Volumen 30: Capítulo 1, Gran montaña 11–20

Gran montaña 11

Nichiren Daishonin expuso que todas las personas poseen por igual la naturaleza de Buda y abrió el camino para que cada individuo logre la iluminación, es decir, para que consolide un estado de vida enmarcado en la absoluta felicidad. En otras palabras, esclareció los principios fundamentales de la igualdad y del respeto a la dignidad de la vida. Esto es lo que hace del budismo Nichiren una enseñanza universal capaz de proveer un cimiento para construir un mundo de paz en bien de la humanidad.

Shin’ichi intuyó una temible y peligrosa naturaleza oculta detrás de la actitud dominante de los sacerdotes hacia los creyentes laicos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Nichiren Shoshu aceptó el talismán sintoísta dedicado a la Diosa del Sol que el gobierno militarista japonés había impuesto con el fin de conseguir la unificación ideológica del pueblo y para mantenerlo bajo su control. No obstante, el primero y el segundo presidentes de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda, continuaron defendiendo las enseñanzas correctas y los principios del budismo Nichiren. Debido a ello, ambos fueron encarcelados por las autoridades militares y, posteriormente, el señor Makiguchi murió en prisión manteniendo sus convicciones. Ante estos acontecimientos, la reacción de la Nichiren Shoshu fue tomar medidas deplorables como prohibir a los miembros de la organización la entrada al templo principal.

Pese a estos hechos, la Soka Gakkai continuó brindando su sincero apoyo y protección a la Nichiren Shoshu aun después de la guerra, convencida de que era lo que debía hacerse por el bien del kosen-rufu.

Sin embargo, los sacerdotes, que se proclamaban discípulos de Nichiren Daishonin, siguieron atormentando y oprimiendo a la Soka Gakkai que se dedicaba abnegadamente a propagar la Ley Mística de acuerdo con la voluntad del Daishonin. Esta era la increíble situación que reinaba desde los años previos a la guerra.

Pero a la luz del budismo lo que en verdad ocurría era absolutamente claro. El Daishonin nos señala quién desmembrará el budismo al afirmar: «La enseñanza correcta de El Que Así Llega no puede ser destruida por gente no budista ni por los enemigos del budismo; son los discípulos del Buda quienes, sí, pueden hacerlo. Como afirma un sutra, el león sólo puede ser devorado por las lombrices que se crían en su interior».1

Los que destruirán la enseñanza son los seguidores del budismo y no las personas que la rechazan o las que la denigran. Pues tal como describe el Sutra del loto, los «Demonios malignos tomarán posesión de los demás»,2 es decir, a que el Rey Demonio del Sexto Cielo3 se valdrá de figuras religiosas para sembrar el caos y la desarmonía entre los creyentes. Quienes traicionarán el espíritu del Daishonin y obstruirán el avance del kosen-rufu serán aquellos investidos con túnicas sacerdotales.

En la época del presidente Toda, la Soka Gakkai también había sufrido de ataques sin fundamentos por parte de los sacerdotes de la Nichiren Shoshu.

Shin’ichi recordó la severa advertencia de su mentor: «Sin la Soka Gakkai no será posible promover el kosen-rufu. ¡Los que intentan destruir a esta comunidad armoniosa de practicantes que luchan en pos del kosen-rufu, de hecho, están impidiendo la realización de este propósito!».

Gran montaña 12

Shin’ichi Yamamoto caviló sobre el camino de la práctica correcta por el cual transitaba la Soka Gakkai, y consideró los problemas que estaba enfrentando la organización y requerían una solución inmediata.

«En este momento, nuestra prioridad debe ser poner fin a los ataques injustos de los sacerdotes y proteger a los miembros —se dijo—. Acaso, ¿no hemos cedido hasta ahora, una y otra vez, a las demandas del clero con este propósito?».

Cada vez que se enteraba de algún sacerdote que se mostraba impertinente con los integrantes de la Soka Gakkai, sentía que su corazón se desgarraba. Venía a su mente los rostros doloridos de sus compañeros; le parecía oír sus voces de indignación y amargura. La organización había venido esforzándose para resolver esta situación, pero ahora, a causa de las imprudentes palabras del vicepresidente Genji Samejima, todo se había echado a perder.

