Volumen 30:
Capítulo 2, En espera del momento 41–50

En espera del momento 41

En esta ocasión, los coros de las cuatro divisiones —División de Señores, División Femenina, División Juvenil Masculina y División Juvenil Femenina— se unieron para entonar los versos del poema. Era un canto triunfal que surgía de la colaboración de personas de todas las edades y de los más diversos trasfondos.

En el poema «El pueblo», Shin’ichi escribió:

Que la ciencia y la filosofía,
el arte y la religión,
y todas las iniciativas
se orienten al pueblo…

Sin ti la ciencia es desdeñosay la filosofía, estéril;
el arte es vacío,
y la religión, despiadada.

Mira desde las alturas a los que te desprecian…1
Al escuchar la interpretación musical, Shin’ichi reflexionó sobre la misión que tiene la Soka Gakkai.

Se dijo: «¡El propósito de la Soka Gakkai es liberar al pueblo del yugo de toda forma de opresión y cortar las cadenas de su karma negativo! ¡Esta es la esencia del humanismo que abrazamos! ¡Yo lucharé! ¡Continuaré esforzándome resueltamente por nuestros semejantes y por el kosen-rufu! ¡Pase lo que pase, estaré siempre del lado de la gente común y haré que se inicie una era cuyo protagonista sea el pueblo!».

El encuentro estaba llegando a su fin. Como último número, todos los participantes se dirigieron al escenario desfilando por los pasillos que estaban entre los asientos del público y allí entonaron la canción «Ángeles de la paz» que comienza: «Ángeles de la paz, compañeras de la Banda de Pífanos y Percusión».

Las jóvenes cantaban con todo su ser y por sus mejillas rodaban lágrimas de júbilo, la cristalización de sus sentimientos juveniles más puros.

A Shin’ichi le habían solicitado previamente que dijera unas palabras. Y él quería transmitir su infinito agradecimiento por los esfuerzos y la dedicada labor de todos y brindarles aliento.

Cuando se puso de pie con el micrófono en mano, las voces de alegría y los aplausos llenaron la sala.

«La presentación fue realmente hermosa e impresionante. Ha sido una maravillosa reunión. ¡Estoy sumamente conmovido!», manifestó Shin’ichi.

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Los miembros escuchaban la voz enérgica de Shin’ichi después de mucho tiempo. Todos prestaron atención a sus palabras.

«Imagino la intensa labor y la dedicación inquebrantable que hay detrás de cada una de sus hermosas interpretaciones, la determinación y la perseverancia con que realizaron los ensayos y perfeccionaron sus técnicas musicales. En la vida también, detrás de los brillantes logros hay siempre arduos esfuerzos.

»Tal como declara el lema, la reunión general de hoy ha sido, en efecto, el comienzo de una marcha pletórica de esperanza en dirección al 2001. Yo también emprenderé una marcha rebosante de esperanza aspirando la misma meta. ¡Avancemos juntos!

»La mayoría de ustedes pertenece a la segunda o a la tercera generación de miembros de la Soka Gakkai. Ustedes, mis jóvenes amigas, tendrán que abrirse camino en medio de las grandes tormentas de la vida, haciendo frente la realidad severa. No cabe duda de que se verán ante toda clase de problemas y desafíos, ya sea en el estudio, en el trabajo, en las relaciones interpersonales o en la salud. Sin embargo, tengan presente que solo enfrentando esas adversidades y prevaleciendo sobre ellas, podrán conseguir un avance de esperanza hacia el 2001.

»Recuerden siempre este día y jamás olviden la determinación y la perseverancia que mostraron en esta ocasión. Mi deseo es que todas fortalezcan su fe y conquisten la cima del siglo XXI donde resplandece la dicha.

»Muchas gracias por las maravillosas presentaciones. Sepan que estoy orando de todo corazón para que gocen de felicidad y concreten la victoria en sus vidas».

Resonaron nuevos aplausos en la sala.

Shin’ichi se sentía contento de ver que esta generación de jóvenes sucesores estaba desarrollándose enérgicamente, dirigiendo su mirada al vasto cielo del siglo XXI. Se sintió invadido de una indescriptible esperanza.

La reunión general de la Banda de Pífanos y Percusión fue el último evento de ese trascendental año 1979 y, al mismo tiempo, la fanfarria que anuncia el despegue hacia una nueva centuria.

