gakkai; su ejemplo perdurable nos enseña cómo practicar y difundir las enseñanzas budistas en aras de la paz. Por tal razón, se los nombra con el título honorífico de “Sensei” o “Maestro”.

Tsunesaburo Makiguchi (1871-1944) fue un educador, geógrafo y filósofo japonés que desarrolló un singular sistema pedagógico basado en su teoría del valor. Makiguchi creía que el objetivo supremo de la vida se expresaba cabalmente en la palabra “felicidad”, y que esta debía ser el propósito central de la educación. Para él, la felicidad se definía en relación con la capacidad de crear valor, o generar una transformación positiva en la propia realidad.

Con el paso del tiempo, Makiguchi fue adquiriendo la certeza de que el budismo Nichiren —dirigido a edificar una sociedad floreciente donde todas las personas pudieran ser felices— ofrecía la clave para concretar los ideales que él se había trazado con su educación creadora de valores.

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Josei Toda, 1957 [© Seikyo Shimbun]

En 1930, junto a su discípulo Josei Toda, Makiguchi fundó la Soka Kyoiku Gakkai (Sociedad pedagógica para la creación de valores), que tiempo después pasaría a llamarse Soka Gakkai. Lo que comenzó siendo un grupo de educadores reformistas pronto se convirtió en una organización de amplia base, dedicada a explorar los efectos transformadores de la práctica budista. Como tal, desarrolló una actividad religiosa atípica, centrado en pequeñas reuniones de diálogo entre practicantes, más que en los rituales del culto o en la autoridad sacerdotal.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno militar japonés encarceló a Makiguchi y a Toda como “prisioneros ideológicos”, a tono con su política de reprimir la libertad religiosa y de expresión. Makiguchi murió en la penitenciaría el 18 de noviembre de 1944 y, hasta el último instante, mantuvo dignamente sus convicciones.

Josei Toda (1900-1958) fue un educador, editor y empresario, responsable de compilar y publicar la obra seminal de su maestro Makiguchi, Soka kyoikugaku taikei (El sistema pedagógico de la creación de valores). El día de esta publicación, 18 de noviembre de 1930, se ha adoptado como fecha fundacional de la Soka Gakkai.

Durante su encarcelamiento, en la Segunda Guerra Mundial, Toda experimentó dos profundas revelaciones. La primera le permitió descubrir que “el Buda es la vida misma”. La segunda lo llevó a tomar conciencia de que su identidad fundamental era la de un Bodisatva de la Tierra, dedicado a propagar las enseñanzas esenciales del budismo. Este doble esclarecimiento, junto con su determinación de erradicar el sufrimiento de la faz de la tierra, se convirtieron en el motor de su trabajo monumental por desarrollar la Soka Gakkai, una vez en libertad.

En poco más de una década, Toda construyó en el Japón una organización dinámica de más de 750 000 familias. Su capacidad de traducir la complejidad filosófica del budismo en orientaciones prácticas y claras ayudó a que miles de personas, arrojadas al sufrimiento en la devastación de la posguerra, no solo reconstruyeran su vida sino, además, encontraran en ella un sentido de propósito. Toda postuló el concepto de la “revolución humana” —o transformación del propio estado de vida—, en el cual los miembros encontraron un principio orientador para su práctica. La idea del “logro de la budeidad”, hasta entonces abstracta, se resignificó como un cambio que el sujeto crea en su propia vida por motivación interna, y que cambia sus circunstancias personales a la par de la sociedad.

Toda fue un fervoroso opositor a la guerra y a los arsenales nucleares; se considera que su “Declaración para la abolición de las armas nucleares”, de 1957, fue el punto de partida del movimiento pacifista de la Soka Gakkai.

Imagen ampliada y recortada de Ikeda y Toda al frente de un grupo de hombres mirando hacia la cámara.
Daisaku Ikeda y Josei Toda, 1958 [© Seikyo Shimbun]

Daisaku Ikeda (1928- ) conoció a Josei Toda a los 19 años, en la temprana posguerra, cuando era un joven buscando el sentido de la vida en medio de un país en ruinas. Impresionado por la personalidad de Toda, decidió ser su discípulo e iniciar la práctica del budismo bajo su tutela. En su labor como líder juvenil del movimiento, Ikeda encabezó numerosas campañas exitosas que incrementaron notablemente la membresía y permitieron a Toda alcanzar su meta de 750 000 familias.

En 1960, Ikeda sucedió a Toda como tercer presidente y, además de consolidar y expandir el movimiento en el Japón, trabajó para expandirlo más allá de sus fronteras, proceso que se cimentaría en 1975 con la fundación de la Soka Gakkai Internacional. Simultáneamente, hizo realidad diversos proyectos visionarios de Makiguchi y Toda, como el establecimiento del sistema de escuelas Soka y la Universidad Soka.

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Daisaku Ikeda escribiendo en su escritorio [© Seikyo Shimbun]

Asimismo, Ikeda amplió el alcance de la asociación internacional, desarrollándola como un movimiento de activismo ciudadano por la paz, la cultura y la educación. Defensor a ultranza del diálogo como base de la paz, comenzó a celebrar intercambios con líderes y figuras culturales del mundo, muchos de los cuales se publicaron en forma de libro. Además, fundó instituciones dedicadas a las investigaciones sobre la paz, la promoción del diálogo y el intercambio cultural.

En el legado humanístico de Ikeda, una aportación central es su prolífica obra escrita, orientada a empoderar a las personas de esta época para que comprendan y apliquen en su vida las enseñanzas del Sutra del loto y de Nichiren. En ella se destacan los doce volúmenes de La revolución humana y los treinta volúmenes de La nueva revolución humana, que narran el desarrollo histórico de la Soka Gakkai a través de las historias de lucha de sus miembros.

Enlace a la sección más detallada sobre los tres presidentes

[noviembre 2020]