Shin’ichi pensó: «El presidente Toda valoraba la Soka Gakkai más que a su propia vida. Debo proteger la organización y a sus miembros a toda costa. Pero ¿cuál es la mejor forma de hacerlo?».

Él no temía ser el blanco de ataque de los sacerdotes con tal de proteger a sus preciados compañeros. Estaba decidido a tomar la entera responsabilidad si algo ocurriese. Esa promesa permanecía firme e inamovible desde que juramentó como tercer presidente.

La Soka Gakkai se encontraba en un periodo de notable desarrollo. Se había convertido, efectivamente, en una «soberana en el mundo de las religiones» en Japón y en una sólida fuerza impulsora de la paz. Y esa red de personas arraigada en el pueblo se estaba extendiendo en el orbe entero.

A través del estudio que hace hincapié en la puesta en práctica de la filosofía del budismo en el diario vivir, los miembros tomaron las enseñanzas de Nichiren Daishonin como principios rectores y guías para orientar su vida. Estaban surgiendo muchos individuos de gran capacidad que, impulsados por su profundo compromiso con el kosen-rufu, desempeñaban importantes papeles en los más diversos ámbitos. Asimismo, las actividades polifacéticas que desplegaba la Soka Gakkai en los campos de la paz, la cultura y la educación, basadas en el budismo, fueron adquiriendo cada vez mayor reconocimiento en la sociedad, aumentando el círculo de comprensión y empatía hacia el movimiento de la organización.

De esta manera, la Soka Gakkai empezó el año 1979, fecha en que culminarían las Siete Campanadas, gozando de un crecimiento sin igual.

Shin’ichi se sentía seguro de poder informar con orgullo a su maestro sobre las victorias de todos sus emprendimientos con miras a la realización de esa meta. La fuerza que lo impulsaba era su determinación de responder a su mentor.

Gran montaña 13

Desde hace tiempo, Shin’ichi tenía la idea de ceder la conducción de la Soka Gakkai.

Pensaba que cuando alguien permanece en un cargo durante un período prolongado, se dificulta el desarrollo de nuevos valores. Su deseo era crear cuanto antes una corriente de sucesores que asegurara la continuidad de la Ley.

Ya en 1970, cuando llevaba diez años como presidente, en diferentes ocasiones había manifestado a los líderes ejecutivos su intención de transferir el cargo llegado determinado momento. Sin embargo, ellos habían rechazado la propuesta cada vez, aduciendo que se trataba de una «asignación de por vida».

Luego, en 1974, cedió la posición de representante legal de la institución religiosa Soka Gakkai al director general de la organización. En dicha oportunidad y también en el año 1977, Shin’ichi volvió a hablar sobre el asunto, pero los máximos responsables insistieron que se mantuviera en el liderazgo.

Ahora, se aproximaba el decimonoveno aniversario de su asunción y el ciclo de las Siete Campanadas llegaba a su fin. De nuevo, vino a su mente la idea de entregar el puesto a alguien en cuanto se le presentara la ocasión. Tenía cincuenta y un años y, afortunadamente, gozaba de buena salud. Podía seguir apoyando y brindando aliento aun después de su renuncia.

Además, siempre que Shin’ichi pensaba sobre la situación que enfrentaba el mundo, sentía que, como practicante budista, tenía mucho por hacer.

Anhelaba emprender acciones por la paz que fueran más concretas y tuvieran mayor alcance. Sentía la necesidad de entablar diálogos con los líderes del mundo y quería volcar sus esfuerzos a la promoción de la cultura y la educación basadas en los principios del budismo Nichiren. Pero más que nada, era consciente de que había llegado la hora de impulsar seriamente el kosen-rufu en todo el orbe.

No obstante, si él se lanzaba al escenario internacional, el presidente de la Soka Gakkai que lo seguiría y los demás responsables ejecutivos a quienes confiaría el kosen-rufu del Japón tendrían que navegar por mares embravecidos. A pesar de que la organización disfrutaba de un crecimiento sin precedentes en aquel entonces, densas nubes cubrían el cielo y arreciaban fuertes vientos en su camino. No sería una travesía sencilla. Era evidente que enfrentarían arduos retos. Quienes lo sucedería tendrían que discernir las funciones malignas con la sabia mirada de la fe y avanzar audazmente con la determinación de hacerles frente. Shin’ichi quería que, ahora más que nunca, todos se armasen de valentía.

