Volumen 30:
Capítulo 2, En espera del momento 21–30

En espera del momento 21

Entre los miembros a quienes Shin’ichi brindó aliento, había una pareja que venía de la ciudad de Saku: Wataru y Shizu Yanagisaka. Habían acudido al Centro de Conferencias de Nagano cada día para mantener sus jardines y lo estaban haciendo incluso ahora que Shin’ichi permanecía allí.

Wataru Yanagisaka, que tendría alrededor de sesenta años, se dedicaba a hacer el diseño de parques y jardines. Shin’ichi les dijo a él y a su esposa Shizu: «El ánimo con que ustedes cuidan este Centro de Conferencias es igual al mío».

»Mi deseo es que este lugar sea un sitio donde todos aquellos que lo visiten puedan cobrar fuerzas y profundizar su fe, donde graben maravillosos recuerdos y regresen con decisiones renovadas para seguir impulsando el kosen-rufu.

»Por eso es importante proporcionar un inspirador ambiente y un entorno bien acondicionado. Ustedes han asumido por iniciativa propia esa gran responsabilidad. Y esto es realmente admirable.

»En vista de la ley de causa y efecto que expone el budismo, es seguro que todos sus esfuerzos generarán buena fortuna y beneficios ilimitados. Les pido que cuiden siempre su salud y que sigan resguardando este Centro de Conferencias».

Eran casi las cuatro de la tarde cuando terminó la última toma de fotografías. Ese día, más de tres mil miembros, repartidos en unos treinta grupos, se habían posado junto a Shin’ichi.

Él se dirigió a los jóvenes voluntarios que se habían encargado de los preparativos y el desarrollo de las sesiones de fotos: «¡Muchas gracias! Los participantes estaban muy contentos. Y todo ha sido gracias a ustedes».

Luego, le dijo al responsable de la División Juvenil Masculina de la prefectura de Nagano, quien había supervisado la actividad desde los planes para acondicionar el aparcamiento hasta la coordinación de las sesiones en sí: «Jamás olvidaré la imagen de ustedes que, cubiertos de barro y en medio de la lluvia, se esmeraban para dejar en condiciones el terreno lleno de matorrales.

»Trabajar con dedicación por la felicidad de los compañeros de fe. De eso se trata la lucha que compartimos.

»En el transcurso de la existencia, puede que suframos fracasos y reveses. Pero, así y todo, tienen que seguir adelante. Sea cual sea la situación en que se encuentren no se alejen nunca de la organización ni dejen de esforzarse en bien de los miembros y del kosen-rufu.

»No busquen cosechar elogios o ser reconocidos por los demás. En cambio, tengan la plena confianza de que los budas y las deidades celestiales son conscientes de sus esfuerzos y no desistan en la lucha por el kosen-rufu. Esa es una muestra de auténtica valentía.

»Cuando lo hagan, verán resplandecer al máximo su potencial y llegarán a ser supremos vencedores en la vida.

»Estaré siempre velando por todos ustedes».

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El 27 de agosto, Shin’ichi partió del Centro de Conferencias de Nagano para visitar el Centro Cultural de Komoro. Allí también se reunió con unos trescientos miembros para tomarse fotografías grupales, que se hicieron en tres sesiones. Posteriormente, hizo el gongyo y mantuvo una conversación informal con los representantes.
Shin’ichi enfatizó sobre la importancia de entonar el daimoku ante todo y esforzarse con una fe valerosa y constante.

Eran casi las nueve de la noche cuando retornó al Centro de Conferencias.

El 28, su último día en Nagano, participó en unas diez sesiones de fotos más con los miembros que visitaron el Centro, además de dialogar con pequeños grupos y visitar la casa de uno de los pioneros. En una de las conversaciones, Shin’ichi le dijo al responsable de la prefectura de Nagano, Takashi Saida: «El Centro de Conferencias de Nagano se encuentra en un sitio muy favorable donde el verano es fresco y se puede apreciar hermosos paisajes. Aquí se congregarán los miembros del Japón y del mundo, y se realizarán muchos cursos de capacitación. Será un lugar al que todos querrán visitar.

