Parte 3: El kosen-rufu y la paz mundial
Capítulo 28: Los tres presidentes fundadores y el camino de maestro y discípulo [28.7]


28.7 Las contiendas inmortales de los presidentes Makiguchi y Toda

El noble espíritu de la Soka Gakkai remonta sus orígenes a la muerte del presidente Makiguchi en la cárcel en defensa de sus convicciones, y a la determinación de su sucesor, Josei Toda, de reivindicar a su maestro, con la cual se lanzó a una lucha titánica por lograr el kosen-rufu una vez que salió de prisión.

La lucha heroica que libraron los presidentes Makiguchi y Toda, en su firme resistencia contra el militarismo japonés, incluso recluido entre rejas, los reveló como individuos de temple monumental.

Durante los interrogatorios a cargo de los fiscales, el señor Makiguchi mantuvo la dignidad y la compostura, y respondió como si estuviera enseñándoles el budismo Nichiren. Les dijo lo que, en esa época, nadie se atrevía a enunciar. Habló con convicción y sin rodeos, explicando su posición con argumentos racionales y principios morales. En las pausas entre cada interrogatorio brutal, aprovechaba el tiempo para transmitirles el budismo a los carceleros y explicarles a los captores su teoría sobre el valor; pasaba los días citando y leyendo los escritos del Daishonin.

Su vida se nos presenta como un modelo de integridad irreprochable y de fe incondicional. Haber tenido un fundador de este calibre es, para la Soka Gakkai, el máximo honor y un inmenso orgullo. Estoy firmemente convencido de que la postura del señor Makiguchi de no transigir jamás ante ningún poder o autoridad, y de vivir para propagar la Ley Mística, hoy pervive como una firme tradición de nuestro movimiento.

*

Durante su reclusión carcelaria, el maestro Makiguchi mantuvo un estado de vida sereno y compuesto. En una carta a su familia (fechada el 17 de enero de 1944), describió así sus pensamientos: «Mi tarea, en estos momentos, es concentrarme absolutamente en mi fe. Mientras lo haga, no tendré ningún motivo de preocupación. Según sea el estado de vida de uno, es posible estar completamente a salvo incluso en el infierno».1

[Los censores de la penitenciaría tacharon la palabra «infierno».]

En la penitenciaría, lo mantuvieron aislado en una celda de menos de cinco metros cuadrados. Sobre del suelo de madera había un par de consistentes tatamis. De más está decir que no había calefacción. En los meses de invierno, el frío extremo tuvo que haberle calado hasta los huesos. Y sin embargo, pese a su edad avanzada, y a pesar de todas estas circunstancias, él escribía que no tenía ningún motivo de preocupación.

De hecho, fue un héroe, un campeón de fe invencible e imperturbable.

En la última misiva que envió a su familia (fechada el 13 de octubre de 1944), escribió:

Estoy leyendo con fervor la filosofía de Kant. Cuando ahora pienso cómo pude elaborar mi teoría del valor —una teoría que los académicos habían buscado en vano en los cien años pasados— y, además, conectarla con la fe en el Sutra del loto y permitir a varios miles de personas lograr pruebas reales, me sorprendo de mí mismo. En tal caso, es natural que los tres obstáculos y los cuatro demonios2 me hayan atacado; es tal como dice el sutra.3

Hoy, el kosen-rufu está avanzando con ímpetu, en una escala exponencialmente mayor que en la época del señor Makiguchi. Desde la perspectiva de los escritos del Daishonin y del Sutra del loto, el surgimiento de obstáculos y de funciones demoníacas es una contingencia totalmente lógica y esperable. Es necio quejarnos de las cosas de poca monta que ocurren o dejar que las circunstancias perturben nuestra fe.

Nuestra misión es asegurar que la integridad de fe y la determinación férrea del señor Makiguchi prevalezcan en nuestro movimiento; que su pasión y su sentido inmenso de la justicia se transmitan a las generaciones futuras como eterno espíritu de la Soka Gakkai.