Séneca, filósofo de la antigua Roma, dijo: «El ímpetu de la adversidad no altera el ánimo del valiente».4

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En la tarde del 3 de abril, Shin’ichi Yamamoto asistió a una reunión de los distribuidores locales del Seikyo Shimbun, diario de la Soka Gakkai.

Aunque la organización estaba enfrentando duros retos, Shin’ichi no cejó en su incansable lucha.

En el encuentro, con el anhelo de que estos miembros, poseedores de una noble misión, vivieran con orgullo una existencia de victorias, enfatizó lo siguiente: «El trabajo de ustedes empieza antes del amanecer, e imagino que no siempre pueden dedicar suficiente tiempo al sueño. Por eso, por favor, les pido que tomen los recaudos necesarios para mantenerse bien y saludables, de manera que puedan llevar a cabo su misión día a día, sin ningún contratiempo.

»La clave para evitar accidentes está en atenernos a los aspectos esenciales de la fe y de la vida cotidiana. No reparar en ello es señal de descuido y negligencia que, en realidad, reflejan arrogancia. Especialmente en lo que concierne al mundo de la fe, aquellos que desatienden lo básico, los que son llevados por el deseo de fama o el afán de riqueza, y los que intentan conseguir algo con el mínimo esfuerzo acaban tropezando. Recuerden que nadie puede eludir la rigurosa ley de causa y efecto por mucho que logre engañar a otros.

»Espero que cuiden los aspectos básicos en los diversos ámbitos donde se desenvuelven. Manténganse inconmovibles ante cualquier circunstancia, hagan frente a los desafíos con seriedad, dando vida y alma, y triunfen en todo lo que emprendan. La perseverancia en este esfuerzo dará resplandor a su vida. Quisiera que tengan convicción en ello.

»Administrar una distribuidora de diarios no es nada fácil, es una tarea poco llamativa que a menudo no es debidamente valorada, y prácticamente no hay días de descanso. Es más, requiere una gran responsabilidad. Pero gracias al esfuerzo de los que se dedican a este oficio y de quienes reparten el diario, el Seikyo Shimbun llega a las manos de los lectores y cobra impulso el kosen-rufu.

»Con mi mayor respeto y admiración, estaré orando siempre por el bienestar y la seguridad de todos ustedes que perseveran en su labor convencidos de que los budas y las deidades celestiales están conscientes de sus acciones».

Por más agotado que estuviese, Shin’ichi nunca vacilaba en brindar aliento a los miembros dondequiera que ellos se encontrasen. Sea cual fuere su situación, estaba resuelto a llevar aliento a la gente y dar a conocer el budismo consagrando su vida.

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El 4 de abril, por la noche, Isamu Nomura, responsable de la División de Jóvenes, recibió una llamada de Tomomasa Yamawaki, asesor legal de la Soka Gakkai que hacía de mediador con la Nichiren Shoshu. Yamawaki le dijo que tenía urgencia por darle algunas informaciones sobre la situación del clero.

Nomura, junto con el director general Kiyoshi Jujo, se encontró con Yamawaki.

Con aparente preocupación en el rostro, Yamawaki empezó: «A raíz de los comentarios del vicepresidente Samejima, el clero se dispone a lanzar un ataque sin tregua contra la Soka Gakkai. Para subsanar el asunto, desde luego, el señor Samejima tendrá que ser sancionado, pero no será suficiente con ello. Lo más probable es que el presidente Yamamoto deba renunciar no solo a su cargo como titular de las organizaciones laicas de la Nichiren Shoshu, sino también como presidente de la Soka Gakkai. De lo contrario, no podrán contener a los sacerdotes jóvenes que se muestran hostiles hacia la organización.

»Piensen en lo que podría ocurrir si creciera la ira del clero. Deben estar preparados para lo peor. El sumo prelado Nittatsu también está muy molesto».

«Deben estar preparados para lo peor…». Estas palabras quedaron clavadas en el corazón de Jujo. Lo que dijo Samejima por descuido había echado por tierra los arduos esfuerzos de la Soka Gakkai para mantener la relación armoniosa con el clero y se había convertido en la trampa perfecta para aquellos que planeaban tomar el control de la organización.

Jujo se comunicó con Shin’ichi, le informó sobre lo que había manifestado Yamawaki y solicitó que se convocara lo antes posible una conferencia ejecutiva.

