Parte 3: El kosen-rufu y la paz mundial
Capítulo 31: Una gran ruta hacia la paz mundial [31.6]

31.6 Enfocarnos en el ser humano

En una entrevista celebrada con motivo de la publicación en búlgaro del diálogo La belleza del corazón de un león, con la historiadora del arte Axinia Djourova —profesora de la Universidad de Sofía, en Bulgaria—, el presidente Ikeda recalca que el objetivo del siglo XXI debe ser establecer la paz y la felicidad para todo el género humano.

El siglo XX ha sido una centuria de guerras. Y la guerra no significa nada más que matanza y destrucción. Es un mal que hunde a la gente en un sufrimiento agónico y convierte su vida en un infierno. De todas las actividades humanas, es la más brutal. Y sin embargo, a lo largo del siglo XX la humanidad ha repetido este flagelo en escala sin precedentes.

La segunda mitad de la centuria representó un paso adelante, en la medida en que el foco se trasladó al desarrollo económico. Así como la guerra es el resultado de una lógica del poder, la economía está regida por la lógica de la ganancia y la pérdida. Aunque el crecimiento económico puede llevar a la prosperidad a algunas personas, también arroja a la pobreza a otras. Hay gente que se suicida a causa del fracaso en cuestiones de dinero. El crecimiento económico tiene el potencial de incrementar la brecha entre ricos y pobres, y de atentar contra la igualdad y la libertad. Son aspectos que debemos considerar. Pero eso no significa que debamos abandonar los quehaceres económicos, que son actividades humanas indispensables.

Lo importante es recordar que el fin original de la política y de la economía es la felicidad y el bienestar de las personas. Y aunque la filosofía, la política y la economía deberían estar dirigidas a ese propósito esencial y primario, con el tiempo estos ámbitos se han ido distanciando de su espíritu original y perdiendo de vista al ser humano.

Creo que hemos entrado en una época en que la humanidad debe redirigir el haz de luz, una vez más, hacia el ser humano; proyectar el foco hacia el pueblo. Si no nos detenemos a ponderar esta cuestión, nos encontraremos repitiendo las tragedias del pasado.

El nuevo siglo debe ser una era de humanismo. ¿Cómo conducir la existencia elevando nuestra condición humana? ¿Cómo construir una felicidad genuina? ¿Cómo vivir y convivir en paz? Todos nosotros —educadores, académicos o líderes en cualquier ámbito— necesitamos corroborar que este sea nuestro foco primordial y crear sinergias sumando sabiduría colectiva en dirección a ese propósito. Debemos adoptar una filosofía que dé prioridad a las personas. Este es el gran reto que nos espera en el siglo XXI.

Los derechos humanos deben estar vinculados con la felicidad real de la gente. Necesitamos crear una época en que todos podamos gozar de la paz, la felicidad y la satisfacción de manera igualitaria. Con ese fin, marchemos hacia una restauración del humanismo y un foco renovado en el ser humano.

*

El budismo es una enseñanza humanística.

Muchas personas, al oír hablar de la religión, piensan en iglesias, templos y donaciones. Pero Shakyamuni, el fundador del budismo, rechazó las formalidades y las manifestaciones del poder. Fue, hasta el último de sus días, una persona ejemplarmente sencilla y humana. Nichiren, cuyas enseñanzas practicamos en la Soka Gakkai, vivió exactamente de esa misma manera. Para Nichiren, lo más importante era nuestra conducta como seres humanos. En ese sentido, el budismo es una enseñanza que no encaja en la misma categoría que otras religiones.

Shakyamuni fue una persona común, al igual que Nichiren. No buscaron diferenciarse de sus seguidores ni discriminaron a las mujeres. A sus ojos, todas las personas eran iguales.

El budismo es una enseñanza para el pueblo. Su excelencia yace en instruirnos la importancia de valorar la vida de todos los seres y de vivir en armonía con el universo y la naturaleza.

De la entrevista alusiva a la publicación en búlgaro de Utsukushiki shishi no tamashii (La belleza del corazón de un león), publicada en japonés en el Seikyo Shimbun el 10 de agosto de 2000.

Sabiduría para ser feliz y crear la paz es una selección de las obras del presidente Ikeda sobre temas clave.