Parte 2: La revolución humana
Capítulo 18: El budismo es una filosofía dialógica [18.4]

18.4 El primer paso para la transmisión del budismo es orar por la felicidad de los demás

En un análisis sobre la práctica del shakubuku,1 destacada por Nichiren Daishonin en sus escritos, el presidente Ikeda explica en términos contemporáneos la esencia de dialogar sobre el budismo como miembros de la Soka Gakkai, y el «beneficio de responder con alegría cuando se escucha la Ley», un concepto mencionado en el Sutra del loto.

El shakubuku es la acción de transmitir una verdad a otros. Ya que el Sutra del loto enseña la verdad del budismo, se lo conoce como la «enseñanza del shakubuku».2

Hoy, en el Último Día de la Ley, todos nuestros esfuerzos por transmitir y compartir la grandeza de Nam-myoho-renge-kyo —esencia del Sutra del loto— constituyen la práctica del shakubuku.

Pero el shakubuku no es entrar en disputas con la gente. Dialogar con los semejantes sobre la Ley Mística es un acto de benevolencia.

Y es muy importante hacer daimoku para que esas personas a quienes les hablamos del budismo comprendan correctamente nuestra sincera intención. El daimoku u oración, son lo que genera sabiduría y lo que infunde convencimiento y júbilo. Es difícil compartir los principios del budismo con otros, pero cuando tenemos presente que esa acción guía a la felicidad no solo a la persona a quien le transmitimos la Ley sino también a nosotros mismos, sentimos que no hay nada que pueda causarnos mayor regocijo.

El maestro Toda a menudo decía: «Transmitir el budismo a los demás no debería ser algo desagradable o sacrificado. Al contrario, es una actividad que hay que hacer con alegría».

Puede que algunos de sus interlocutores, habiendo escuchado sobre el budismo, decidan de inmediato comenzar a practicar. Otros quizá respondan con menos entusiasmo. Pero no se preocupen por esto. En ambos casos, su sincera oración por el prójimo y la bondad con que transmitan esta filosofía dará lugar a enormes beneficios. Y precisamente porque esta tarea es tan difícil, les permite activar su sabiduría interior y crecer como personas. Cuando uno siembra semillas, tarde o temprano las plantas florecen.

La clave está en dialogar positiva y alegremente con las personas, sintiendo agradecimiento y orgullo de estar obrando como emisarios del Buda.

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El amor compasivo no es tener lástima de la gente menos favorecida, asumiendo un lugar de superioridad. Lejos de ello, es un sentimiento igualitario, ajeno a los privilegios jerárquicos, que involucra una genuina empatía hacia otro ser humano a quien consideramos un igual. Y la base del amor compasivo es el respeto.

La esencia del shakubuku, o transmisión de la Ley Mística a otros, implica un encuentro donde dos personas, como pares y congéneres, debaten y buscan juntos la verdad, descubriendo una forma de vivir más auténtica y significativa.

En su tratado Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, el Daishonin dice que el «anfitrión» que invita a dialogar al «huésped» es como un «amigo en el salón perfumado de orquídeas».3 En una sala llena de orquídeas, la dulce fragancia de las flores penetra y perdura en las ropas de sus ocupantes. De la misma manera, nuestros diálogos sobre el budismo deberían impregnar a los demás con la dulce fragancia del amor compasivo.

Dar a conocer el budismo a alguien no significa imponer nuestras creencias, ni es algo que debamos hacer en bien de la organización. En cambio, es un acto de supremo respeto, porque implica reverenciar la budeidad innata de la otra persona.

El maestro Toda a menudo decía: «La esencia del shakubuku es la profunda empatía». La base es el amor compasivo. Jamás tratemos de propagar el budismo discutiendo con la gente, ni imponiendo nuestras ideas o adoptando una postura de confrontación.

Si uno interrumpe al otro o insiste en sus propias conclusiones, eso no es diálogo. Se debe tener suficiente amplitud de miras y escuchar con paciencia, sin ponernos a objetar cada vez que el otro menciona aspectos con los cuales no estamos de acuerdo. Si conversamos con una postura abierta y tranquila, nuestro interlocutor se sentirá a gusto y dispuesto a escuchar lo que tengan que decir.