Aunque el cielo estaba cubierto de nubes, los cerezos en flor lucían majestuosos con sus ramas profusas.

La mañana del 5 de abril, Shin’ichi participó en la conferencia ejecutiva llevada a cabo en el Centro Cultural de Tachikawa, en Tokio. Se habían reunido los máximos responsables de la Soka Gakkai para intercambiar ideas sobre cómo encarar el problema con el clero. Jujo estaba allí, junto con los demás dirigentes. Todos se mostraban apesadumbrados.

La reunión comenzó con el reporte de las observaciones de Yamawaki, seguido por otro informe sobre los últimos movimientos de algunos sacerdotes de la Nichiren Shoshu.

Shin’ichi pensó que finalmente las funciones malignas habían revelado su verdadero propósito. Se trataba de una conspiración para forzar su renuncia y abrir, de este modo, una brecha entre los miembros y él, para separar al mentor y a los discípulos. Era un complot que en definitiva buscaba destruir a la Soka Gakkai, la organización que promueve el kosen-rufu en total concordancia con la intención y la voluntad del Buda.

Para distinguir las maniobras de las funciones destructivas es preciso ver los hechos a través del prisma de la fe.

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Shin’ichi Yamamoto dirigió su mirada a cada uno de los máximos responsables. Sus rostros expresaban una honda preocupación, pero nadie pronunciaba palabra alguna. Hubo un prolongado silencio.

Cuando Shin’ichi pidió a uno de ellos su opinión, éste murmuró: «No podemos ir contra la corriente de los tiempos…».

Shin’ichi sintió una punzada en el corazón. Estaban totalmente amilanados…

Él estaba dispuesto a inclinarse en son de disculpa ante el clero si con ello podía subsanar el problema. Era consciente, además, de que su renuncia sería tal vez inevitable. Sabía también del tremendo esfuerzo que todos estaban haciendo para salir adelante. Aun así, resultaba lamentable que ellos percibiesen los acontecimientos como una exigencia de los tiempos.

«Si nos dejamos arrastrar por las circunstancias —pensó—, entonces, ¡dónde está el espíritu de la Soka Gakkai? ¡Lo importante no es acaso tener la firme determinación de proteger con alma y vida a la organización por el bien del kosen-rufu? ».

Shin’ichi rompió el silencio y les dijo en tono severo: «De acuerdo, dejaré el cargo como titular de las organizaciones laicas de la Nichiren Shoshu y la presidencia de la Soka Gakkai. Yo me haré responsable de todo. Es eso lo que están sugiriendo, ¿no es cierto? Con ello se solucionará el asunto, ¿verdad?

»Sin embargo, deberá ser la Soka Gakkai, y no el clero, la que decida cuándo debe dimitir su presidente. A decir verdad, ya desde hace tiempo tenía pensado ceder mi posición considerando el futuro de la organización».

Shin’ichi no quería dejar el antecedente de una dimisión presionada por el clero. Incluso pensaba que esto constituiría una mancha en la historia de la Nichiren Shoshu.

De hecho, en los años de posguerra, fue la Soka Gakkai la que rescató al clero de la ruina brindando su desinteresado apoyo. Y, es más, bajo el liderazgo de Shin’ichi, era la única organización que estaba obrando de acuerdo con el propósito del Buda ―promover el kosen-rufu con la misma dedicación altruista con que procedió el Daishonin y transmitir la Ley Mística en el orbe entero.

Uno de los responsables, profundamente conmovido, dijo: «¡Sensei! , lo siento mucho…».

El camino del kosen-rufu consiste en una sucesión de intensas luchas contra el Rey Demonio del Sexto Cielo. Si la Soka Gakkai logró crear una gran corriente del kosen-rufu, fue precisamente porque ha sabido detectar al Rey Demonio y ha enfrentado y vencido sus embestidas a través de la fe en la Ley Mística.

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Poco antes de fallecer, Josei Toda había indicado a sus discípulos que protegiesen al tercer presidente, que le dieran apoyo a lo largo de toda la vida. Pues entonces, el logro del kosen-rufu estaría asegurado. Aquí está la clave para conseguir la unión que abre el camino de la victoria continua.