»Me gustaría, por lo tanto, que la Soka Gakkai de Nagano a la que pertenece este Centro aspire también a construir una organización que se destaque en el mundo como modelo de armonía y por la gran cordillera de valores humanos que posee. De modo que sus compañeros de todo el orbe digan: “¡Sigamos el ejemplo de fe de nuestros pares de Nagano!”.

»Y la única manera de lograrlo es a través de la unión. A través de unir los corazones de los camaradas de Nagano en torno a la causa del kosen-rufu, haciendo relucir, al mismo tiempo, las características particulares de cada localidad al máximo. Para ello, es vital que usted, como responsable de la prefectura, se dedique con todas sus fuerzas a trabajar por la felicidad de sus compañeros. Ellos se mostrarán solidarios con su propósito cuando sientan que son genuinas su preocupación y su entrega al bienestar de los miembros. Así es como nace la unión.

»Nadie sigue a un líder indolente e irresponsable. Por lo tanto, es imposible la unión. Además, no sería justo para los miembros que alguien así esté en el liderazgo. La gente confiará en usted viendo la sinceridad y la seriedad de su disposición… Por favor, continúe dando todo de sí mismo».

La forja de valores humanos empieza depositando, día tras día, semillas de ánimo e incentivo en los corazones de las personas. Durante su permanencia en Nagano, Shin’ichi quería transmitir esto a través de su propio proceder. Porque no hay mejor «manual» como la acción cuando se quiere formar a las personas.

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El 28 de agosto, Shin’ichi regresó a Tokio terminando así los nueve días de entrega total en Nagano, donde se dedicó incansablemente a brindar aliento a los miembros.

Su viaje a esta prefectura marcó un trascendental y nuevo comienzo en el avance del kosen-rufu en Nagano y la historia de la Soka Gakkai. Sin embargo, sus actividades no tuvieron una cobertura adecuada en las páginas del Seikyo Shimbun, en cuya segunda plana aparecía ocasionalmente una nota de tan solo unas líneas referentes a sus visitas a las casas de los miembros pioneros.

Shin’ichi volvió a visitar el Centro de Conferencias de Nagano los siguientes dos años y generó una nueva corriente del kosen-rufu a partir de ese lugar.

Los cursos de capacitación que se realizaban en dicho establecimiento fueron adquiriendo una mayor magnitud y enriqueciendo su contenido.

Se llevaron a cabo capacitaciones por regiones y divisiones, además de cursos de la SGI y reuniones nacionales ejecutivas.

En ocasiones, Shin’ichi participaba en esas actividades invitado por los miembros y los acompañaba en las diferentes sesiones con ánimo exultante. Estos cursos se convirtieron en una nueva tradición de la organización y una fuerza motriz para la expansión del kosen-rufu.

El Centro de Conferencias de Nagano también recibió a diversos pensadores y académicos del mundo, y fue escenario de los diálogos e intercambios enfocados en la paz, la educación y la cultura. Entre ellos el escritor kirguís Chinguiz Aitmátov; el profesor de Filosofía de la Universidad de Delaware, David Norton; el erudito estadounidense, Dayle M. Bethel; el presidente y el expresidente de la Asociación John Dewey, Jim Garrison y Larry Hickman; el presidente de la Universidad Normal del Sur de China, Yan Zexian; y el director del Gandhi Smriti y Darshan Samiti, N. Radhakrishnan de la India.

Karuizawa [donde se sitúa el Centro de Conferencias] es el lugar en que Shin’ichi había jurado, como joven sucesor de Josei Toda, registrar y transmitir a la posteridad los logros de su maestro y los valores espirituales que lo guiaron. Y ahora se había convertido además en fuente de energía para un nuevo desarrollo y creatividad.

Fue también en este Centro de Conferencias de Nagano donde Shin’ichi comenzó a escribir la novela en serie La nueva revolución humana, el 6 de agosto de 1993.

