Volumen 30:
Capítulo 4, Campanadas del amanecer 41–50

Campanadas del amanecer 41

Al día siguiente, 7 de junio, se realizó un encuentro conmemorativo como parte del curso de capacitación. Durante el mismo, Shin’ichi se refirió una vez más a los escritos de Nichiren Daishonin y ahondó en los principios que postula el budismo.

Explicó que todos los seres vivientes poseen la naturaleza de Buda y que el budismo, que hace hincapié en el valor y la dignidad de la vida, reconoce el pacifismo como su espíritu esencial. Y agregó que la historia de la Soka Gakkai da testimonio de ello, refiriéndose al hecho de que durante la Segunda Guerra Mundial, la organización se mantuvo firme ante la opresión de las autoridades militaristas de Japón, que haciendo del sintoísmo el pilar espiritual de la nación, condujo el país hacia el conflicto bélico.

Shin’ichi continuó hablando sobre cómo debe actuar en la sociedad un budista comprometido con la paz: «Quisiera que tengan siempre presente la enseñanza del Daishonin que afirma que “todos los fenómenos son manifestaciones de la Ley budista”,1 y procuren ser buenos ciudadanos y personas ejemplares dentro de la sociedad donde se desenvuelven.

»Nuestra postura es la negación absoluta de la violencia. Basados en este principio rector, forjen lazos de confianza dentro de la comunidad y en la sociedad general, respetando las costumbres y las tradiciones de cada país. Establezcan también con sus compañeros de fe del mundo relaciones de vida a vida y luchen juntos por la paz.

Seguidamente Shin’ichi se refirió al poder del Gohonzon que es la corporificación de la Ley Mística, la Ley fundamental del universo.

–Nada es tan complejo como la mente humana, que cambia sutilmente a cada instante. Para ser feliz y sentir satisfacción en la vida es preciso cultivar una mente firme e imperturbable”.

» En la vida, hay momentos en que nos preguntamos por qué debemos hacer frente tormentas del karma que nos resultan tan injustas… Lo que nos permite la práctica budista es, justamente, cultivar la fortaleza interior para superar tales desafíos y permanecer invictos ante cualquier adversidad.

»La intensidad de nuestra fe y práctica hace que se manifieste el poder del Buda y de la Ley corporeizados en el Gohonzon de Nam-myoho-renge-kyo, y este poder induce en nosotros el surgimiento de una fuerza vital tan inmensa que nos permite, incluso, derribar los muros de hierro más pesados de la adversidad.

El pensador y ensayista francés Michel de Montaigne (1533-1592) declaró: «No consiste la bravura en la firmeza de piernas y brazos, sino en la del valor y del alma».2

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Luego, Shin’ichi se refirió al concepto budista de “hacer surgir la aspiración a la iluminación”.3

«Este concepto –explicó–, en simples palabras significa albergar el deseo de buscar la iluminación, concentrar la mente para alcanzar la budeidad.

»Si nos proponemos llevar una vida mejor, debemos considerar cuestionamientos fundamentales tales como ¿quién soy?, ¿cuál es la misión de mi vida?, ¿cuál es la verdadera naturaleza de mi existencia?, ¿qué clase de valor puedo crear para contribuir a la sociedad?

»Para hallar la respuesta a estas incógnitas nos entregamos a la práctica budista y procuramos superarnos como personas buscando permanentemente el camino y asumiendo retos. Aquí yace el significado de “hacer surgir la aspiración a la iluminación”. Son esfuerzos que expresan nuestro deseo de seguir creciendo y aspirando al progreso.

Una gran preocupación de Shin’ichi era cómo explicar los conceptos budistas de manera que resultara familiar y accesible a sus compañeros de Europa. Pensaba que por más profunda que pudiese ser una filosofía, sería inútil si resultara incomprensible para la gente. Consideraba que era preciso exponer los principios y valores del budismo con un lenguaje moderno y sencillo para que la sabiduría del budismo sea un tesoro espiritual de la cual puedan beneficiarse todas las personas del mundo.

Al día siguiente, 8 de junio, el curso de capacitación de verano finalizó con un festival cultural de amistad.

