• Pequeño
  • Mediano
  • Grande

Nam-myoho-renge-kyo

“”
[© Philippe LEJEANVRE/Getty Images]

Los problemas y las dificultades son parte inevitable de la vida. La esencia del budismo yace en la convicción de que todos poseemos en nosotros mismos la capacidad de superar esas aflicciones. Ese poder innato, que reside en las profundidades de nuestro ser, es la función de la Ley o principio fundamental que subyace a todas las manifestaciones de la vida y del universo.

Shakyamuni, fundador del budismo, despertó a esta ley por primera vez hace unos 2500 años cuando descubrió que la capacidad de transformar el sufrimiento existía de forma innata en su vida y, también, en la de todos los demás.

Dicha ley fue percibida por Nichiren, sacerdote budista del siglo XIII, quien la llamó “Nam-myoho-renge-kyo”. Nichiren desarrolló un método concreto de práctica basado en el Sutra del loto, que permite a todas las personas manifestar en su vida el poder de dicha ley.

La práctica de entonar Nam-myoho-renge-kyo también puede describirse como un juramento, en la medida en que expresa nuestra determinación de aceptar y manifestar nuestra naturaleza de Buda. Es el compromiso frente a uno mismo de no retroceder jamás ante las dificultades y de transformar las propias aflicciones. Y, a la vez, es la promesa de ayudar a los semejantes a activar esa ley en su propia vida para ser felices.

Myoho-renge-kyo es el título del Sutra del loto en japonés.

Nam proviene del término sánscrito namas, que significa “consagrarse” o “dedicarse”. En este caso, denota la creencia y la aceptación de la ley.

Myo puede traducirse como “místico” o “prodigioso”, y ho significa “ley”. Esa ley se define como “mística” porque nos resulta difícil abarcar con la mente la realidad de que las personas comunes, sujetas a la ilusión y a los sufrimientos, somos budas de manera inherente y, como tales, podemos superar cualquier dificultad o padecimiento mientras ayudamos a otros a hacer lo mismo.

Renge significa “flor de loto”. Esta flor, pura y fragante, no se deja contaminar por la impureza del agua estancada donde crece. Del mismo modo, la belleza y la dignidad de nuestra condición humana se manifiestan en el contexto de los sufrimientos de nuestra realidad cotidiana.

Además, a diferencia de otras plantas, el loto da flor y fruto al mismo tiempo; esto simboliza el principio budista de la simultaneidad de causa y efecto. Dicho de otro modo, en cualquier momento podemos activar el poder de la Ley Mística en nuestra propia vida.

Kyo, literalmente, quiere decir “sutra”. Aquí indica lo místico, la ley fundamental que impregna la vida y el universo como verdad invariable.

Entonar Nam-myoho-renge-kyo es un acto de fe en la Ley Mística y en la magnitud de las posibilidades latentes en nuestra vida. Nam-myoho-renge-kyo no es una frase que conjura algún poder sobrenatural; tampoco es una entidad que nos trasciende y de la cual dependemos. Es el principio según el cual, aquellos que viven con seriedad y hacen esfuerzos perseverantes pueden superar todos los obstáculos y construir una vida plena y feliz.

La práctica del budismo