Los miembros de Nagano apreciaron sus encuentros y las luchas compartidas con Shin’ichi en este Centro como su mayor orgullo y se desafiaron con brío para abrir grandes caminos del kosen-rufu en sus comunidades. El orgullo del mentor y discípulo que trabajan unidos como uno solo se transforma en un invencible espíritu de lucha, un faro de valentía y una poderosa fuerza para la victoria.

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Shin’ichi Yamamoto continuó visitando a los compañeros que, durante muchos años, habían realizado importantes contribuciones al desarrollo del kosen-rufu en sus respectivas comunidades. El 15 de setiembre, el Día del Respeto a los Mayores en Japón, fue a ver a algunos miembros pioneros de la ciudad de Komae, situada en la zona oeste de Tokio. También mantuvo allí una grata conversación con un matrimonio y con su familia, y se tomó una fotografía con ellos. Era la trigésima casa que visitaba desde el mes de mayo. Se dirigió además al Centro Cultural de Komae y brindó palabras de aliento a quienes se encontraban en dicho local ese día.

Cinco años atrás, en setiembre de 1974, el tifón Polly había causado el desborde del río Tama, y diecinueve viviendas de la ciudad de Komae habían sido arrasadas. En cuanto escuchó la noticia, Shin’ichi se había puesto inmediatamente en contacto con los responsables de la organización de Tokio para estar informado y ofrecer instrucciones, y había orado con fervor para que la tragedia no causara pérdidas de vidas.

Ahora Komae y la ciudad vecina de Chofu se estaban desarrollando como zonas residenciales, y la población estaba en constante aumento.

Mientras contemplaba los campos cultivados y las casas recién construidas, Shin’ichi le dijo a uno de los miembros que lo acompañaba: «El área Tokio 2 es un nuevo escenario del kosen-rufu. Tiene un futuro promisorio. Espero que los miembros escriban en este lugar una historia inédita de triunfos trabajando juntos».

El kosen-rufu es una empresa de envergadura y alcance sin precedentes, implica un arduo esfuerzo para abrir rutas donde no hay caminos. Para lograrlo, cada uno debe tener una actitud emprendedora y proactiva en la fe, tomando la iniciativa sin depender de nadie. Uno siente gran alegría cuando participa en las actividades estableciendo sus propias metas y trabajando activamente para concretarlas.

Asimismo, es importante armarnos de valor día tras día para superar nuestras limitaciones a la vez que asumimos nuevos retos. Los desafíos son la fuerza motriz para el desarrollo y crecimiento.

El escritor Saneatsu Mushanokoji (1885-1976), que amó la región de Musashino [parte del área Tokio 2] y pasó sus últimos años en la ciudad de Chofu, escribió:

Yo siempre pienso:
¡Un paso más!
Este es el momento decisivo.
¡Un paso más!

Dar un paso hacia adelante… La acumulación constante de esos pasos generará cambios en nuestras vidas, en nuestras comunidades y en nuestra sociedad.

Shin’ichi estaba feliz ante todo de poder dedicar tiempo suficiente a brindar orientaciones personales —algo que había anhelado desde hace mucho— y conversar extensamente con los miembros. El verdadero deleite de las actividades de la Soka Gakkai se encuentra en medio de esos continuos y abnegados esfuerzos.

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Como fundador de la Universidad Soka, las Escuelas Soka de Segunda Enseñanza Básica y Superior, y la Escuela Soka de Enseñanza Primaria de Tokio, Shin’ichi hizo también todo lo posible para asistir a los diferentes actos y eventos. Había decidido que la labor educativa sería la empresa con la que coronaría su vida, y sentía que era el momento de entregar sus mayores esfuerzos.

En setiembre [1979], fue con un grupo de alumnos de la Universidad Soka y de las escuelas Soka a un huerto de la ciudad de Kunitachi para recoger peras asiáticas.