Los compañeros del Reino Unido cantaron con entusiasmo:

Con mi corazón junto al tuyo,
unidos y libres,
hagamos frente al destino.
Largo es nuestro camino,
pero seguiremos adelante
albergando esperanzas en el corazón.

Los miembros de Dinamarca, Noruega y Suecia bailaron agitando en el aire sus pañuelos estampados de flores. Los compañeros de España ofrecieron una danza alegre que pusieron fin lanzando sus sombreros negros al público. Los miembros de Bélgica presentaron un baile original al son de la «Canción de los camaradas». Y así sucesivamente siguieron las actuaciones de los representantes de Alemania Occidental, Suiza, Grecia y otros países.

¡No seremos derrotados! ¡Triunfaremos sin falta!, los corazones de todos se fusionaron en la determinación de luchar por el kosen-rufu y sus voces resonaron en las laderas de Sainte-Victoire, la montaña de la victoria. Los miembros de Europa se unieron. Se trataba de un vínculo de vida, de personas que abrazaban el compromiso común de hacer realidad la paz mundial.

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Al mediodía del 9 de junio, Shin’ichi Yamamoto y sus acompañantes visitaron Marsella. En lo alto de una colina se erguía, apuntando el cielo, la torre cuadrada del campanario de la Catedral de Notre-Dame de la Garde. Desde esta pequeña elevación se avistaba, flotando en las aguas azul cobalto del Mediterráneo, una pequeña isla amurallada.

Era el lugar que albergaba el castillo de If, escenario de la famosa obra El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas (1802-1870).

El castillo de If, que originariamente había sido construido como fortificación, dada su condición aislada e inexpugnable sirvió luego como prisión para disidentes políticos y religiosos. En la novela, el personaje principal, Edmundo Dantés —quien más tarde asume la identidad del conde de Montecristo—, es confinado dentro de su muro a lo largo de 14 años.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Josei Toda había permanecido dos años entre rejas. Después de ser liberado, juró que haría frente todas las dificultades con la misma firmeza y el tesón del conde de Montecristo para reivindicar a su mentor, Tsunesaburo Makiguchi, quien había fallecido en prisión defendiendo sus creencias. Con el resuelto compromiso de demostrar la verdad de su maestro y abrirse paso por el kosen-rufu, se puso a trabajar en la reconstrucción de la Soka Gakkai después de la guerra.

Shin’ichi sintió que el espíritu que animaba a los combatientes de la Resistencia Francesa que se impusieron a las fuerzas nazis durante la Segunda Guerra Mundial habría sido el mismo espíritu indomable del conde de Montecristo.

El conde de Montecristo es arquetipo de valentía, perseverancia, fortaleza y convicción. Las personas que reúnen estas cualidades son necesarias también para hacer posible el kosen-rufu. Es preciso que sigamos avanzando con tenacidad y determinación hasta concretar nuestra meta, sin retroceder jamás, aún ante las circunstancias más desalentadoras. Lo que obstruye nuestro camino son los pensamientos negativos de considerar que hemos hecho lo suficiente, que no podemos más, que hemos llegado a nuestro límite. Pero el sol de la victoria resplandece solo cuando disipamos esta negatividad, extraemos nuestra fuerza interior y seguimos adelante resueltamente.

Evocando a los jóvenes de Francia y a todos los compañeros con quienes se había encontrado en Europa, Shin’ichi oró con todo su ser mientras avizoraba el siglo XXI: «¡Que surjan incontables “condes de Monte Cristo de la Soka”!». ¡Repiquen con sus manos las campanas que anuncien el amanecer de una nueva centuria de armonía humana!

El mar reflejaba luces platinadas bañado por el sol.

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El kosen-rufu significa una permanente partida. Es una travesía imbuida de esperanza en pos de nuevos retos.

Poco después de las 15:30 del 10 de junio, Shin’ichi y su comitiva partieron de Marsella. Habían acudido unos cincuenta miembros para despedirse de los visitantes, que se embarcaron en el tren rumbo a París, cubriendo un trayecto de aproximadamente siete horas.

Shin’ichi trasladó el escenario de su infatigable lucha a París, la hermosa «Ciudad de la luz».