Ese año dramático, enmarcado en agitación y disturbios que finalmente desembocaron en una partida renovada, estaba llegando a su fin. En la víspera de Año Nuevo, Shin’ichi se encontraba en el Centro de Conferencias de Shizuoka. Pensaba en el presidente fundador Tsunesaburo Makiguchi, quien había sido arrestado en esa prefectura. Sentía que su lucha estaba por empezar. La oscuridad aun era profunda.

Vinieron a su mente las palabras del escritor chino Lu Xun (1881-1936): «La luz llegará sin falta, de la misma manera en que nadie puede impedir que amanezca»2.

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Se inició 1980, el año del quincuagésimo aniversario de la Soka Gakkai.

En la tercera página del Seikyo Shimbun del 1.o de enero, había una fotografía de Shin’ichi Yamamoto y dos poemas que él había compuesto para celebrar el Año Nuevo:

Mi corazón se abre
libre y sin límites
al comienzo de un nuevo año
en la eterna travesía de la vida;
oro con renovada decisión,
y sigo mi marcha.

*

Una vez más,
crucemos juntos
valles y montañas,
enarbolando con orgullo
el estandarte del kosen-rufu.

Muchos miembros de la Soka Gakkai que vieron el retrato y los poemas enviaron cartas a Shin’ichi, así como también a la sede central y al Seikyo Shimbun, para manifestar su regocijo.

Un integrante de la región de Kyushu escribió a Shin’ichi: «No esperaba encontrar su imagen en la edición de Año Nuevo del Seikyo Shimbun, pero al verlo tan bien en la fotografía y leer sus poemas me sentí lleno de vitalidad y valentía.

»Aunque en la zona donde vivo aún hay sacerdotes de la Nichiren Shoshu que hablan mal de la organización, estoy seguro de que saldrá a la luz quién está equivocado y quién está en lo correcto. Este año también me esforzaré para impulsar el kosen-rufu, con el orgullo de pertenecer a la Soka Gakkai».

Una miembro de Kansai expresó en su misiva: «Sentí su sólida determinación en los versos que dicen “Una vez más, /crucemos juntos /valles y montañas”. Sus palabras me dieron fuerzas. Yo también, con renovado espíritu y compromiso daré lo mejor de mí, sin dejarme abatir por nada. Nosotros los camaradas de Kansai Siempre Victoriosa, saldremos triunfantes, suceda lo que suceda, como dignos discípulos de usted».

¡Cuán admirables son estos nobles leones de la Soka! Ellos se mantuvieron firmes en la fe, resistiendo los constantes ataques de malintencionados sacerdotes y algunos medios de comunicación. Shin’ichi creyó ver en esas líneas la fortaleza de una convicción inamovible como una montaña.

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La nueva década empezó en un momento de grandes inquietudes en distintas partes del mundo.

En abril de 1979, luego de la caída de la dinastía Pahlavi a inicios de ese año, se había establecido la República Islámica de Irán con el ayatolá Ruhollah Jomeini como su líder supremo.

Y, en el mes de diciembre, la Unión Soviética había invadido Afganistán donde la guerra civil continuaba. Se temía que el conflicto, que se estaba prolongando y tornándose cada vez más complejo, pudiera exacerbar las tensiones entre la Unión Soviética y los Estados Unidos.

Por otra parte, el deterioro de la situación en el Oriente Medio dio lugar a una crisis petrolera que podría causar estragos en la economía global. Era sumamente difícil imaginar lo que ocurriría en adelante, y el nuevo año (1980) comenzaba sumido en la incertidumbre.

El 1.o de enero por la mañana, Shin’ichi ofreció una profunda oración en el Centro de Conferencias de Shizuoka y se prometió a sí mismo que se esforzaría mucho más para abrir el camino de la paz y promover el avance del kosen-rufu mundial.

Poco antes del mediodía del 14 de enero, Shin’ichi y Mineko estaban mirando el puerto desde un cuarto del Centro Cultural de Kanagawa.

Blancas nubes flotaban en el cielo y las aguas del mar reflejaban luces sobre un fondo azul intenso. Con los binoculares, Shin’ichi vio que se acercaba un barco blanco. La embarcación llevaba la imagen de un sol pintado de anaranjado en la parte lateral y en la cubierta se veían pasajeros. Se trataba del transbordador Sunflower 7. Este giró lentamente dejando una estela y se dirigió al muelle Osanbashi, en Yokohama.