En este sentido, los budas son verdaderos maestros del diálogo. Shakyamuni y el Daishonin fueron, sin duda alguna, personas cuya presencia, por sí sola, infundía alegría y tranquilidad a todos. Por eso la gente estaba deseoso de escucharlos.

Cierto sutra narra la siguiente anécdota sobre Shakyamuni.4 Un hombre llamado Upali, seguidor de la religión jainista, intentó vencer al Buda en un debate. Pero la sabiduría y la personalidad de este último lo cautivó tanto, que solicitó unirse a la comunidad budista.

No obstante, lejos de ufanarse por haber persuadido a Upali, Shakyamuni le pidió que, primero, se detuviera a pensarlo bien.

Más impresionado aún, Upali confesó: «Venerable señor, había oído que usted predicaba: “Las ofrendas solo deben ser para mí, no para otros. Las ofrendas deben darse a mis discípulos, no a los discípulos de otros. Las ofrendas consagradas a mí o a mis discípulos son de gran fruto, mas no las ofrendas dedicadas a otros”».

Pero, al escuchar a Shakyamuani, Upali había comprobado que él era ajeno a esa mentalidad cerrada y que jamás formularía ese tipo de demandas arbitrarias. Por eso insistió en ser admitido en la orden budista.

Cuando el maestro jainista de Upali se enteró de lo ocurrido, fue a ver a este último acompañado de un séquito de discípulos. Upali los recibió con actitud hospitalaria, pero su antiguo maestro jainista lo tildó de necio, por haberse dejado convertir al budismo cuando, en realidad, el propósito de su viaje había sido vencer a Shakyamuni en debate.

Upali respondió con serenidad y cortesía:

—Señor, esa persuasión ha sido buena. Mis seres queridos, mis parientes consanguíneos, y todos los brahmanes y nobles deberían dejarse convertir por obra de tales persuasiones. Pues eso les significaría bienestar y felicidad en forma duradera.

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Una vez, le pregunté al señor Toda si enseñar el budismo Nichiren a otros no era, en definitiva, enseñarnos a nosotros mismos.

—Enseñar a otros la Ley Mística —respondió— requiere que nosotros mismos vivamos basados en Nam-myoho-renge-kyo. No hay otra manera de transmitir la grandeza del budismo. No hay ninguna técnica o método especial que debamos dominar. Propagar la Ley Mística en el Último Día de la Ley significa, sencillamente, decidir “¡Mi vida es Nam-myoho-renge-kyo!”.5

También señaló: «Decidir que uno mismo es Nam-myoho-renge-kyo es la expresión suprema del shakubuku», con voz firme, como queriendo impartir una verdad a los jóvenes.

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La fe jubilosa nace de la determinación de practicar tal como enseña el Daishonin.

Todo lo que ha hecho la Soka Gakkai ha concordado con el espíritu de los escritos del Daishonin. Por eso, solo en la Soka Gakkai encontramos la alegría y los beneficios verdaderos de practicar el Sutra del loto.

En síntesis, no hay dicha más grande que dedicar la vida al kosen-rufu y a propagar el budismo. No hay mayor dicha que ver felices a los demás como consecuencia de nuestro esfuerzo en el diálogo para transmitirles la Ley Mística. Y cuando nos alegramos de la felicidad ajena, nuestra propia vida se torna cada vez más pura.

Por eso es importante hablar con los demás sobre el budismo sin arrogancia. Antes bien, hagámoslo plenos de dicha por la fortuna de haber nacido como seres humanos y poder compartir aunque sea una sola palabra sobre las enseñanzas del budismo. Eso es lo que cuenta, si la gente acepta o no es otra cuestión.

En el capítulo «Los beneficios de responder con alegría» del Sutra del loto, Shakyamuni menciona la inmensa buena fortuna que acumulan los que invitan a otros a escuchar la Ley y quienes comparten con ellos su asiento en el lugar donde se está exponiendo dicha enseñanza.6 ¡Cuán increíble, entonces, será el beneficio que recibiremos cada vez que hablamos personalmente con alguien sobre los principios y las enseñanzas budistas!