El 11 de junio, asistió a una recepción para celebrar la publicación en francés de Elige la vida, su diálogo con el fallecido historiador Arnold J. Toynbee.

Al día siguiente, 12 de junio, se reunió con el historiador de arte y miembro de la Academia Francesa René Huyghe. Conversaron sobre la edición francesa de sus diálogos, La nuit appelle l’aurore, publicada en septiembre pasado, sobre el gran escritor Víctor Hugo y otros temas.

El 15 de junio, Shin’ichi visitó a Alain Poher, presidente del Senado, en su residencia oficial. Era su primer encuentro.

El presidente Poher tuvo la generosidad de hacer los arreglos necesarios para que Shin’ichi y sus acompañantes realizaran previamente el recorrido de la sede del Senado, en el histórico Palacio de Luxemburgo. En la sala que utilizó Víctor Hugo cuando era miembro del Senado, había un busto que llamó la atención de Shin’ichi. Mostraba al autor con su barba tupida y expresión resuelta en su semblante.

La magnífica Cámara del Senado también albergaba un asiento que había pertenecido a Víctor Hugo, con una placa que llevaba inscrito su nombre como homenaje a su legado inmortal. Cuando le mostraron la silla, Shin’ichi imaginó a Víctor Hugo exigiendo la reforma educativa, la erradicación de la pobreza o la abolición de la pena de muerte con elocuencia apasionada.

Víctor Hugo, un inigualable genio de la literatura, recibió la prestigiosa Legión de Honor a los 23 años. Se involucró en la arena política en 1845, cuando tenía 43 años, incapaz de pasar por alto los problemas de la realidad, como la indigencia en los que estaba sumido el pueblo francés. Él fue un gran literato, pero al mismo tiempo, un hombre de acción, testimonio innegable de su grandeza humana.

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Víctor Hugo debió hacer frente la persecución del entonces presidente de Francia, Luis Napoleón (Napoleón III; 1808-1873) –cuya política absolutista se acentuaba cada vez más– y se vio forzado al exilio. Durante ese período publicó obras como Napoleón, el pequeño y Los castigos, en las que denunció mordazmente al líder autoritario. También terminó de escribir su obra magistral Los Miserables en el destierro, al igual que Dante Alighieri, quien completó la Divina Comedia lejos de Florencia.

Sin duda, la firme determinación de luchar contra la injusticia jugó un papel vital en el hecho de que ambos autores hubiesen creado estas obras geniales en las circunstancias más desafiantes de su vida.

Cuando uno decide combatir la injusticia apostando todo su ser, sus sentidos se agudizan de tal manera que es capaz de ver con claridad lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal, la verdad y la falsedad. Pues, la indignación que despierta en nosotros el mal proceder genera un apasionado afán de justicia en nuestro interior.

Víctor Hugo finalmente retornó a Francia 19 años después de la caída de Napoleón III, a sus 68 años, pero su rendimiento creativo no había hecho más que aumentar. Su espíritu era el de un joven.

Uno no envejece por los años que ha vivido. Nuestro espíritu se marchita en el momento en que abandonamos los ideales y la esperanza. Víctor Hugo escribe: «Mi pensamiento puede formularse en estas dos palabras: ¡siempre adelante!».4

Mientras recorría la Cámara del Senado donde Víctor Hugo había dejado sus huellas, Shin’ichi creyó sentir una fresca brisa de renovación.

En ese momento pensó: «Me gustaría hacer algo para contribuir a preservar el legado de la heroica existencia y los logros de este gran literato… Tal vez un museo o algo similar en su honor».

Diez años después, en junio de 1991, esa idea se hizo realidad. Con el apoyo y la asistencia de muchos amigos, la Casa de Literatura Víctor Hugo abrió sus puertas en el Castillo de Roches, el sitio donde el autor había visitado en varias oportunidades, en los suburbios de Bièvres en París.

En el museo se exhiben los manuscritos del autor, objetos y recuerdos personales, materiales bibliográficos y otros artículos valiosos, y se erige como un bastión literario que promete irradiar la luz del humanismo de Víctor Hugo a las generaciones venideras.

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Después de visitar el Senado, Shin’ichi se reunió con el presidente en su residencia oficial.