Ese día, unos ochocientos miembros de Shikoku [la más pequeña de las cuatro islas principales del Japón] visitarían el Centro Cultural de Kanagawa para encontrarse con Shin’ichi, después de haber viajado toda una jornada en el ferri alquilado.

El día anterior había hecho mal tiempo y había nevado en Tokio y Yokohama. Un sistema de baja presión estaba cubriendo la costa este de Japón y se preveía que el mar estaría agitado. Se había discutido si se debía cancelar o no la travesía programada, pero los miembros de Shikoku estaban decididos a realizar la visita y se hicieron a la mar en medio de las olas embravecidas.

La noche de la partida, Shin’ichi entonó daimoku fervorosamente para que todos llegasen sin contratiempos. Deseaba que ese viaje fuese para cada uno de sus compañeros una memorable página en la historia de su lucha por el kosen-rufu.

El hecho de experimentar en carne propia la gran saga del kosen-rufu da riqueza a la vida.

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A medida que iban pasando los meses, después de la renuncia de Shin’ichi, las expectativas de que él visitase Shikoku fueron creciendo entre los miembros. Desde luego, este no era solamente el anhelo de los camaradas de Shikoku. Muchas de las cartas que Shin’ichi recibía de todo el país, contenían el mismo deseo.

Este tema fue conversado también por los líderes de la prefectura.

Con un tono que traslucía una sincera preocupación, una responsable de la División Femenina preguntó: «¿No podríamos pedirle a Sensei que venga a Shikoku? Pienso que para impulsar el movimiento del kosen-rufu en esta región es preciso renovar nuestro compromiso de luchar junto a nuestro mentor y emprender con él una nueva partida imbuidos de la alegría de la fe».

Un hombre mayor a cargo de la División de Señores respondió: «Pero Sensei no puede dar orientaciones en las grandes reuniones ni le está permitido figurar en las publicaciones de la Soka Gakkai. Me temo que tendremos que esperar».

«¿Cuánto tiempo? ¿cinco años? ¿diez?».

«No sabría decirle…».

Afligido por este intercambio, el responsable de la región de Shikoku, Seitaro Kumegawa, pensó: «Debe de haber alguna forma de hacer realidad el deseo de todos. Algo tenemos que hacer… Desde que Sensei dejó la presidencia, una sensación de vacío se ha expandido dentro de los miembros, y siento que se está perdiendo gradualmente el júbilo de la práctica budista. Sé que este es el momento de ponernos de pie como genuinos discípulos. Pero, necesitamos algo…, algo que pueda avivar nuestra pasión. Por supuesto, lo ideal sería crear una oportunidad para que nuestros compañeros se encuentren con Sensei. Pero ¿cómo hacer?».

Entonces, una idea vino a su mente.

Dijo con tono decisivo: «Si Sensei tiene limitaciones para hacer actividades, ¡vayamos nosotros a su encuentro!».

Al oír estas palabras, el líder de la División de Jóvenes de Shikoku, Okimitsu Owada, manifestó con entusiasmo: «¡Sí, hagámoslo! No debería haber ningún obstáculo que nos separe de Sensei. Si esa barrera existe es porque la hemos creado nosotros, sus discípulos».

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El 16 de diciembre de 1979, cuando se encontraba en el Centro Cultural de Kanagawa para participar en la reunión del comité ejecutivo central de la Soka Gakkai, Seitaro Kumegawa, junto con otros líderes regionales, había tenido la oportunidad de entablar un diálogo informal con Shin’ichi.

«Sensei, —dijo Kumegawa— quisiera solicitarle algo. Estamos pensando visitar el Centro Cultural de Kanagawa mientras usted se encuentre aquí. Será un grupo de aproximadamente ochocientos miembros y, si es posible, deseamos alquilar un ferri que nos traiga hasta el puerto de Yokohama. Si se realiza el viaje, ¿podría encontrarse con ellos?».

Shin’ichi respondió con una sonrisa: «¿Dices que los compañeros harán todo un recorrido desde Shikoku para reunirse conmigo? De acuerdo. Por supuesto que me encontraré con ellos. Me llena de regocijo saber del espíritu que los anima. Los estaré esperando».

Kumegawa casi salta de alegría al escuchar la respuesta de Shin’ichi.