Al margen de la reacción o respuesta que tenga nuestro interlocutor, el solo hecho de elogiar y enseñar la Ley Mística a otra persona ya proporciona beneficios incalculables. Tener conciencia de esto es motivo de inmensa alegría.

A la vez, es importante que elogiemos a quienes trabajan con denuedo para dar a conocer la Ley Mística a los demás. Son enviados del Buda de suprema nobleza. Estas expresiones de reconocimiento alegran a todos, incluso a nosotros mismos, e impulsan el kosen-rufu.

Cuando nuestra fe es tan fuerte que amamos el Gohonzon, amamos el daimoku y amamos las actividades de la Soka Gakkai, los «beneficios de responder con alegría» fluyen profusamente en nuestra vida.

De La sabiduría del «Sutra del loto», vols. 2 y 5, publicado en japonés en noviembre de 1996 y setiembre de 1999.

La sabiduría para ser feliz y crear la paz es una selección de las obras del presidente Ikeda sobre temas clave.

  • *1Shakubuku: Método de propagación del budismo que consiste en refutar el apego a enseñanzas erróneas para conducir a la gente, de esta manera, a la enseñanza correcta. El término shakubuku se utiliza en oposición a shoju, que es conducir a la gente a la enseñanza correcta de manera gradual y de acuerdo con la capacidad de cada persona. Estas dos clases de práctica se mencionan en el Sutra Shrimala, en Gran concentración e introspección, de T’ien-t’ai, y en otras obras. En el budismo Nichiren, el término shakubuku también suele usarse como sinónimo de propagación o difusión de la Ley Mística.
  • *2En Sobre la práctica de las enseñanzas del Buda, Nichiren Daishonin escribe: «Todo aquel que practique el budismo deberá entender primero las dos clases de práctica —el shoju y el shakubuku. Todos los sutras y tratados caen en una de estas dos categorías. […]. En esta época, las doctrinas provisionales se han vuelto enemigas de la enseñanza verdadera. Una vez que ha llegado el momento propicio para diseminar la enseñanza del vehículo único, las enseñanzas provisionales pasan a ser enemigas. Cuando dan lugar a confusión, deben ser rotundamente refutadas desde el punto de vista de la verdadera enseñanza. De las dos clases de práctica, esta es el shakubuku, la práctica del Sutra del loto. T’ien-t’ai tuvo buenas razones para decir: “El Sutra del loto es la enseñanza del shakubuku, la refutación de las doctrinas provisionales”». Sobre la práctica de las enseñanzas del Buda, en Los escritos de Nichiren Daishonin, pág.415.
  • *3En su tratado, Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra, el Daishonin escribe: «¡Qué reconfortante! ¡Usted se ha relacionado con un amigo en el salón perfumado de orquídeas, y ahora su postura es recta como la artemisa que crece entre el cáñamo!». Sobre el establecimiento de la enseñanza correcta para asegurar la paz en la tierra , en END , pág. 24. El «amigo en el salón perfumado de orquídeas» indica a la persona de virtud. Esto sugiere que la compañía de una persona virtuosa obra como una buena influencia, de la misma manera que uno, al estar en un salón lleno de orquídeas, queda impregnado de su fragancia.
  • *4Véase The Collection of the Middle Length Sayings (Majjhima-nikaya o Compilación de prédicas de mediana longitud) , trad. ingl. I. B. Horner, Oxford: Pali Text Society, 1994, vol. 2, págs. 38-49.
  • *5Véase TODA, Josei: Toda Josei Zenshu (Obras completas de Josei Toda), Tokio: Seikyo Shimbunsha, 1982, vol. 2, págs. 466-467.
  • *6El Sutra del loto afirma: «O supongamos que hay una persona sentada en el lugar donde se expone la Ley, y cuando aparece otra persona, la primera la insta a sentarse y escuchar, o se ofrece a compartir su asiento y la convence para que se siente. Los beneficios que obtendrá esa persona serán tan grandes, que a la hora de renacer, lo hará en un lugar donde ocupa asiento el señor Shakra, donde se sienta el rey del cielo de Brahma o donde lo hace un venerable rey que hace girar la rueda». El Sutra del loto, cap. 18, pág. 245.