Confinado en ese mismo presidio, el señor Toda se preocupaba cada día por el bienestar de su anciano maestro. Una vez dijo, sobre los años que habían compartido antes de ir a la cárcel: «Apoyaba al señor Makiguchi con tal devoción que cuando transcurrían tres días sin verlo, sentía como si pasara un año entero lejos de él». Trabajó al lado de su mentor y mantuvo una colaboración estrecha con él, desde los 21 hasta los 45 años. No es difícil imaginar, entonces, la aflicción, la congoja y la indignación que habrá sentido cuando supo que su maestro había fallecido.

Tuvo que levantarse de los abismos de un pesar indescriptible, como valiente y único discípulo genuino del presidente Makiguchi.

Tiempo después, diría que, al enterarse de su fallecimiento en prisión, juró: «Esperen y verán. ¡Ya dejaré claro, sin asomo de dudas, si mi maestro vivió rectamente o no! Si tuviera que elegir un seudónimo, me llamaría Montecristo.4 Con este espíritu, haré algo grande que me permita recompensar a mi mentor».5

En la ceremonia recordatoria correspondiente al décimo aniversario de la muerte del señor Makiguchi, oficiada en noviembre de 1954, se refirió así a esa promesa: «Todavía no he hecho lo que debía por mi mentor, pero estoy preparado para dedicar el resto de mi vida a demostrar la rectitud de sus acciones».6

Estas palabras son el apasionado juramento de un discípulo eternamente leal a su maestro. Fiel a su compromiso, el señor Toda trabajó con denuedo para reivindicar al presidente Makiguchi y coronó esta lucha con una victoria brillante. Considero que esta práctica y este espíritu, imbuidos de total sinceridad, son la esencia verdadera de la noble inseparabilidad entre maestro y discípulo. Por eso me he hecho cargo del propósito de toda la vida de mi maestro considerándolo mi propia misión y me he dedicado con alma y vida, sin reservas, a hacer realidad cada una de sus aspiraciones.

*

En esa misma ceremonia, Josei Toda dijo: «Considero la relación que me unió al señor Makiguchi como un vínculo de padre e hijo. Con eso quiero decir que soy heredero de su legado espiritual. […] He sucedido esa herencia espiritual y, al mismo tiempo, he aceptado una enorme misión: dar a conocer en todo el mundo su teoría del valor. Heredar un legado también significa asumir una ingente tarea».7

Y siguió dedicando la vida a cumplir ese juramento.

El señor Toda solía hablar del marco teórico fundamental que requería un movimiento de paz, cultura y educación basado en el budismo Nichiren.

Jamás debemos dejar que nada destruya la Soka Gakkai, el castillo espiritual del kosen-rufu, el noble legado construido y transmitido a nosotros por el señor Makiguchi, quien dio la vida para protegerlo. Debemos redoblar más y más nuestra dedicación a fortalecerlo y consolidarlo.

Del discurso pronunciado en una reunión general de Tokio, celebrada en dicha ciudad el 24 de agosto de 1989.

Sabiduría para ser feliz y crear la paz es una selección de las obras del presidente Ikeda sobre temas clave.

  • *1Makiguchi, Tsunesaburo: Makiguchi Tsunesaburo Zenshu (Obras completas de Tsunesaburo Makiguchi), Tokio: Daisanbunmei-sha, 1987, vol. 10, pág. 284.
  • *2Tres obstáculos y cuatro demonios: Diversos obstáculos e impedimentos que buscan obstruir la práctica del budismo. Los tres obstáculos son: 1) el obstáculo de los deseos mundanos; 2) el obstáculo del karma; 3) el obstáculo de la retribución. Los cuatro demonios son: 1) el impedimento de los cinco componentes; 2) el de los deseos mundanos; 3) el de la muerte; 4) el del Rey Demonio.
  • *3Makiguchi, Tsunesaburo: Op. cit., vol. 10, págs. 300-301.
  • *4Protagonista de El conde de Montecristo, novela de Alejandro Dumas.
  • *5Toda, Josei: Toda Josei Zenshu (Obras completas de Josei Toda), Tokio: Seikyo Shimbunsha, 1984, vol. 4, pág. 230.
  • *6Ib.
  • *7Ib., pág. 229.