Parte 3: El kosen-rufu y la paz mundial
Capítulo 29: Una religión cuyo propósito sea la felicidad humana [29.1]

29.1 La Soka Gakkai es un movimiento humanístico

El presidente Ikeda ha abierto rutas hacia el kosen-rufu mundial donde no las había, basado en su convicción inapelable de que la religión existe para la felicidad de la gente, y que, allí adonde haya personas, debemos ir a dialogar sobre el budismo Nichiren. Ha librado una contienda implacable contra el autoritarismo religioso instaurado por el clero de la Nichiren Shoshu.

Superando obstáculos formidables en pos de este objetivo, ha podido generar una revolución religiosa de alcance global. Este capítulo se centra en algunas de sus observaciones y guías sobre la importancia de una religión cuyo propósito sea responder a las necesidades humanas.

En la primera parte, el presidente Ikeda señala la deificación de Shakyamuni después de su muerte y el distanciamiento progresivo de la práctica para la vida real como factores que condujeron gradualmente a la declinación del budismo en la India. Finalmente, afirma que la Soka Gakkai ha heredado el verdadero espíritu de Nichiren Daishonin, quien luchó por humanizar el budismo.


¿Por qué declinó en la India la grandiosa enseñanza del budismo?

Alguien que reflexionó detenidamente sobre esta cuestión fue el primer ministro de dicho país Jawaharlal Nehru, quien ofreció una interesante perspectiva al respecto. En una reunión con el historiador del arte francés André Malraux, expuso sus conclusiones.

A propósito, tuve la fortuna de reunirme dos veces con Malraux, quien se mostró muy interesado en el budismo.

Las reflexiones de Nehru fueron las siguientes: «La genialidad del Buda consistió en que, siendo un ser humano, originó uno de los sistemas de pensamiento más profundos en la historia de la humanidad. El Buda fue un espíritu inflexible en su nobilísimo amor compasivo; un acusador que confrontó cara a cara la enorme multitud de divinidades. Cuando la gente lo convirtió en un dios, el Buda pasó a ser una figura más de ese panteón que se cerró a su alrededor».1

El buda Shakyamuni vivió su existencia como ser humano, y repudió a los dioses que eran ampliamente venerados en su época.

En este mismo tenor, Nichiren Daishonin confrontó a Hachiman, que era la deidad tutelar del Japón. No suplicó la ayuda de las deidades celestiales —las funciones benevolentes del universo—; antes bien, como ser humano practicante de la Ley Mística, las llamó a manifestarse.

En esencia, el budismo enseña a los seres humanos cómo vivir. Shakyamuni nos enseñó, con su propio ejemplo, un paradigma de comportamiento humano. Este es el camino de maestro y discípulo.

Pero, en determinado momento, Shakyamuni fue glorificado y convertido en una deidad. Aunque muchas personas en la India de hoy veneran al Buda, lo consideran uno de los muchos dioses del panteón hinduista. El Buda es un objeto de reverencia, pero no un referente o modelo de conducta en el cual basar la propia vida. Lo que se perdió aquí fue el camino de maestro y discípulo.

Y —esta fue la conclusión del primer ministro Nehru—, cuando el budismo dejó de ser un camino de vida, pereció en la India.

Hoy, el budismo como forma de vida ha desaparecido por completo en el clero de la Nichiren Shoshu. Para los sacerdotes de esta escuela, el budismo Nichiren no es una filosofía de vida, sino un medio útil para acrecentar su propia autoridad y posición social. Lo han convertido en una herramienta para justificar su propia corrupción y decadencia. Esto ilustra mejor que ninguna otra cosa la declinación del clero.

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Desde cierta perspectiva, la lucha de Nichiren Daishonin puede verse como una contienda por humanizar el budismo. El Daishonin buscó restituir al pueblo una filosofía religiosa que había perdido toda relevancia para la vida real de la gente, y exponerlo como una forma práctica de vivir. Su mensaje fue que el Buda era un ser humano como cualquier otro, y que las personas corrientes éramos budas.

Las escuelas budistas más populares en esa época enseñaban que los budas —Amida o Mahavairochana, por ejemplo— eran seres distantes y sobrenaturales. El Buda del Sutra del loto también era presentado como un ser completamente remoto y ajeno a la gente común. Y el propósito del Daishonin fue rectificar esta imagen distorsionada.

En la filosofía de Nichiren Daishonin, las personas que practican la Ley Mística y creen en ella son budas. La fe en la Ley Mística es la clave para activar el estado de budeidad.

¿Qué clase de persona, entonces, es un buda? ¿Y cuál es esa forma de vivir propia de los budas? Según el Daishonin, un buda es quien confronta y vence los tres obstáculos y los cuatro demonios2 mientras responde a los desafíos del mundo real. Es una vida dedicada al kosen-rufu en aras de la Ley Mística, teniendo como centro la felicidad de todas las personas.

El propio Daishonin ejemplificó esta forma de vivir. La Soka Gakkai y cada uno de ustedes están siguiendo este mismo camino. Por ende, todos ustedes son budas espléndidos.

Exactamente de acuerdo con el espíritu del Daishonin, la Soka Gakkai nos ha permitido poner en práctica el budismo en la vida cotidiana, como una filosofía orientadora del diario vivir. Así como el Daishonin regresó a los fundamentos del budismo, la Soka Gakkai retornó a las bases de la fe y la práctica del budismo Nichiren. En ambos casos, hubo un retorno al punto de partida, que es el ser humano.

El señor Toda dijo, una vez, que nuestra fe era una «religión humana». El budismo Nichiren es humanismo en el sentido más genuino del término.

Del discurso pronunciado en una reunión ejecutiva de la SGI de Alemania, celebrada en dicho país el 24 de mayo de 1994.

Sabiduría para ser feliz y crear la paz es una selección de las obras del presidente Ikeda sobre temas clave.

  • *1Malraux, André: Anti-Memoirs (Antimemorias), trad. ingl. Terence Kilmartin, Londres: Hamish Hamilton, 1968, págs. 240-241.
  • *2Tres obstáculos y cuatro demonios: Diversos obstáculos e impedimentos que buscan obstruir la práctica del budismo. Los tres obstáculos son: 1) el obstáculo de los deseos mundanos; 2) el obstáculo del karma; 3) el obstáculo de la retribución. Los cuatro demonios son: 1) el impedimento de los cinco componentes; 2) el de los deseos mundanos; 3) el de la muerte; 4) el del Rey Demonio.