Mas tarde, se estableció la fecha de la visita. Partirían en ferri el 13 de enero desde Takamatsu [la capital de la prefectura de Kagawa, en Shikoku] y llegarían al Centro Cultural de Kanagawa cerca del mediodía del 14. En la programación se incluía una reunión de intercambio con los miembros locales y encuentros en pequeños grupos, y esa misma noche emprenderían el viaje de regreso.

Los líderes de Shikoku no tenían ni un mes para realizar los preparativos y, entretanto, estaban las fiestas de fin de año. Ellos se pusieron en acción inmediatamente. Alquilaron el ferri y organizaron a los participantes, y en un abrir y cerrar de ojos había llegado la fecha de la partida.

A la una de la tarde del 13 de enero de 1980, bajo un cielo nublado, el transbordador Sunflower 7 zarpó del puerto de Takamatsu. Poco después de salir al mar, se llevó a cabo una reunión de responsables a bordo.

Uno de los líderes se puso de pie y manifestó: «Durante la vida de Nichiren Daishonin, Shijo Kingo viajó desde Kamakura hasta la isla de Sado para encontrarse con el Daishonin que estaba exiliado en ese lugar. Y Abutsu-bo, que vivía en Sado, a pesar de su avanzada edad visitaba casi cada año al Daishonin en el monte Minobu.
»Siguiendo sus ejemplos, ¡vayamos a Kanagawa imbuidos del espíritu de búsqueda y afiancemos nuestra decisión de escribir una nueva página en los anales del kosen-rufu

Los miembros respondieron con gran entusiasmo.

La alegría acompaña siempre a las personas impelidas por el espíritu de búsqueda.

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Seitaro Kumegawa, líder de la región de Shikoku, manifestó en la reunión de responsables a bordo: «En este momento, la Soka Gakkai está atravesando circunstancias adversas, y Sensei no puede recorrer el país como quisiera para ofrecer orientaciones. ¡Pero ninguna fuerza podrá romper los lazos que nos unen con él!

»Si Sensei se ve limitado para hacer actividades, seamos entonces nosotros, sus discípulos, quienes vayamos a su encuentro. Cuando arde en nuestro interior un apasionado espíritu de búsqueda no hay obstáculo que pueda detenernos. ¡Tomemos iniciativas desde Shikoku para celebrar con Sensei el inicio del quincuagésimo aniversario de la Soka Gakkai!».

Los participantes aplaudieron con entusiasmo expresando su acuerdo. Todos se mostraban animados y llenos de brío.

Al igual que en diferentes lugares de Japón, los compañeros de localidades de Shikoku —como la ciudad de Ozu, en Ehime, y la ciudad de Kochi, en la prefectura homónima— habían sufrido amargamente, soportando duros tratos y agresiones verbales por parte de sacerdotes malintencionados. Además, se estaban llevando a cabo ardides dirigidos a cortar el vínculo de mentor y discípulo, una relación vital en la fe de los miembros de la Soka Gakkai. Los camaradas de Shikoku se negaron a seguir aceptando esta situación. Ese era el pensamiento y la determinación que los impulsaba.

Todo lo que acontecía dentro del Sunflower 7 durante su recorrido era detalladamente informado a Shin’ichi Yamamoto.

Él envió un recado en el que manifestaba sus deseos de que pudiesen disfrutar de un viaje distendido y agradable. Y cuando se enteró de que una de las salas estaba equipada con un proyector cinematográfico, les propuso que viesen una película.

El traslado fue placentero. Sin embargo, a media noche el sistema atmosférico de baja presión ocasionó una fuerte marejada.

El barco se balanceaba golpeado por las olas, pero nadie tuvo malestares a causa de ello. Estaban los integrantes de la División de Médicos a bordo para dar asistencia en caso de necesidad y se había tomado la precaución de ofrecer medicamentos para los mareos a quienes lo requerían.
Para lograr el éxito y evitar accidentes, es indispensable prepararse cuidando todos los detalles. Por eso Nichiren Daishonin recalca la importancia de la «prudencia habitual»3.

El navío surcaba las agitadas olas, y los miembros se fueron a dormir imaginando el encuentro que tendrían con Shin’ichi al día siguiente.

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Llegó la mañana del 14 de enero. El mar estaba calmo, y el sol ascendía lentamente proyectando su luz sobre el océano.