El presidente Poher dijo que sentía un enorme interés por la Soka Gakkai, y hacía tiempo que deseaba conversar con Shin’ichi. Asimismo, manifestó su reconocimiento a los esfuerzos que estaba haciendo Shin’ichi, quien, a partir de sus ideales de paz y respeto hacia el género humano, visitó países que viven bajo un sistema político tan diferente [al suyo] como son la Unión Soviética y Bulgaria, donde mantuvo encuentros con sus líderes y promovió intercambios por la paz y la cultura.

Para impulsar la paz es sumamente importante mantener intercambios con las naciones que viven bajo sistemas políticos y culturas diferentes, pero es una iniciativa que muchas veces no resulta fácil. De ahí que el señor Poher hubiese reparado en los emprendimientos del líder de la SGI.

Shin’ichi se refirió brevemente a sus convicciones respecto a la paz:

–Hay quienes hablan de paz y del valor de la vida solo en términos abstractos o pensando en su prestigio. Pero las personas realmente preocupadas por la paz, así como los jóvenes que tienen pureza en el corazón, observan los hechos con una mirada penetrante.

»Lo importante es lo que se hace realmente, el accionar concreto. Mis pasos se basan en esta convicción. Si así no fuera, no podría generar un verdadero movimiento por la paz capaz de motivar a los jóvenes que serán los líderes del mañana. La paz es para mí un tema que encaro con mucha seriedad.

»Durante la Segunda Guerra Mundial, la Soka Gakkai fue blanco de intensas persecuciones por parte del gobierno militarista de Japón. Como resultado, nuestro primer presidente Tsunesaburo Makiguchi, murió en prisión defendiendo sus creencias, y el segundo presidente Josei Toda también fue encarcelado junto con otros líderes. En lo personal, perdí a mi hermano mayor en combate y experimenté en carne propia el sufrimiento que causa la guerra. Por eso decidí abrazar la enseñanza del budismo Nichiren que postula la dignidad de la vida y me esfuerzo para hacer realidad sus ideales pacifistas, decidido a construir un mundo sin conflictos.

La animada conversación siguió. El señor Poher contó su experiencia en el movimiento de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, y en las tres horas que duró el encuentro, hablaron de diferentes personalidades como Charles de Gaulle (1890-1970), sobre la vida y otros temas.

El presidente Poher sostenía que las personas debían ayudar a quienes son menos afortunados.

En el corazón de ambos líderes resonaron una vez más el compromiso compartido de luchar por la paz.

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En París, además de reunirse con pensadores y personalidades de diferentes ámbitos, Shin’ichi dedicó su tiempo a alentar a los miembros.

El 11 de junio, el día siguiente de su llegada a la capital francesa, tuvo un encuentro informal con los jóvenes con quienes conversó sobre la fe. El día 12, visitó el Centro Comunitario de París, en Sceaux. Allí alentó a los compañeros que asistían a la ceremonia de gongyo, y, más tarde, llevó a cabo un diálogo informal con ellos. El 13, estuvo presente en el festival cultural de amistad realizada en el centro, en la ceremonia para inaugurar la placa en conmemoración del vigésimo aniversario del movimiento por el kosen-rufu de Francia y en una sesión de gongyo. Y el 14 de junio, participó en la Conferencia Ejecutiva de Francia y en otras actividades.

También se tomó varias fotografías grupales con los miembros, e hizo visitas hogareñas. Sentía que era el momento decisivo para transmitir a sus compañeros, especialmente a los jóvenes, los principios básicos de la fe y el espíritu de la Soka Gakkai para asegurar el desarrollo dinámico del kosen-rufu en el siglo XXI.

En la mañana del 14 de junio, Shin’ichi salió del hotel y caminó a lo largo de la avenida frente al Jardín de las Tullerías, situado junto al Museo de Louvre. Al igual que el día anterior, se encaminaba hacia la estación para combinar el metro y el tren e ir al Centro Comunitario de París. Quería saber cómo se movilizaban los miembros para hacer las actividades del kosen-rufu.