Shin’ichi no pretendía escudarse en los miembros, pero se sintió invadido por una gran inquietud al comprobar que los valores espirituales que su mentor había dejado como legado por el bien del kosen-rufu estuviesen perdiendo nitidez en el corazón de muchos compañeros.

Con su pensamiento puesto en el futuro y con una ardiente oración en su pecho, Shin’ichi se dirigió a los máximos responsables diciendo: «¡Yo soy un león!; no temo nada. ¡Ustedes también sean leones! De lo contrario, terminaremos causando sufrimiento a los miembros. Avancen con valentía y firme espíritu de lucha por el gran camino Soka de maestro y discípulo. Si su determinación es férrea, nada podrá perturbar a la Soka Gakkai. ¡Recuerden que el presidente Toda nos está observando!».

Shin’ichi se levantó y se retiró de la sala.

Desde una ventana, vio que las flores de cerezo se mecían bajo la brisa. Mientras las contemplaba, Shin’ichi pensó en la gran lucha de mentor y discípulo que desplegaron Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda.

En junio de 1943, la Nichiren Shoshu instó a la Soka Kyoiku Gakkai (precursora de la Soka Gakkai) a aceptar, al menos en apariencia, el talismán sintoísta consagrado a la Diosa del Sol, por temor a ser perseguida por las autoridades militaristas que buscaban establecer el sintoísmo estatal con la intención de unir al pueblo en aras de sus fines bélicos.

Makiguchi rehusó dicha demanda y se preparó para reconvenir los errores de las autoridades, consciente de que, inevitablemente, tendría que enfrentar persecuciones a causa de ello. Al mismo tiempo, su discípulo Josei Toda, también afirmaba su decisión de seguir difundiendo la Ley Mística sin escatimar la vida. Más tarde, Toda fue arrestado y encarcelado, al igual que su maestro Makiguchi. En su solitaria celda, Toda oró con fervor para que el peso de todos los cargos recayera sobre él y su maestro fuera liberado lo más pronto posible.

Cuando la Nichiren Shoshu se hundía en las aguas turbias de los actos contra la Ley, lo que resguardó las enseñanzas correctas de Nichiren Daishonin fue el lazo espiritual de mentor y discípulo que unieron a los presidentes Makiguchi y Toda. Aquél murió en prisión, pero Toda sobrevivió al cautiverio. Cuando fue puesto en libertad, reconstruyó la Soka Gakkai y allanó el camino de la eterna propagación del budismo Nichiren, teniendo siempre presente el anhelo de su maestro.

En la Soka Gakkai, «mentor» se refiere al adalid de los Bodhisattvas de la Tierra que han surgido en ésta época para cumplir el juramento de transmitir ampliamente la Ley Mística, a aquel que constituye el eje del avance del kosen-rufu. Cuando los discípulos deciden alinear sus vidas con la del mentor, las ruedas del kosen-rufu empiezan a girar con fuerza. De ahí que la unión de mentor y discípulo sea esencial en la Soka Gakkai.

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Shin’ichi recordó el acontecimiento que tuvo lugar en abril de 1952 en el templo principal Taiseki-ji, durante las festividades del septingentésimo aniversario de la fecha en la cual Nichiren Daishonin estableció su enseñanza.5

Ese día, los jóvenes de la Soka Gakkai se encontraron con Jiko Kasahara, un sacerdote que supuestamente había sido despojado de su posición y expulsado del clero.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Kasahara, que en aquel entonces pertenecía a la Nichiren Shoshu, buscó congraciarse con las autoridades exponiendo la falacia que considera la doctrina budista subordinada al sintoísmo. Fue un sacerdote perverso que dio las espaldas a las enseñanzas del Daishonin con tal de ponerse a resguardo. Sus acciones hicieron que las manos opresoras del gobierno se dirigieran a la Soka Gakkai, causando, finalmente, la muerte de Tsunesaburo Makiguchi en prisión.

En cuanto los miembros de la División de Jóvenes vieron a Kasahara en el predio del templo principal, lo llevaron frente a la tumba de Tsunesaburo Makiguchi y le exhortaron a que admitiera su error. Esto causó tumultos en el clero.

A raíz de este incidente, se descubrió que la Nichiren Shoshu había restituido sigilosamente a Kasahara el rango clerical, cerrando los ojos al hecho de haber distorsionado las enseñanzas del Daishonin.