En otra ocasión, se tomó fotografías con los estudiantes del programa de educación a distancia que estaban asistiendo a las clases presenciales de otoño en la Universidad Soka. Sabía lo difícil que era estudiar y trabajar a la vez, porque él también se había desafiado a ello cuando era joven.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Shin’ichi se graduó en la Escuela Superior de Comercio Toyo (hoy, Escuela de Segunda Enseñanza Superior Toyo) e ingresó en el Taisei Gakuin, ambos en el turno vespertino. Desde enero de 1949, al año de empezar sus estudios en el Taisei Gakuin, empezó a trabajar en la compañía editorial de Josei Toda. En otoño de ese mismo año, los negocios se vieron afectados por la recesión económica de la posguerra. Shin’ichi pasó sus días poniendo en orden los papeles para la liquidación de la empresa por lo que debió interrumpir sus estudios. Para compensarle de alguna manera, Toda comenzó a darle clases particulares intensivas sobre las más diversas disciplinas, formación que Shin’ichi llamó la «Universidad Toda».

Cuando habían pasado unos seis años desde su asunción como tercer presidente de la Soka Gakkai, el Instituto Superior Fuji (actualmente, Universidad Fuji de Tokio), como se denominó posteriormente el Taisei Gakuin, sugirió que presentara trabajos de las asignaturas que había tomado anteriormente para obtener su certificado de graduación. Shin’ichi decidió hacerlo con el deseo de responder a la consideración del personal del Instituto y expresar su agradecimiento al ya fallecido presidente del Taisei Gakuin Yumichi Takata, quien había sido uno de sus docentes.

En aquel entonces, Shin’ichi estaba extremadamente ocupado viajando no solo por todo el Japón sino también a ultramar, además estaba escribiendo la novela La revolución humana. Pero compró los libros que necesitaba y buscó el tiempo para estudiarlos en las horas de traslado, entre reuniones y demás actividades. Finalmente, logró completar los diez trabajos que le habían solicitado, entre ellos, uno de historia económica que tituló «Establecimiento del capital industrial en Japón y sus características».

Por su experiencia, Shin’ichi era consciente de los desafíos que enfrentaban los integrantes del programa de educación a distancia. Así y todo, no quería que ninguno se diera por vencido en sus estudios. Deseaba que todos persistieran hasta graduarse y conseguir su título.

Un refrán de Asia Central dice: «El hierro es forjado en el fuego, y las personas, en las adversidades».

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El desarrollo de la juventud hace que el futuro se presente lleno de brillo y esperanza.
Durante su visita a la Universidad Soka en el mes de setiembre, Shin’ichi se tomó fotografías con los integrantes de los equipos de rugby, béisbol y tenis de mesa.

En octubre, dio unas palabras en la ceremonia de clausura del evento deportivo, en cuya oportunidad instó a los estudiantes a cimentar las bases de su formación durante la época universitaria para poder encarar los numerosos desafíos que enfrentarán en la sociedad.

A fin de llevar una vida creadora de valores es preciso tomar conciencia de la noble misión que poseemos. Y, para cumplir esa misión, es indispensable tener una sólida base.

Shin’ichi participó también en los eventos de la Escuela Soka de Enseñanza Primaria de Tokio como el encuentro deportivo y compartió una jornada con los niños cosechando batatas del huerto escolar.

Visitó el dormitorio de las Escuelas Soka de Segunda Enseñanza Básica y Superior y conversó con sus residentes y con los estudiantes que viven en pensiones fuera del predio. Les expresó su deseo de que cada uno se convierta en una presencia luminosa. Al decir «presencia luminosa», manifestó, se refería a una persona que brinde su cálido apoyo a los demás y que imparta esperanza y valentía a la gente.

El 2 de noviembre, asistió al Festival de la Universidad Soka y el día 3, a la reunión anual del Soyu-kai, la Asociación de Graduados de la Universidad Soka.