Después de bajar las escaleras del metro y entrar a la estación de las Tullerías, dijo a los líderes que lo acompañaba: –Ya que hoy tendrá lugar la 1.ª Conferencia de la División de Jóvenes, me gustaría dedicarles un poema para que puedan realizar su nuevo despegue. ¿Por favor, podría alguno de ustedes tomar nota?

Shin’ichi quería aprovechar al máximo cada instante para propulsar el kosen-rufu. Así fue que estando en la plataforma del metro comenzó a dictar los siguientes versos:

Te levantas hoy
como pionero de este noble
y grandioso movimiento del kosen-rufu,
decidido a perpetuar la Ley
hasta el futuro distante.Te has puesto de pie
sosteniendo en alto la bandera de la justicia,
emblema de vida, libertad y justicia.

El siglo XXI te pertenece.
El siglo XXI es tu escenario.

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Shin’ichi continuó dictando su poema incluso mientras se trasladaban en tren. Quien tomaba nota hacía correr la pluma sobre la libreta concentrando todo su ser.

En la estación de Châtelet, la tercera desde las Tullerías, hicieron el trasbordo a la línea RER B. Las palabras seguían fluyendo de Shin’ichi mientras estaban en el pasillo rodante e incluso en el andén cuando esperaban la llegada del tren:

La sociedad de hoy,
como sol del ocaso,
se desvanece en la negrura del caos.
Es momento
de hacer resonar nuestro canto,
de pulsar nuevas melodías de paz y cultura
como espléndido sol naciente,
que a todo vivifica en su ascenso.
Y, mientras expandimos nuestro círculo humano
abrazando a un sinfín de nuevos amigos,
alumbrando el corazón de todos,
haciendo revivir la alegría en todos,
—al anciano, a quien sufre, al que busca algo en la vida,
a aquel que está sumido en el dolor—,
sigamos avanzando sin cesar.

Shin’ichi evocó a los jóvenes luchando orgullosamente por el kosen-rufu en el nuevo siglo y agregó:

El nuevo mundo espera con ansia
tu llegada,
montando un corcel bizarro,
esgrimiendo amor compasivo en la mano derecha,
y filosofía en la mano izquierda.

Al poco de hacer el transbordo, Shin’ichi terminó de dictar. Habrían sido unos diez minutos. Quien tomó nota pasó en limpio de inmediato. Shin’ichi releyó el texto e hizo algunos retoques.

En ese momento, escuchó a alguien que lo llamaba: «¡Sensei!».

Frente a ellos vieron a tres jóvenes. Eran miembros que venían de la región de Bretaña, a varios cientos de kilómetros de la capital y estaban camino al Centro Comunitario de París.

–¿Han viajado desde tan lejos? ¡Muchas gracias! ¿No están cansados por hacer un trayecto tan largo? –les dijo Shin’ichi. Eran palabras que nacía de la preocupación que sentía permanentemente por los jóvenes.

La juventud es esperanza; es el tesoro de la sociedad.

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Entre los tres jóvenes, había una miembro de la División Juvenil Femenina quien dijo: –Conocí el budismo hace un año, y soy la única que practica el budismo Nichiren en mi ciudad. Además, debo viajar muchas horas para llegar a las reuniones de diálogo. Lo que me preocupa es si en estas condiciones realmente podré lograr la comprensión del budismo en el lugar donde vivo.

–No tiene por qué preocuparse, la sola presencia suya es suficiente, –dijo Shin’ichi sin titubear. Todo comienza a partir de una persona, inspirando afecto y ganándose el cariño de la gente. Aquí yace la clave. Si hay un árbol alto y frondoso, las personas se reunirán bajo sus ramas buscando sombra para protegerse del ardiente sol o para refugiarse de la lluvia. De manera similar, si usted, que practica el budismo, se convierte en alguien de confianza, la gente verá el budismo positivamente. Espero que sea alguien así; una presencia que sea como un árbol exuberante y alto que resguarde su comunidad.

Cuando el tren llegó a Sceaux, la estación más cercana al Centro Comunitario de París, el poema estaba totalmente terminado. Lo tituló «A mis queridos jóvenes amigos de Francia que abrazan la Ley Mística». No bien llegaron al centro, los miembros se pusieron a traducir.