Por su parte, la Nichiren Shoshu convocó al Consejo clerical a una sesión para tratar el asunto. En dicha reunión, se definió lo ocurrido como «el hecho más deplorable desde que fue establecido el templo principal». Asimismo, considerando que el presidente de la Soka Gakkai había agredido a Kasahara, además de haber causado preocupaciones al sumo prelado y haber perturbado la fe de los creyentes que estaban presentes en el templo, el Consejo decidió que Josei Toda debía presentar una disculpa por escrito. Y también declaró que sería destituido de su posición como máximo representante del laicado y se le prohibiría visitar el templo principal.

De esta manera, el clero defendió a un sacerdote corrupto que denigraba las enseñanzas del Daishonin y, en cambio, tomaron medidas estrictas contra Toda que intentó corregir ese error.

Shin’ichi y otros discípulos de Toda se pusieron de pie decididos a defender con firmeza a su mentor. Fueron al encuentro de cada uno de los miembros del Consejo clerical y le explicaron lo que en realidad había sucedido. Consideraron la injusticia de la resolución y solicitaron que fuera revocada.

Durante las conversaciones, Shin’ichi actuó de manera cortés y respetuosa, pero ardía en su corazón una indignación e ira incontenibles.

Él pensó: «El Consejo se propone sancionar solo al presidente Toda. Es un ardid para apartarlo de los miembros de la Soka Gakkai.

»Sin el presidente Toda, ¡quién impulsará el kosen-rufu? Debemos protegerlo cueste lo que cueste. Él siempre ha proclamado lo correcto y es completamente libre de toda culpa. ¡No podemos permitir que se le imponga una sanción!».

Esta era la férrea determinación que compartía Shin’ichi con los máximos responsables de la Soka Gakkai y los líderes de la División de Jóvenes.

Las funciones malignas siempre buscan romper la unión del mentor y el discípulo para destruir el movimiento del kosen-rufu.

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Después de escuchar las convincentes explicaciones y ver el proceder sincero de Shin’ichi y de otros discípulos de Toda, muchos miembros del Consejo de la Nichiren Shoshu cambiaron su parecer y expresaron su acuerdo con la revocación de las medidas disciplinarias. El sumo prelado Nissho Mizutani tampoco aprobó dicha resolución.

El incidente de Kasahara fortaleció aún más la unión espiritual de mentor y discípulo en los miembros de la Soka Gakkai e hizo que la organización cobrara impulso hacia el objetivo trazado por Josei Toda, de alcanzar las setecientas cincuenta mil familias miembros, remontando el viento adverso.

Pero lo que le preocupaba a Shin’ichi era que ahora no sentía en los máximos responsables este espíritu resuelto de mentor y discípulo de consagrarse con alma y vida al kosen-rufu, ni el ferviente espíritu de lucha que caracteriza a la Soka Gakkai.

Al día siguiente, 6 de abril, Shin’ichi se dirigió al templo principal para asistir a la ceremonia anual de aireación. Allí se encontró con el sumo prelado Nittatsu y le transmitió su intención de renunciar a su cargo como titular de las organizaciones laicas de la Nichiren Shoshu y como presidente de la Soka Gakkai.

Para Shin’ichi, la prioridad estaba en proteger a los miembros de los ataques de los sacerdotes egoístas. Estaba seguro de que los jóvenes tomarían la antorcha del kosen-rufu y saldrían resueltamente al gran escenario del siglo XXI, aunque él se retirara.

Aquel que tiene sucesores, no tiene nada para lamentar o arrepentirse. Un líder que tiene a su lado una juventud dispuesta a dar continuidad a su labor siente regocijo y seguridad porque frente a él se extiende un futuro brillante y promisorio.

En la tarde del 7 de abril, Shin’ichi dio la bienvenida a veinte integrantes de la Federación Nacional de Jóvenes de la China (ACYF, por sus siglas en inglés) bajo el florido Cerezo Zhou, cerca del Lago de la Literatura, en la Universidad Soka.

A las diez de la mañana, estos jóvenes habían visitado las oficinas del Seikyo Shimbun en Shinanomachi. Allí fueron recibidos calurosamente por representantes de la División Juvenil de la Soka Gakkai, con quienes dialogaron sobre las posibilidades de promover una amistad entre la China y el Japón que perdure a través de las futuras generaciones. Luego de esa actividad, se dirigieron a la Universidad Soka donde Shin’ichi los estaba aguardando.