Shin’ichi tenía la gran expectativa y seguridad de que los egresados de la Universidad Soka y de las escuelas Soka desplegarían sus alas y emprenderían vuelo hacia los cielos del siglo XXI, para trabajar por la felicidad de los semejantes y por el logro de la paz mundial. Se sentía animado y revitalizado siempre que los veía desafiarse en su desarrollo personal y comprobaba su gran crecimiento.

Uno de los participantes de la reunión del Soyu-kai declaró con voz resuelta: «Sensei, nosotros hemos afianzado nuestra convicción de que ya acabó la época en que tan solo le expresábamos nuestras decisiones a usted. Es hora de informarle nuestros resultados y presentarle lo que hemos conseguido. Porque pensamos que esa es la manera en que un discípulo se pone de pie».

Esbozando una sonrisa, Shin’ichi respondió: «Ya veo. Me alegra mucho escuchar eso. Por favor, continúen allanando el camino con el espíritu de ser todos fundadores de esta institución. Esta es la orgullosa tradición de la educación Soka».

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El 16 de noviembre [1979], se llevó a cabo en el Auditorio en Memoria del Presidente Toda, situado en Sugamo, en el distrito municipal de Toshima, la reunión de la sede central para responsables, en conmemoración del cuadragésimo noveno aniversario de la fundación de la Soka Gakkai.

En Toshima, había estado el Centro de Detención de Tokio, donde Tsunesaburo Makiguchi y Josei Toda fueron encarcelados por las autoridades militares en tiempos de guerra, y donde Makiguchi falleció en defensa de sus convicciones.

El Auditorio, que acababa de construirse en el mes de junio, se ubica cerca del sitio donde originalmente se encontraba la prisión y fue edificado como un monumento para eternizar la dedicación incondicional con que los dos presidentes lucharon decididos a propagar la Ley.

Shin’ichi, imposibilitado de asistir a los encuentros y ofrecer orientaciones, se había abstenido de participar en la ceremonia de apertura. No obstante, había visitado el nuevo auditorio el día anterior para encomiar y agradecer los esfuerzos de aquellos que habían trabajado arduamente en los preparativos, brindando palabras de aliento a quienes estaban en el establecimiento.

A partir de entonces, se había dirigido en varias ocasiones a este centro y se había encontrado con miembros de Toshima y del distrito municipal vecino de Kita, así como también con los representantes de distintas partes del Japón que lo visitaban.

Shin’ichi estaba decidido a crear una corriente victoriosa del kosen-rufu en Tokio a partir de Toshima, el lugar donde Makiguchi había dado la vida por la Ley Mística.

La firme determinación de luchar permite a uno realizar su propósito bajo cualquier circunstancia. Aun tras las rejas hay manera de hacerlo. Cuando estuvo encarcelado, Makiguchi siguió sosteniendo las convicciones y las enseñanzas que enarbolaba la Soka Gakkai incluso durante los interrogatorios.

Nichiren Daishonin escribe: «Cuando ocurre un gran mal, sobreviene un gran bien».1 La muerte de Makiguchi en la prisión significó un «gran mal», pero dio paso a un «gran bien» al abrir el camino hacia el desarrollo triunfal del kosen-rufu.

Sin embargo, no podremos generar cambios siendo tan solo espectadores. Necesitamos la inamovible decisión y el compromiso de transformar el gran mal en un gran bien y emprender acciones valerosas hacia ese fin. Nuestra determinación y nuestros esfuerzos concretos harán realidad las palabras del Daishonin.

Shin’ichi había empezado una contienda en la que se volcaría por entero a abrir caminos, aun en medio del complot que trataba de restringir sus actividades y destruir a la Soka Gakkai, la organización que estaba trabajando por el kosen-rufu exactamente de acuerdo con la intención del Buda.

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La reunión de la sede central [en el Auditorio en Memoria del Presidente Toda] que tuvo lugar el 16 de noviembre celebraba el cuadragésimo noveno aniversario de la fundación de la Soka Gakkai, y Shin’ichi quería participar en ella, aunque sea brevemente, para iniciar junto con los miembros una nueva partida con destino al kosen-rufu.