Shin’ichi se reunió con Eiji Kawasaki, el presidente de la Conferencia Europea y otros líderes para deliberar. En dicha ocasión, les sugirió: «Ya que hoy se realizará la Primera Conferencia de Representantes de la División Juvenil, ¿qué les parece si hacen de esta fecha el Día de la División Juvenil de Francia? Si están de acuerdo, me gustaría que el señor Kawasaki hiciera esta propuesta durante el encuentro.

Para ese día, se programaba realizar en el Centro Comunitario de París la segunda sesión del festival cultural de amistad y la Conferencia Ejecutiva de Francia. A partir de las 17:30, se dio apertura a un animado encuentro juvenil, en cuya ocasión, Kawasaki propuso designar el 14 de junio como el Día de la División Juvenil de Francia, sugerencia que todos aprobaron con un gran aplauso.

Luego, el líder de la División Juvenil Masculina dio lectura al poema compuesto por Shin’ichi. La enérgica voz del joven resonó en la sala. Los miembros creyeron escuchar en aquellos versos el clamor del corazón de Shin’ichi.

Campanadas del amanecer 50

Los ojos de los jóvenes resplandecían, y sus corazones rebosaban de la determinación de emprender la travesía hacia la nueva centuria.

¡A ustedes, mis queridos amigos,
a los doscientos jóvenes congregados hoy aquí!
¡Quiero verlos alzarse en la cumbre
de la segunda fase del kosen-rufu de Francia,
lanzando vítores clamorosos,
elevando sus voces en un canto triunfal!
¡El día hacia el cual han de dirigir sus esfuerzos,
el día de la meta es
el 14 de junio de 2001!

Por un instante hubo un silencio total… Y, enseguida, la sala estalló en aplausos que expresaban la emoción y el firme compromiso de los presentes.

El año 2001 quedó grabado con letras indelebles en la mente de todos los jóvenes como la fecha meta hacia la cual dirigir su lucha por el kosen-rufu y realizar sus desafíos personales.

Cuando trazamos objetivos, en el firmamento de nuestro porvenir brilla el sol y sale un hermoso arcoíris de esperanza. Cuando contamos con un propósito en la vida, nuestros pasos se hacen firmes y seguros.

Shin’ichi se unió a los participantes para una foto grupal, celebró la ocasión y alentó a los jóvenes en su nueva partida.

–Ante todo, avancen avizorando los próximos veinte años —dijo—, que sean veinte años de esfuerzo tesonero para crecer y desarrollar sus capacidades y fortaleza con las cuales contribuir a la felicidad de la gente y a la paz del mundo. Y para ser victoriosos en su cometido, la clave está en no ser derrotados por las propias debilidades.

»“Solo perseverando se logra el objetivo”.5 Así describía Schiller el secreto para triunfar en la vida.

En París también Shin’ichi dedicó su mayor energía y tiempo a las conversaciones informales con los miembros acerca de la fe. En especial trató de aprovechar al máximo diferentes oportunidades para dialogar con los jóvenes sobre los conceptos básicos de la fe y la dignidad con que debían conducirse en la vida como practicantes del budismo.

Shin’ichi deseaba que todos fueran grandes líderes del siglo XXI. Por eso encaraba cada conversación con infinita seriedad, volcando todo de sí mismo.

Durante uno de estos encuentros, dijo: –El budismo Nichiren enseña que todos ustedes son Bodisatvas de la Tierra, personas que poseen la noble misión de realizar el kosen-rufu. Cuando tomen conciencia de esa misión, lograrán extraer su máximo potencial.

  • *1The Writtings of Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2006, vol. 2, pág. 843.
  • *2MONTAIGNE, Michel de: Ensayos completos, traduc. por Juan G. de Luaces, Barcelona: Editorial Iberia, S.A., 1968, pág. 158.
  • *3Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 826.
  • *4HUGO, Víctor: Noventa y tres, México: Editorial Porrúa S.A., 1990, pág. 257.
  • *5SCHILLER, Friedrich: «Spruch des Konfuzius» (Un dicho de Confucio), en Die Gedichte (Los poemas), editado por Jochen Golz, Frankfurt am Main: Insel Verlag, 1999, pág. 475.