Shin’ichi sentía profundamente que era el momento de unir a las personas del mundo con una filosofía de paz. Ocurra lo que ocurra y por muchas tormentas de dificultades que se desaten, él estaba decidido a continuar su tarea de tender puentes de paz en todo el orbe.

Gran montaña 20

Shin’ichi Yamamoto saludó a la delegación de jóvenes diciendo «hola» en chino y les expresó su agradecimiento por la visita.

Luego, dio un afectuoso abrazo al líder, Gao Zhanxiang, que lucía un típico traje Mao, y estrechó la mano a cada miembro del grupo.

Muy emocionado, Gao le manifestó: «Hemos estado aguardando ansiosamente este encuentro con usted, presidente Yamamoto. Hoy, nuestro sueño se ha hecho realidad. Admiramos sus esfuerzos por construir puentes de amistad entre la China y el Japón».

Shin’ichi señaló el Cerezo Zhou y explicó a los visitantes sobre su significado: «Este árbol fue plantado el 2 de noviembre de 1975, deseando la salud de Zhou Enlai y como expresión de nuestro anhelo de paz y amistad duraderas entre ambos países. Propuse que fuera plantado por los becarios de la República Popular China que en aquel entonces estaban estudiando en la Universidad Soka.

»Un año antes, en diciembre de 1974, el primer ministro Zhou me había recibido en el hospital de Beijing, donde estaba internado. Pese a que su salud era delicada, me habló de sus deseos de establecer vínculos de amistad entre nuestros países y crear un mundo de paz que fueran perdurables. En nuestra conversación, recordó con nostalgia que había partido del Japón cuando los cerezos estaban en plena floración.

»Le dije que nos visitara nuevamente en la temporada de los cerezos en flor. Él respondió que le encantaría pero que tal vez fuera imposible. Noté un dejo de tristeza en su rostro. Fue así que sugerí la plantación del cerezo que Zhou Enlai tanto amó y pedí a los estudiantes, herederos de sus ideales, que se encargaran de hacerla».

Los lazos de amistad se entretejen con la sinceridad.

Los jóvenes de la delegación escuchaban atentamente asintiendo con la cabeza mientras Shin’ichi hablaba.

Y continuó: «El primer ministro Zhou falleció en enero de 1976, dos meses después de haber plantado este cerezo. Recuerdo que, en medio de un profundo dolor, hice un juramento. Prometí que dedicaría mi vida entera a fomentar la amistad entre la China y el Japón, que era su entrañable deseo y haría todo lo que estuviese a mi alcance para asegurar que este vínculo se perpetuara.

»Habiendo tomado esta determinación, esperé a que se presentara la ocasión para plantar, junto con jóvenes de la China, dos árboles más para rendir homenaje a Zhou Enlai y a su esposa, Deng Yingchao. Hoy hemos preparado todo con este fin y me gustaría solicitar su ayuda para llevar a cabo esta plantación como muestra de gratitud a estos dos grandes líderes y como símbolo de nuestro compromiso de hacer perdurar nuestra amistad».

  • *1Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág.320.
  • *2El Sutra del loto, Tokio: Soka Gakkai, 2014, cap. 13, pág. 193.
  • *3Rey Demonio del Sexto Cielo: También, rey demonio o demonio celestial. El rey de los demonios, que mora en el más elevado de los seis cielos del mundo del deseo. También se lo llama el que Disfruta Libremente de las Cosas Conjuradas por Otros, el rey que utiliza a voluntad los frutos de los esfuerzos de los demás para su propio placer. Servido por innumerables adláteres, obstruye la práctica budista y se deleita en debilitar la fuerza vital de los demás seres, manifestación de la oscuridad fundamental inherente a la vida. El rey demonio es la personificación de la tendencia negativa a forzar a los demás a nuestra voluntad, a cualquier costo.
  • *4Séneca: Moral Essays, Seneca in Ten Volumen (Ensayos morales, Séneca en diez volúmenes), trad. por John W. Basore, Cambridge, Massachusetts: Editorial de la Universidad de Harvard, 1958, vol. 1, pág. 7.
  • *5El lector encontrará más detalles en La nueva revolución humana, vol. 27, capítulo «Justicia».