El momento de crecer: Hacer posible lo inimaginable

Julien Darty, Francia
Un hombre en uniforme de cocinero en un patio
[Fotografía cortesía de Julien Darty]

Julien Darty soñaba con ser un gran cocinero. Gracias a la fortaleza extraída a través de su práctica budista perseveró durante más de una década, enfrentando dificultades como el racismo y los problemas económicos hasta convertir su sueño en realidad.

El sueño de ser un gran cocinero y de tener mi propio restaurante fue lo que me llevó a practicar el budismo en 2010. Era un deseo muy ambicioso ya que, por cierto, no tenía dinero en absoluto para abrirlo. Mi madre siempre me alentaba a hacer frente a este enorme desafío entonando Nam-myoho-renge-kyo.

En enero de 2011, me marché de la isla de La Reunión, donde vivía, para instalarme en un pueblo precioso de Normandía, Francia. Allí me puse en contacto con una familia que también practicaba el budismo Nichiren y, juntos, orábamos y estudiábamos el budismo cada semana.
 
Aunque el lugar era sumamente agradable, el racismo estaba bastante arraigado. A los dos meses de llegar, fui víctima de un desconcertante acto xenófobo. Iba caminando por la calle cuando un hombre se detuvo a mi lado, me insultó y se alejó corriendo. Después de este episodio, me sentí muy mal y no podía dejar de pensar en lo sucedido.

Construir lazos de amistad y de confianza

Quería generar lazos de confianza en mi entorno para no tener que volver a sufrir racismo nunca más.

Mientras mantenía mi práctica budista, tuve muchas dudas a raíz de esta experiencia que me producían gran inquietud. Me preguntaba: «¿Por qué?», «¿cómo es posible que juzguen a alguien por el color de su piel?». Decidí seguir el ejemplo del Bodisatva Jamás Despreciar del Sutra del loto, que nunca dejó de creer en el lado bueno de las personas, pase lo que pase.

Junto a mi hermana emprendí un negocio de comida para llevar, y conseguí ahorrar algo de dinero para mi futuro restaurante. Quería generar lazos de confianza en mi entorno para no tener que volver a sufrir racismo nunca más. A tal fin, tuve algunos encuentros amistosos con el alcalde y los habitantes del municipio. Siempre me mostré amable y procuré dedicar sonrisas y palabras cordiales a todas las personas con las que me cruzaba.
 
Sin embargo, en julio de 2011, seis meses después del primer incidente, fui nuevamente víctima de un ataque racista mientras vendía comida para llevar. Pero esta vez fue diferente. Todas las personas con quienes había entablado diálogo y construido una relación de amistad vinieron a defenderme. Lo cual me demostró que algo había cambiado en el pueblo. Las cosas realmente comenzaron a mejorar: mi comercio empezó a crecer y no dejaba de recibir encargos.

La perseverancia y la firmeza de propósito

Pero, a pesar de que las ventas aumentaban, los beneficios seguían siendo muy escasos. Mi situación financiera empeoraba cada día y yo no podía entender cuál era el problema, por qué mi economía era tan mala. Decidí entonces perseverar con una determinación firme para transformar mi karma y tener una prueba real de la validez de mi práctica budista.

Entonando Nam-myoho-renge-kyo logré recuperar la esperanza y volví a tomar la determinación de no ser vencido.

A finales de enero de 2015, me sentía abrumado por mis problemas económicos. Deseaba profundamente transformar mi karma financiero; pero, en cambio, fui estafado y perdí una gran suma de dinero. Pese a todos mis esfuerzos, me sentía muy frágil. En realidad, la vida me había brindado la oportunidad de desarrollarme aún más, pero no fue de la manera en que yo lo esperaba. La realidad puede ser muy dura; si no estamos preparados, hasta puede ser cruel. Me sentía como un retoño que acaba de experimentar su primera tormenta. En esos momentos de angustia, incluso me planteé terminar con mi vida, pero entonando Nam-myoho-renge-kyo logré recuperar la esperanza y volví a tomar la determinación de no ser vencido.

Por ese entonces recorría largas distancias para alentar a otros miembros de la Soka Gakkai, mientras trabajaba más de ochenta horas a la semana, lo cual me demandaba un gran esfuerzo. Sin embargo, supe aprovechar todas las dificultades para construir una sólida base para mi vida y desarrollar un estado vital de gran alegría. A pesar de todas mis deudas, mi prioridad seguía siendo la misma: emprender mi propio negocio. Recordaba una y otra vez las palabras de Nichiren: «Considere el sufrimiento y la alegría como hechos de la vida, y siga entonando Nam-myoho-renge-kyo, pase lo que pase».

Un giro inesperado

En julio de 2017, a pesar de los numerosos reveses y un sinfín de penurias económicas, esta vez, mi actitud fue completamente diferente. Consideré mis dificultades financieras como una oportunidad de crecimiento personal, pero dudaba si debía ampliar mi negocio de comida para llevar o cerrarlo y trabajar en otro lugar que me permitiera ahorrar. En noviembre de ese año, al renovar mi determinación, la decisión se volvió evidente: tenía que cerrar mi empresa y esperar hasta reunir suficiente dinero a fin de abrir después un restaurante.

Inesperadamente, las cosas empezaron a mejorar: como estaba viviendo por debajo del umbral de la pobreza, recibí una ayuda económica del Estado y, así, pude pagar los alquileres que debía, además de saldar más de la mitad de mis deudas.

Un plato con una formidable presentación.
Un plato preparado por Julien [Fotografía cortesía de Julien Darty]

Mi hermana y yo informamos al alcalde de que íbamos a cerrar nuestro puesto de comida para llevar y que regresaríamos en cinco años para abrir un restaurante. Esta conversación resultó crucial, ya que él nos recomendó contactar con el alcalde del pueblo vecino, quien nos propuso lo inimaginable. Nos ofrecía la gestión de un restaurante, un proyecto nuevo en el que todo lo decidiríamos nosotros: los planos, la construcción, el suelo, la pintura… El ayuntamiento cubriría todos los gastos y los primeros seis meses del alquiler, que luego pasaría a ser una renta baja. ¡Era increíble! De repente, mi sueño tomaba forma ante mis ojos. Había convertido el veneno en remedio.

Mantenerse firme y erguido

Abrí mi restaurante en febrero de 2020, y en la actualidad estoy aprendiendo a disfrutar de mi buena fortuna. A pesar de la pandemia del COVID-19, el negocio ha sido todo un éxito. Durante el confinamiento, vendimos comida para llevar, y después, cuando pudimos abrir el local, las reservas se agotaban a diario.

El retoño que fui, se ha tornado hoy en árbol con un tronco más fuerte y raíces más profundas, listo para afrontar la próxima tormenta

En septiembre de 2020, el ayuntamiento organizó un gran acto de inauguración de nuestro restaurante. Ese día, tuve el honor de recibir en el local al ministro francés para terrritorios de ultramar, al exministro de Defensa y al presidente de la región de Normandía. En enero de 2021, fui galardonado con el premio «Toques Françaises» y mi restaurante fue mencionado en una docena de artículos periodísticos… Yo mismo, incluso, aparecí en las noticias.
 
Ante todo, esta experiencia me ha convertido en la persona que soy hoy. El retoño que fui, se ha tornado hoy en árbol con un tronco más fuerte y raíces más profundas, listo para afrontar la próxima tormenta. 

Adaptado de la edición de septiembre de 2021 de Valeurs Humaines, una publicación del Mouvement Bouddhiste Soka.