Parte 3: El kosen-rufu y la paz mundial
Capítulo 28: Los tres presidentes fundadores y el camino de maestro y discípulo [28.6]

28.6 Izar el estandarte del kosen-rufu

En momentos en que el militarismo arreciaba en el Japón, el clero de la Nichiren Shoshu se involucró en graves actos contra la Ley, cuando, en lugar de defender la enseñanza correcta, hizo a un lado su responsabilidad y transigió con las autoridades. El presidente Ikeda ensalza la postura heroica del fundador Tsunesaburo Makiguchi, quien se levantó para proteger el budismo Nichiren pensando en la felicidad de todo el género humano.

Desde los tiempos del presidente fundador, Tsunesaburo Makiguchi, el propósito de la Soka Gakkai ha sido el kosen-rufu. ¿Cuándo fue la primera vez que el maestro Makiguchi usó en público la palabra kosen-rufu? ¿Cuándo proclamó que la Soka Gakkai era una organización dedicada a este ideal? No lo hizo cuando las cosas marchaban bien, sino cuando esta estaba siendo perseguida.

Un nacionalismo furibundo había empujado al país a la guerra. Las libertades personales desaparecieron, y el gobierno tomó medidas represivas contra la Soka Gakkai que fueron intensificándose cada vez más. La oscuridad se hizo más y más profunda, y el horizonte quedó cubierto por un espeso manto de nubes. En un momento así, el presidente Makiguchi dijo lo que debía, declarando que nuestra meta era el logro real del kosen-rufu. ¡Qué hombre tan extraordinario fue!

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En mayo de 1942, se llevó a cabo la cuarta reunión general de la Soka Gakkai, seis meses antes de que el Japón entrara en la Segunda Guerra Mundial.

Inicialmente, el país obtuvo una serie de victorias militares, que no se mantuvieron mucho tiempo. Pronto la racha triunfal dio paso a una seguidilla de derrotas. Sin embargo, los medios oficiales de comunicación mentían a la ciudadanía. La gente, embriagada por el triunfalismo nacionalista, celebraba la supremacía militar y la misión divina del Japón, sin tener idea de lo que realmente ocurría.

Pero el señor Makiguchi intuía la verdad y percibía que el Japón acabaría derrotado y en ruinas. Era un hombre de fe y de temple sagaz; por eso era capaz de percibir la naturaleza real de las cosas como si las tuviera frente a un espejo. En términos budistas, podría describirse como «Ojos del Buda», u «Ojos de la Ley».

En esa reunión general, dijo: «Debemos guiar el país en dirección al gran bien. Es como aterrizar en las narices del enemigo».1 En otras palabras, decía que dialogar con personas corruptas y de mente obtusa, mostrándoles el camino hacia el bien, era el equivalente a un aterrizaje audaz en costas hostiles.

Habiendo iniciado esa acción intrépida, era inevitable que el señor Makiguchi y la Soka Gakkai como organización fuesen objeto de duras persecuciones. En mayo de ese año, el gobierno prohibió la circulación del boletín institucional, Kachi Sozo (Creación de valor).

El señor Makiguchi declaró: «La fe de los seguidores de viejo cuño de la Nichiren Shoshu, cuya única preocupación es tener una vida virtuosa para sí mismos y buscar su propia dicha sin pensar en los demás, es una existencia egocéntrica».2 Veía que quienes practicaban bajo la égida de la Nichiren Shoshu —no solo los propios sacerdotes, sino también las familias que llevaban generaciones formando parte de grupos laicos del Hokkeko— concebían la fe de manera egoísta y, por tal razón, no practicaban de verdad el budismo Nichiren.

Hacer daimoku al Gohonzon solo en beneficio propio convierte al ser humano en un creyente pasivo, un mendigo suplicante que espera beneficios sin tener que poner las enseñanzas en práctica. Los sacerdotes y los grupos de feligreses tradicionales habían olvidado el espíritu de transmitir el budismo Nichiren a otros. Habían perdido de vista el kosen-rufu por completo.

El señor Makiguchi se negó a transigir con tales personas. Puso en evidencia sus faltas, y ellas le juraron un profundo rencor. Nuestro fundador preveía estas reacciones; pero no le preocupaba que su postura generara resistencias o lo volviera impopular. Sabía que estaba en el camino correcto que le dictaban sus convicciones.

Observó: «Estoy convencido de que podemos contribuir, en parte, al logro del kosen-rufu si trabajamos por la felicidad de nuestras familias y por el bienestar social».3

Esa fue la primera vez que habló del kosen-rufu en público. Allí, declaró que dedicaría su vida a esa causa, sin descansar hasta lograrla.

Concluyó sus palabras en la reunión general diciendo: «Considero que, siendo todos partícipes de esta importante misión que nos une, debemos trabajar con diligencia para cumplirla, no para nosotros o para alcanzar fines privados, sino con la permanente conciencia de que somos personas dedicadas al gran bien, que hemos elegido hacer de esta tarea nuestro cometido».4

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Y el señor Makiguchi luchó infatigablemente por el kosen-rufu y no dejó de propagar la Ley Mística. En medio de la persecución de las autoridades, y siendo ya un hombre de edad avanzada, llevó a cabo más de 240 reuniones de diálogo (entre mayo de 1941 y junio de 1943, a sus 72 años). Asimismo, viajó solo a varias regiones y transmitió personalmente el budismo Nichiren a unas quinientas personas (desde 1930, año en qué fundó la Soka Gakkai, hasta julio de 1943, cuando fue encarcelado).

Lo hizo en un momento en que los sacerdotes de la Nichiren Shoshu habían olvidado completamente el propósito del kosen-rufu. Fue un hombre realmente singular y extraordinario. Cuanto más leo y aprendo sobre su vida, más reafirmo esta conclusión.

La forma de lograr grandes cosas y de escribir nuevas páginas en la historia es ponerse a trabajar en los momentos más difíciles y en los sitios más desfavorables. Grabemos en nuestro corazón, seriamente, este espíritu de la Soka Gakkai.

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El momento para armarnos de coraje es cuando estamos en las peores circunstancias. Cuanto más extrema es la situación, más valentía debemos ejercitar. Este, en esencia, es el espíritu de la Soka Gakkai. El camino hacia el avance se despeja cuando vamos personalmente a los lugares más difíciles.

Pero ¿qué estaban haciendo los sacerdotes mientras el señor Makiguchi promovía el kosen-rufu? Lo mismo que siguen haciendo hoy: debilitar el kosen-rufu.

Durante la guerra, el clero prohibió la publicación de los escritos de Nichiren Daishonin y borró catorce pasajes claves del Gosho; entre ellos, el que dice: «Yo, Nichiren, soy el venerable más prominente de todo Jambudvipa [el mundo entero]».5 ¿Quién podría permitir semejante atropello? Los miembros de la Soka Gakkai lo condenamos, como sin duda haría el Daishonin. Sin embargo, la Nichiren Shoshu todavía no se ha retractado de este proceder, ni con el Daishonin ni con sus creyentes.

El clero llegó incluso a entronizar en el templo principal Taiseki-ji el talismán sintoísta y a presionar al señor Makiguchi para que hiciera lo mismo. ¡Qué flagrante acción contra la Ley! Pero cuando el señor Makiguchi se opuso, el clero se alió en secreto con los perseguidores de la Soka Gakkai.

Lo que hicieron los sacerdotes fue apuñalar por la espalda a la Soka Gakkai y a sus miembros. El señor Toda solía decir que esa era la naturaleza temible de los sacerdotes egoístas. Mientras les convino, explotaron y exprimieron a la Soka Gakkai; y después, cortaron relaciones con la organización. Así de perversos fueron. El señor Makiguchi siempre tuvo clara la tendencia explotadora del clero, que no ha cambiado desde entonces. Jamás, por ningún motivo, debemos fiarnos de esa naturaleza.

Pero ¿cómo respondieron los demás discípulos del señor Makiguchi? Al ver la firmeza de principios con que estaba actuando su mentor, no solo se asombraron, sino que se echaron para atrás. No eran leones; eran ratones o gatos.

Mientras el señor Makiguchi exhortaba a lograr el kosen-rufu y confrontaba a las autoridades nacionales, sus discípulos se encogían de miedo, diciendo: «Este no es momento…», «Es una actitud peligrosa…», «La policía militar nos detendrá a todos». Esos líderes, que se la pasaban declamando su colaboración con el señor Makiguchi, resultaron ser especialmente cobardes; a fin de cuentas, se desvanecieron empequeñeciéndose como babosas rociadas con sal. Una persona no se vuelve respetable por el solo hecho de asumir un cargo de responsabilidad. A veces, los miembros que trabajan en la primera línea de nuestro movimiento son mucho más dignos de confianza.

Solo el señor Toda se mantuvo imperturbable, orgulloso de ser discípulo de su mentor, y decidido a apoyarlo pase lo que pase. Así, nos ofreció un ejemplo verdaderamente solemne del espíritu de maestro y discípulo.

Tiempo después, agradecería a su mentor con estas palabras: «Usted, con su vasto e inmenso amor compasivo, me permitió que lo acompañara incluso a la cárcel».6 Lejos de quejarse por haber estado preso, lo que sentía era gratitud. Para él, era un honor compartir las persecuciones que sufría su mentor. Ese es el verdadero espíritu de mentor y discípulo. Al recuperar la libertad, el señor Toda se puso de pie sin depender de nadie y volvió a izar el estandarte del kosen-rufu que su maestro había enarbolado. Porque mantuvo el espíritu inseparable con su mentor, pudo sobreponerse al dolor de la pérdida de su maestro y crear una marea impresionante en bien del kosen-rufu.

Los miembros de la Soka Gakkai jamás debemos olvidar este camino de inseparabilidad entre maestro y discípulo.

Del discurso pronunciado en una reunión de la sede central para responsables de la Soka Gakkai, celebrada en Tokio el 9 de julio de 1997.

Sabiduría para ser feliz y crear la paz es una selección de las obras del presidente Ikeda sobre temas clave.

  • *1Makiguchi, Tsunesaburo: Makiguchi Tsunesaburo Zenshu (Obras completas de Tsunesaburo Makiguchi), Tokio: Daisanbunmei-sha, 1987, vol. 10, pág. 147.
  • *2Ib., pág. 146.
  • *3Ib., pág. 148.
  • *4Ib.
  • *5Un venerable percibe las tres existencias de la vida, en Los escritos de Nichiren Daishonin pág. 673.
  • *6Toda, Josei: Toda Josei Zenshu (Obras completas de Josei Toda), Tokio: Seikyo Shimbunsha, 1983, vol. 3, pág. 386.