Desde la cubierta del Sunflower 7, comenzó a avistarse el monte Fuji coronado de nieve. Su imponente figura impactó a los miembros que habían vencido las tormentas adversas, soportando las calumnias y los actos infames de los sacerdotes de la Nichiren Shoshu.

Desde el salón del barco, se escuchaban conocidas melodías como la «Canción de los amigos». Las integrantes de la División Juvenil Femenina estaban ensayando para poder presentarlas frente a Shin’ichi y a los compañeros de Kanagawa.

La embarcación ingresó al puerto de Yokohama antes del mediodía. Los miembros habían colocado en la parte izquierda del navío carteles, cada uno con una letra, que formaban la frase «¡Hola, Sensei!». Pero el transbordador se arrimaría por el lado derecho.

«¡Tenemos que mover los carteles al otro lado!», gritó alguien.

Los jóvenes de la División Juvenil Masculina se dispusieron a trasladar rápidamente las letras, pero lo hicieron con tanta premura que las pusieron en el mismo orden en que estaban, y la frase quedó al revés. Fue un gracioso episodio del viaje.

Cuando el barco llegó al puerto, Shin’ichi dijo: «¡Vayamos todos a darles la bienvenida!» y salió del Centro Cultural de Kanagawa a toda prisa.

Los camaradas de Shikoku estaban de pie en la cubierta.

En el muelle, había un letrero que decía «Bienvenidos a Kanagawa». Y una banda formada por los miembros locales estaba interpretando con entusiasmo la tonada de la Soka Gakkai de Shikoku «Nuestra tierra». Shin’ichi, que vestía un abrigo negro, estaba delante de los músicos agitando los brazos a más no poder.

«¡Sensei! Sensei!», respondieron los camaradas de Shikoku, saludando a su vez con los brazos en alto. Algunos tenían las voces llorosas por la emoción y el júbilo.

«¡Bienvenidos! ¡Los estuve esperando!», manifestó Shin’ichi.

Al bajar por la pasarela de embarque, los miembros de Shikoku fueron recibidos con grandes aplausos por sus pares de Kanagawa.

Una representante de la División Juvenil Femenina de Kanagawa entregó en nombre de Shin’ichi un ramo de flores al responsable de la región de Shikoku, Seitaro Kumegawa.

Con una sonrisa, Shin’ichi se dirigió a él: «¿Están todos bien? Gracias por venir. ¡Ustedes han triunfado! ¡El siglo XXI está a la vista! ¡Y son ustedes quienes han abierto las nuevas rutas del kosen-rufu!».

Las acciones que surgen de una resuelta convicción abren las puertas de una nueva era.

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Shin’ichi dio la bienvenida a los señores con una sonrisa, dándoles un fuerte apretón de manos y abrazos, dirigiéndoles palabras de aliento: «¡Los estaba esperando! ¡No saben cuánto me alegra verlos! ¡Será una nueva partida!».

El apasionado espíritu de búsqueda de los miembros de Shikoku le causó inmenso júbilo. Porque mientras se mantenga firme esa determinación, el espíritu de maestro y discípulo de la Soka resuelto a concretar el kosen-rufu seguirá vivo.

Shin’ichi le dijo a Kumegawa: «¡Quién hubiera imaginado que realmente vendrían por el mar! ¡Qué fascinante idea! Eso fue suficiente para animar a todos. En cualquier ámbito, es importante tener creatividad. En nuestros esfuerzos por el kosen-rufu también se precisa de la sabiduría y el ingenio para triunfar.

»Encontraremos toda clase de obstáculos en el periplo del kosen-rufu. Así y todo, debemos seguir adelante por la felicidad propia y ajena, y en aras de la paz. Por ejemplo, si el camino por tierra está bloqueado, entonces tenemos que pensar rápidamente en otras alternativas para continuar el avance, ya sea por aire o por mar. No podemos dejarnos vencer».

Hace aproximadamente mil años, el gran poeta kirguís Yusuf Khass Hajib (también conocido como Yusuf Balasaguni; 1018-1069) escribió: «Mientras tengas vida, cualquier deseo podrá hacerse realidad. Mientras tengas sabiduría, cualquier objetivo podrá concentrarse»4.

La presencia de Shin’ichi en este recibimiento no fue publicada en el Seikyo Shimbun. Al diario no se le tenía permitido hacerlo.