Ingresó al salón a mitad del encuentro. La mayoría de los asistentes veía a Shin’ichi después de mucho tiempo, y todos estallaron en aplausos de alegría al notar su presencia.

En lugar de dar un discurso, Shin’ichi se quitó la chaqueta y se detuvo en el centro del escenario con un abanico en mano.

«Hoy, quisiera dirigir una canción de Gakkai. ¡Cantemos “Ifu Dodo no Uta” (Canto de la dignidad intrépida)!».

Era la primera vez que lo hacía luego de haber renunciado como presidente de la Soka Gakkai.

Nuevamente, se escucharon aplausos atronadores.
El discurso no es la única manera de ofrecer orientación y brindar aliento. Toda lucha requiere sabiduría, ingenio y creatividad. Por muchos límites que nos impongan, si mantenemos un compromiso inquebrantable por el kosen-rufu, nada obstruirá nuestro camino. Shin’ichi estaba decidido a levantar el ánimo de sus compañeros dirigiendo una canción.

En cuanto comenzaron a resonar los primeros acordes enérgicos, los presentes empezaron a palmotear con alegría y entusiasmo.

Nosotros, los miembros de la Soka Gakkai,
abrimos caminos en este mundo turbulento…

Shin’ichi marcó el ritmo con dignidad e intrepidez, tal como exalta la canción, con movimientos que evocaban el vuelo de una majestuosa águila.

En su interior clamaba a sus compañeros de Tokio, y a todos sus camaradas, que se pusieran de pie, que emprendieran la acción.

Había señores que batían las palmas con fuerza siguiendo el compás, damas que cantaban de todo corazón con lágrimas en sus ojos, integrantes de la División Juvenil Masculina con un apasionado afán de lucha en sus miradas y jóvenes de la División Juvenil Femenina que se sumaban con rostros radiantes de júbilo.

Todos estaban en perfecta armonía, sus vidas parecían haberse fusionado en una sola. Ese día, en medio de las tempestades adversas, se inició desde Tokio un renovado impulso hacia la victoria.

El budismo recalca la importancia de vencer. Por consiguiente, es nuestro destino y misión salir triunfantes en cada contienda que acometemos por el kosen-rufu, sean cuales fueren los obstáculos que encontremos en el trayecto.

Los campeones del kosen-rufu son vencedores en la vida y conquistadores de la felicidad. Cada vez que logramos escalar una montaña en nuestra travesía del kosen-rufu, hacemos brillar con más dicha y plenitud nuestro sol interior.

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Día tras día, Shin’ichi siguió entablando diálogos con representantes de las diferentes regiones y divisiones, brindándoles guías y palabras de aliento en los diversos establecimientos de la organización como el Centro de Conferencias de Kanagawa en Hakone y el Centro Cultural de Shinjuku en Tokio.

La Soka Gakkai continuaba siendo atacada por algunas revistas sensacionalistas y otros medios de comunicación que divulgaban informaciones falsas y tergiversadas. Pero Shin’ichi, con serenidad y firmeza como el sol que avanza sin alterar su rumbo, prosiguió sus esfuerzos para alentar a los miembros y ofrecerles orientaciones personalmente.

Nada conmueve tanto como ver que las personas a quienes hemos brindado nuestro aliento toman nuevas decisiones en la fe, enfrentan y superan los obstáculos kármicos que se interponen en su camino y hacen resonar un canto triunfal en sus vidas.

Shin’ichi trataba también de buscar tiempo para hablar con la juventud. En una oportunidad, cuando conversaba con varios responsables de la División Juvenil Masculina (DJM) y de la División de Estudiantes en el Centro Cultural de Kanagawa, en Yokohama, les preguntó: «Han pasado más de seis meses desde que la Soka Gakkai emprendió su nueva partida. ¿Cómo están los jóvenes? ¿Están todos con buen ánimo?».

Un líder de la DJM respondió: «Sí. Se están esforzando. Aunque están tristes de que usted haya dejado de dar orientaciones en los encuentros».

«Si es así —replicó Shin’ichi sin hacerse esperar— ustedes tienen que ponerse en acción. De lo contrario, serían tan solo espectadores de los acontecimientos y no, protagonistas. Los jóvenes deben decidirse a asumir la total responsabilidad en cualquier situación y ser la fuerza impulsora del desarrollo y el avance».

El responsable de la DJM con expresión perpleja agregó: «Nosotros proponemos ideas para nuevas actividades, pero la División de Señores generalmente no nos da su aprobación».
Esbozando una sonrisa, Shin’ichi dijo: «En mayor o menor medida, eso ocurre en cualquier organización y en la sociedad. Los jóvenes ofrecen nuevas ideas y planes, y los mayores se oponen a ellas.

»Ellos poseen una amplia experiencia en la vida. Han establecido una serie de principios y criterios a partir de sus vivencias y tienden a considerar todo a través de este prisma.

»Y gracias a la sabiduría acumulada con los años, sus decisiones suelen ser acertadas. Sin embargo, esto mismo hace que reaccionen de manera negativa frente a todo aquello que no les resulta familiar. Asimismo, cuando los tiempos cambian drásticamente, esa perspectiva basada en la experiencia no llega a surtir efecto como antes. Si ellos no pueden percatarse de esta realidad, es posible que se equivoquen al emitir sus juicios.

»Los líderes de la División de Señores tienen que ser conscientes de este punto y prestarse a escuchar las opiniones de la juventud».

En espera del momento 30

Shin’ichi prosiguió: «Es preciso que ustedes, que son líderes de la División de Jóvenes, desarrollen su capacidad de persuasión para lograr que los responsables de las divisiones Femenina y de Señores respalden sus ideas.

»Tienen que saber explicar claramente, y de manera ordenada y coherente, dónde está la importancia de sus propuestas y cuáles son sus fundamentos; por ejemplo, presentando datos y citando casos concretos. Si lo que dicen es razonable, nadie podrá negárseles. Nichiren Daishonin declara: “El budismo es razón; la razón triunfará sobre su amo”.2 Para cultivar este poder de convencimiento, la mejor forma es compartir el budismo con los demás.

»La ardiente pasión tan propia de la juventud también desempeña un papel vital. Cuando los jóvenes sucesores muestran una sincera disposición y entusiasmo por emprender algo nuevo, ese fervor naturalmente inspira a otros a brindarles apoyo. Una situación cambia drásticamente cuando logramos mover el corazón de las personas.

»Además, es esencial que dejen un registro de éxitos fehacientes. Si sus planes y propuestas son innovadoras y dan un renovado impulso a nuestro movimiento, la gente estará dispuesta a escucharlos. En otras palabras, los resultados positivos generan confianza.
»Y no se den por vencidos ni tampoco se sientan desalentados si alguna de sus ideas no es aceptada en el momento. Si creen que lo que proponen es realmente necesario e importante, examinen los defectos o los problemas que les han señalado, corríjanlos y continúen presentando sus sugerencias. Esto requiere de un esfuerzo tenaz».

Estas palabras de Shin’ichi surgían de su propia experiencia. En marzo de 1954, él había asumido como responsable del cuerpo directivo de la División de Jóvenes, una nueva posición que se encargaría de planificar y supervisar las actividades de la organización. Al principio, la junta directiva expresaba sus dudas sobre casi todas las proposiciones que él hacía. Los encuentros deportivos de las divisiones juveniles —evento precursor de los festivales culturales por la paz— tampoco fueron recibidos con agrado en un comienzo.

Pero al llevarse a cabo a través del tiempo y ganarse la aceptación de la gente, se convirtieron en una de las actividades que constituyen el sello distintivo de la Soka Gakkai. Había sido una victoria obtenida con el poder de la juventud.

  • *1Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 1165.
  • *2Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio: Soka Gakkai, 2008, pág. 880.