Cuando la joven entregó a Kumegawa el ramo de flores de parte de Shin’ichi, a su lado estaba él celebrando con aplausos el momento. Sin embargo, en la fotografía del Seikyo Shimbun tan solo se veían sus brazos. El editor del periódico no había tenido más remedio que recortar la imagen.

Frente al Centro Cultural de Kanagawa, también estaban aguardando los miembros locales para brindar una cálida acogida a los compañeros que acababan de hacer una larga travesía. Y juntos compartieron el espíritu de la fe que impulsa a la búsqueda del mentor.

Uno de los miembros de Shikoku expresó su indignación: «¡Nos rehusamos a obedecer las imposiciones [del clero] que nos impiden ver a nuestro maestro y nos prohíben que lo llamemos “Sensei”!».

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Los miembros de Shikoku se dividieron en varios grupos para hacer un recorrido por el Centro Cultural de Kanagawa y el adyacente Centro Toda de la Paz.

El Centro Toda de la Paz había sido inaugurado el año anterior, en agosto de 1979. Se habían hecho reparaciones a una histórica edificación de ladrillos rojos conocida como la Casa Inglesa N.o 7, y su interior había sido remodelado y convertido en una sala de exposiciones abierta al público. Fue creado para eternizar el espíritu de la «Proclama para la abolición de las armas nucleares» que Josei Toda presentó en la ciudad de Yokohama el 8 de setiembre de 1957, y para exhibir materiales sobre la paz y los horrores de la guerra.

Los visitantes podían escuchar allí una grabación de la proclama de Toda. Además, estaban disponibles los cincuenta y seis volúmenes de las publicaciones antibélicas en serie que la División de Jóvenes había elaborado desde 1973, así como la selección de sus extractos traducidos al inglés, titulada Cries for Peace: Experiences of Japanese Victims of World War II (Clamores por la paz: Experiencias de las víctimas del Japón en la Segunda Guerra Mundial).

Asimismo, se exhibían paneles fotográficos y diversos materiales que ilustraban la vida del pueblo japonés durante la Guerra: las condiciones atroces en el frente de batalla, las consecuencias de las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, las destrucciones causadas en todo el país por los ataques aéreos, la Batalla de Okinawa, y la situación lastimosa de los militares desmovilizados y los civiles que retornaban del exterior después de la derrota. Había también un sector donde el público podía escuchar grabaciones de los relatos de personas que habían vivido esa tragedia.

Uno de los paneles presentaba la historia del movimiento pacifista que propugna la Soka Gakkai y otro, las propuestas de paz de Shin’ichi Yamamoto y sus diálogos con líderes y pensadores del mundo para fomentar la amistad.

Los compañeros de Shikoku observaron las exposiciones, escucharon las cintas y, una vez más, corroboraron la miseria y la crueldad de la guerra. Vieron el trabajo que la Soka Gakkai está haciendo, de hecho, para crear una gran corriente de paz mundial, y renovaron su compromiso de ser partícipes de los esfuerzos hacia la realización de este ideal.

La Constitución de la Unesco afirma que para el logro de la paz es necesario erigir “baluartes de la paz” en el interior de las personas5. Para ello, un requisito indispensable es la revolución humana, es decir, el establecimiento de una condición de vida que nos permita estar por encima de los impulsos negativos como la codicia y el odio.

La Soka Gakkai ha venido construyendo bastiones de la paz en los corazones de la gente y extendiendo redes solidarias de amistad en todo el orbe.

Nuestra misión social como practicantes de budismo Nichiren es hacer realidad la meta de «establecer la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra», en otras palabras, el logro de la prosperidad social y la paz para toda la humanidad.

  • *1IKEDA, Daisaku: Cantos de mi corazón, Madrid: Amargord, 2014, págs. 68-69.
  • *2LU, Xun: Lu Xun quanji (Obras completas de Lu Xun), Pekín: Renmin wenxue chubanshe, 1996, vol. 8, págs. 89-90.
  • *3En una carta dirigida a Shijo Kingo, el Daishonin escribe: «Es causa de regocijo ver que su prudencia y su coraje habituales, así como su firme fe en el Sutra del loto, le han permitido salir ileso». Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 1045.
  • *4Traducido del ruso. BALASAGUNI, Yusuf: Blagodatnoe znanie (Conocimientos benéficos) traducido del turco por S. N. Ivanov, Moscú: Nauka,1983, pág. 116.
  • *5En el Preámbulo de la Constitución de la Unesco dice: «[P]uesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz».