Volumen 30:
Capítulo 4, Campanadas del amanecer 61–70

Campanadas del amanecer 61

Alrededor de las 16 hs. cuando Shin’ichi dejó atrás la casa natal de Whitman, se celebraba en el auditorio de un colegio de enseñanza media de Nueva York un encuentro organizado por los miembros locales para darles la bienvenida a la delegación de Japón.

El coro de los compañeros de Nueva York interpretó “Sukiyaki” y “Playa de Morigasaki” en japonés. También se presentaron números de ballet y varias danzas. Por su parte, los miembros de Japón interpretaron canciones folclóricas regionales, además de bailes tradicionales. Fue una hermosa tarde de un intercambio agradable y ameno.

En la celebración se presentó el poema que compuso Shin’ichi: «A mis amados amigos de Estados Unidos: Jóvenes Bodisatvas de la Tierra». La voz del joven que dio lectura en inglés se escuchó con fuerza en todo el recinto:

El mundo de hoy está doliente.
Y este gran continente americano
con pasos vacilantes y trémulos
amenaza con seguir
el mismo destino.
América fue símbolo de libertad y democracia,
una nueva tierra de esperanza para el mundo entero.1

En el poema, Shin’ichi enfatizaba que la misión de los jóvenes que abrazan la Ley Mística era revitalizar a su patria amada y al mundo.

Entona la Ley Mística

con voz vibrante y clamorosa.
De pie, firme,
sobre el suelo de la sociedad,
echando tus raíces
en la profundidad de la tierra,
haz que se abra un sinfín de flores,
mientras vas al encuentro
de este y aquel otro amigo
buscando el diálogo,
tocando las puertas del corazón,
conversando;
pensando en la gente de esta ciudad
y en los amigos que están en la distancia.2

También exaltaba a Estados Unidos afirmando que es un microcosmos y un crisol de culturas, y señalaba que la fórmula de la paz mundial se encontraba en la unión y la solidaridad de su gente.

La paz mundial no es un objetivo lejano. Comienza aprendiendo a confiar y a respetar a quienes están a nuestro alrededor, trascendiendo nuestros propios prejuicios, actitudes discriminatorias, odio y animosidad.

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En su poema, Shin’ichi asimismo declaró:

Tú, que avanzas
sin jamás perder de vista
la meta última:
clara e inmutable
que se mantiene imperturbable
aún cuando las opiniones puedan diferir.

¡Estudia hoy también!
¡Ponte en acción,
esfuérzate una vez más!
Da hoy un paso significativo
y mañana, otro más, henchido de alegría.
Haz que cada día tu vida se fusione
con la sublime Ley Mística,
con sudor en la frente
asciende la cuesta de la superación
hacia la cima de tu inestimable perfeccionamiento.
Sé como el loto
que abre su flor
en las aguas fangosas de la realidad social.

La fe es
no temer a nada,
es ser impertérrito,
es la fuerza para remontar los obstáculos.
La fe es fuente
de donde emanan todas las soluciones,
el motor que nos impulsa
en la emocionante travesía de la vida,
¡de una vida victoriosa y triunfal!3

El deseo de Shin’ichi era transmitir que el kosen-rufu, la grandiosa empresa de construir una nueva era, solo era posible avanzando constantemente, paso a paso y día tras día. También esperaba que los jóvenes supieran que esta lucha consistía en hacer su propia revolución humana, un proceso que comienza logrando el autodominio.

Concluyó el poema declarando que el testigo de esta gran carrera había sido puesto en las manos de sus preciados sucesores:

He confiado a ustedes
toda la empresa del kosen-rufu,
y hoy recorro el mundo
con la certeza de contar con sucesores
que harán de este camino hoy aún estrecho
una senda anchurosa en el futuro.
Y esto me colma de júbilo y dicha.4

El auditorio estalló en aplausos. Los jóvenes de Estados Unidos grabaron estas palabras en lo más profundo de su vida y se levantaron decididos a emprender acciones.

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Después de partir de Nueva York, Shin’ichi llegó al Aeropuerto Internacional de Toronto en Canadá (actual Aeropuerto Internacional Toronto Pearson) pasadas las 16 hs. del 21 de junio. Estaban para recibirlos, el director general Lou Hiroshi Izumiya; su esposa, la presidenta Ellie Teruko Izumiya, y muchos miembros que llevaban flores y banderas canadienses.

Habían transcurrido veintiún años desde que Shin’ichi pisara tierra canadiense, en ocasión de su primer viaje al exterior, en octubre de 1960. En aquel entonces, la única persona que estaba en el aeropuerto para recibirlo era Teruko Izumiya, que aún no era miembro de la Soka Gakkai. En marzo de ese año, ella se había casado con Hiroshi Izumiya, de nacionalidad canadiense y descendiente de japoneses. Él trabajaba para una empresa comercial y, en abril de aquel año, acababa de mudarse con su familia a Canadá.

La mañana del día en que Shin’ichi llegó, Teruko había recibido una carta de su madre que vivía en Japón y era miembro de la Soka Gakkai. Le escribía a su hija sobre la visita de Shin’ichi y le pedía que fuera al aeropuerto a conocerlo.

Pero Teruko no estaba segura de si debía ir. Estaba embarazada y no se sentía bien. Además, no quería encontrarse con alguien que seguramente intentaría convencerla para que practicara el budismo Nichiren. Lo que su madre le contaba acerca de los beneficios de la fe, le parecían supersticiones y algo anticuadas, y sentía más bien rechazo hacia la práctica. Pero si no iba al aeropuerto, creía que defraudaría a su madre, y no quería hacer eso. Así que había decidido ir a recibir al visitante.

Shin’ichi le agradeció efusivamente a Teruko por la acogida y le preguntó sobre su familia. Le habló sobre la razón por la cual la fe era importante y le explicó que el budismo enseñaba la ley suprema de la vida.

Casi dos años después, Teruko, que siempre había sido enfermiza, decidió practicar con la esperanza de mejorar su salud. No deseaba causar mayor preocupación a su esposo y a la vez, sabía que si ingresaba en la Soka Gakkai tranquilizaría a su madre.

Las semillas de la Ley Mística, una vez sembradas en el interior de una persona, germinan sin falta llegado el momento propicio. Por lo tanto, lo importante es acercar al budismo Nichiren a las personas con quienes nos relacionamos. En esto consiste plantar las semillas de la budeidad.

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«Estoy parada por mí misma, sosteniéndome a la perfección con mis propios pies»,5 –este era el espíritu que animaba a la pintora y escritora canadiense, Emily Carr (1871-1945).

Desde que comenzó a practicar el budismo, Teruko Izumiya empezó a hacer las actividades de la Soka Gakkai por sí misma. Utilizaba como guía el Seikyo Shimbun que recibía de Japón, y visitaba a sus conocidos a quienes les hablaba del budismo.

Para asistir a las reuniones debía viajar hasta Buffalo o Nueva York en autobús o avión, atravesando la frontera de EE. UU.

Su esposo la apoyaba y a menudo la acompañaba en su vehículo hasta el lugar de las actividades, pero no mostraba interés en practicar.

Hiroshi Izumiya había nacido en la isla de Vancouver en 1928. Su padre había emigrado a Canadá desde la prefectura de Wakayama, en Japón, y se había ganado la vida como pescador.

Canadá formaba parte de la Mancomunidad de Naciones y cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, en 1941, Japón pasó a ser país enemigo.

Al año siguiente, los canadienses de ascendencia japonesa fueron enviados al campo de concentración en las Montañas Rocosas, donde en invierno la temperatura alcanzaba los 20 grados bajo cero.

Para demostrar su lealtad a la nación que les había dado acogida, algunos jóvenes se ofrecieron voluntariamente a prestar servicio en las fuerzas armadas. Muchos compatriotas consideraron esta decisión como un acto de traición, y cundieron entre ellos discordias y hostilidades, causando una profunda y dolorosa división dentro de la comunidad nipona.

Cuando la guerra finalmente terminó, la gente que había estado confinada en campos de detención no tenía a donde regresar. El gobierno canadiense les exigió que escogieran entre regresar a Japón o trasladarse a la región este de Canadá.

El padre de Hiroshi tenía más de 70 años y siempre había anhelado pasar la última etapa de su vida en Japón. Así fue que la familia decidió regresar a su tierra natal, la prefectura de Wakayama.

Después de un tiempo, Hiroshi decidió partir hacia Tokio. Con la determinación de estudiar en la universidad, trabajó con esmero en una tienda de la base militar estadounidense. También se esforzó por adquirir mayor dominio del idioma japonés, y así fue que al fin consiguió ingresar en la Facultad de Ciencias Económicas de la prestigiosa universidad privada de Keio.

Al graduarse, comenzó a trabajar para un banco extranjero, pero su deseo de regresar a Canadá y servir como puente para promover las relaciones entre Japón y Canadá fue creciendo cada vez más. Finalmente encontró empleo en una firma comercial japonesa con filial en Toronto.

Podemos decir que quien ha tenido que sufrir en la guerra tiene como misión consagrarse a la paz.

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En 1960, la empresa comercial japonesa donde Hiroshi Izumiya trabajaba, estableció una sucursal en Canadá. Ese mismo año, se casó con Teruko, a quien había conocido en Japón.

Teruko había llegado a Canadá en la primavera de ese año y, apenas unos meses después, había recibido en el aeropuerto de Toronto a Shin’ichi y a sus acompañantes que hacían su primera visita al país.

Con el tiempo, Teruko comenzó a pensar seriamente en consagrarse a la lucha por el kosen-rufu de Canadá. En cuanto a su esposo, a pesar de que brindaba todo su apoyo para que ella hiciera las actividades, le preocupaba que no mostrara interés por practicar él mismo.

En otoño de 1964, durante un viaje a Japón, visitó a Shin’ichi en la sede de la Soka Gakkai, acompañada de su pequeña hija, Karen. Había estado embarazada de la niña cuando hace cuatro años conoció a Shin’ichi.

En sus primeros días de práctica solitaria en Canadá, sin duda Teruko debió de haber experimentado un sinfín de sufrimientos y dificultades, ya que cuando empezó a contarle las vivencias personales, sus ojos se le humedecieron.

Shin’ichi escuchó atentamente mientras asentía una y otra vez. Luego con un tono firme, le dijo:

–Imagino que cada día debe de haber sido un desafío. Pero a la luz del Sutra del loto y los escritos de Nichiren Daishonin, en el pasado distante ha asumido el compromiso de trabajar por el kosen-rufu de Canadá como Bodisatva de la Tierra. Es importante que tome conciencia de esta misión y la asuma decidida a atenerse a ella hasta el final. Tenga la seguridad de que es la existencia más noble que puede haber, la que le brindará las más grandes alegrías, satisfacciones y dicha.

»Cada quien tiene su karma. Nadie sabe lo que le depara la vida. Incluso aquellos que parecen gozar de bienestar económico, pueden estar llenos de preocupaciones y ansiedades, incapaces de resolver los problemas fundamentales de la vejez, la enfermedad y la muerte.

»Como miembros de la Soka Gakkai estamos involucrados en la labor sublime y sin precedentes de transformar el destino de la sociedad, de la nación y de toda la humanidad señalando a las personas el camino que lo llevará a establecer una condición de vida signada de una felicidad inalterable y absoluta. Viendo las cosas desde esta perspectiva, es natural que se presenten incontables obstáculos, ¿no lo cree así? La falta de decisión nos hace cobardes. Es preciso tomar una firme determinación. Cuando uno asume esta postura, surge de su interior una ilimitada fuerza y valentía.

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Cuando una persona asume una firme determinación, su vida adquiere un norte. Y cuando alguien así se convierte en el centro o en el eje de una organización, las ruedas del kosen-rufu comienzan a girar.

Refiriéndose también a Hiroshi, Shin’ichi dijo:

–No presione a su esposo para que practique. Mas bien sea una buena compañera y ponga toda su voluntad para crear una familia feliz. Usted demostrará la grandeza de la fe a través de su forma de ser y de conducirse como pareja y como ser humano. Si se dirige a su esposo con lealtad y sabiduría y tiene siempre en mente el deseo de crear una familia armoniosa, sin falta llegará el día en que él decida practicar.

Teruko Izumiya impregnó todo su ser con estas guías. Decidió tramitar la nacionalidad canadiense y quedarse a vivir en este país de hermoso paisaje otoñal, donde la gente es tan bella. Ella jamás se quejaba o hacía reclamos a su esposo. Trataba de guardar en su interior las tristezas y los sinsabores de la vida, pero cuando el sufrimiento era grande, se sentaba frente al Gohonzon y se entregaba al daimoku.

Mientras cuidaba su hogar y criaba a sus tres hijos, ella siguió abriendo con alegría y dinamismo el camino del kosen-rufu en Canadá. El círculo de nuevos miembros fue expandiéndose visiblemente.

En marzo de 1980, Hiroshi tomó la decisión de practicar el budismo. Eran momentos en que enfrentaba la difícil cuestión del karma a raíz del sucesivo fallecimiento de dos hermanas mayores a quienes mucho apreciaba. También pensaba constantemente en los días de su infancia en que fue forzado a vivir en un campo de reclusión durante la Segunda Guerra Mundial. Teruko se quedaba hasta altas horas de la noche conversando con él, y alentándolo a practicar, diciéndole con toda franqueza que su mayor deseo era ser feliz junto con él.

A lo largo de los siglos, la gente llamó suerte o destino a los hechos o circunstancias que aparentemente no tenían explicación o parecían estar más allá de su capacidad de control, o los atribuían a la intervención de algún poder superior. Pero el budismo elucida el origen de todos los fenómenos a la luz de la ley de causa y efecto y enseña el modo de transformar las diferentes circunstancias.

Hiroshi Izumiya había decidido unirse a la Soka Gakkai dieciocho años después de que su esposa empezara a practicar. Esa noche Teruko y su esposo hicieron el gongyo juntos por primera vez. Afuera nevaba intensamente. Pero la habitación desbordaba alegría y por las mejillas de Teruko corrían cálidas lágrimas de felicidad.

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En octubre de 1980, Shin’ichi había planeado visitar Canadá durante su gira de orientación por América del Norte. Pero justo antes de partir de Chicago, se produjo un desperfecto en el motor del avión y se vio obligado a cancelar. Se sintió muy apenado al pensar en todos los miembros que lo esperaban. Decidió enviar un poema a Teruko Izumiya:

Jamás la olvidaré,
de pie en el vasto territorio de Canadá.
El amanecer del kosen-rufu
finalmente ha llegado.

Shin’ichi se dirigió directamente a Los Ángeles, su próximo destino de acuerdo con la programación. Allí invitó a varios líderes de Canadá para tener la ocasión de conversar. Entre los representantes estaban Teruko Izumiya y su esposo, Hiroshi, un hombre apuesto y afable, quien resultó tener la misma edad que Shin’ichi.

Este le dio un fuerte apretón de mano a Hiroshi y lo felicitó de todo corazón por el hecho de haber comenzado a practicar el budismo Nichiren, y juntos se tomaron una foto. Teruko observaba el perfil de su esposo con lágrimas en los ojos.

Desde entonces habían transcurrido ocho meses. Shin’ichi finalmente concretaba su viaje a Canadá (junio de 1981) y en el aeropuerto internacional de Toronto lo aguardaban Teruko y Hiroshi para dar la bienvenida a la comitiva.

Durante su permanencia en Canadá, Shin’ichi asistió a todas las actividades en compañía de Hiroshi. Deseaba que como representante legal a cargo del manejo administrativo de la organización pudiera asimilar bien su función de proteger a los miembros y garantizar su seguridad y bienestar.

Asimismo, Shin’ichi le dijo a Teruko, quien como presidenta de la organización y líder central había venido consagrando sus esfuerzos en abrir el camino del kosen-rufu en Canadá: «Sin la cooperación de su esposo, seguramente no habría podido llegar hasta aquí. El gran desarrollo que ha logrado la organización canadiense de hoy, se lo debemos mucho a él».

Cuando se alcanza el éxito, es frecuente caer en el error de pensar que todo ha sido la compensación de los propios esfuerzos. Sin embargo, detrás de cada logro está la lucha de muchas personas. Un líder que tiene presente este punto, que es humilde y sabe agradecer a todos sus compañeros, siempre triunfará.

El segundo día de su estancia en Canadá, el 22 de junio, se realizó una reunión general para celebrar el vigésimo aniversario del movimiento por el kosen-rufu, en el gran salón de eventos de un hotel en Toronto. Participaron en ella unos mil miembros, y marcó una nueva partida llena de esperanza hacia el nuevo siglo.

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Durante el encuentro, Shin’ichi trasmitió la alegría de poder estar en Canadá después de veintiún años y, rememorando su visita inicial, se refirió a la importancia de que haya una persona decidida a levantarse.

—Si multiplicamos cualquier número por cero, el resultado será siempre cero, no importa cuán grande sea ese número. En cambio, si multiplicamos por uno, la cifra puede aumentar ilimitadamente. El movimiento por el kosen-rufu de Canadá comenzó a desarrollarse sustancialmente desde el momento en que la señora Izumiya, presidenta de la organización, se puso de pie resueltamente y tomó la iniciativa. Hoy, la organización ha crecido hasta el punto de poder celebrar este encuentro con la asistencia de casi mil compañeros.

»Todo comienza a partir de una persona. Una persona que transmita a otros la Ley Mística —la sublime enseñanza para ser feliz—, que forje individuos de fe valiente que incluso lleguen a superarla, y forme una magnífica legión de valores humanos. Este es el principio de «emerger de la tierra», que describe el proceso mediante el cual los Bodisatvas de la Tierra hacen su aparición.

»La misión de la Soka Gakkai es hacer realidad lo que el Daishonin expone en sus Escritos. Solo procediendo de ese modo podemos decir que estamos leyendo sus enseñanzas con nuestra propia vida.

Luego, Shin’ichi se refirió a los encuentros que había tenido con diferentes funcionarios del gobierno y figuras del ámbito académico y cultural en la Unión Soviética y en otros países.

–En cada encuentro –dijo–, subrayé que la paz es el tema crucial que incumbe a toda la humanidad.

»El budismo expone que todas las personas poseen por igual la naturaleza de Buda. Es la enseñanza que afirma el respeto a la dignidad de la vida, la filosofía que constituye el eje de los ideales de la paz; en ella palpita la tolerancia y el amor compasivo.

»Esta filosofía, por naturaleza, va en contra de toda fuerza que glorifica la guerra, esclaviza a las personas y las conduce hacia la muerte. Es por eso que, durante la Segunda Guerra Mundial, la Soka Gakkai fue perseguida por el gobierno militarista de Japón, que promovió el enfrentamiento bélico utilizando el sintoísmo estatal como pilar espiritual.

»No soy político, tampoco soy diplomático ni empresario. Pero como un ciudadano más y un individuo común y corriente, continúo entablando diálogos por la paz, teniendo como base filosófica el budismo .

»Y procedo de ese modo porque confío en que la forma más certera de lograr la paz yace en fortalecer los lazos de amistad más allá de las fronteras y en compartir con las personas de todas las latitudes el espíritu del budismo que enseña que todos los seres humanos son dignos del más supremo respeto.

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Los árboles extienden sus ramas y se llenan de profuso follaje cuando sus raíces penetran firme y profundamente en la tierra. Lo mismo ocurre con el movimiento por la paz. Son muchas las personas que buscan y claman la paz, pero un movimiento que no posee una sólida base filosófica que lo guíe no perdura. El movimiento por la paz que impulsa la Soka Gakkai está arraigada en la gran filosofía del budismo Nichiren, una enseñanza que enaltece la dignidad de la vida.

Si las personas reconocieran la presencia de una suprema condición de vida —la budeidad inherente— en cada ser, tal como propone el budismo, nadie podría quitar la vida de los demás ni negar su derecho a vivir. El budismo considera que todo ser humano es digno del más supremo respeto independientemente de su ideología, etnia, nacionalidad o religión. No subestima ni discrimina a nadie. Abraza todo con amor compasivo, sin excluir nada ni a nadie, y sin importar todas las diferencias que puedan haber.

Shin’ichi estaba convencido de que realizar el kosen-rufu significa, de hecho, hacer el esfuerzo sostenido de depositar en el fuero interior de cada ser el principio que reconoce la dignidad de la vida, es decir, sembrar la semilla de la Ley Mística, que es la semilla de la paz. Creía firmemente que esos esfuerzos eran la base de la paz. También afirmó que el propósito de la vida era concretar la felicidad en el verdadero sentido de la palabra y que, para eso, era vital resolver el problema de la muerte.

El budismo Nichiren aborda la cuestión de la muerte en el nivel más fundamental, y esclarece la eternidad de la vida y la ley de causa y efecto. Y cuando hacemos del budismo la base de nuestra existencia, podemos establecer una visión sólida de la vida, manifestar la sabiduría y la fuerza para superar las adversidades y alcanzar un estado de felicidad absoluta.

Shin’ichi concluyó sus palabras expresando su deseo de que los compañeros de Canadá puedan asumir esta jornada como un punto de partida y con la mirada puesta en los próximos veinte años, lleven una existencia llena de grandes satisfacciones junto a la familia Soka de corazón cálido y fe pura.

Al final de la reunión, los participantes cantaron al unísono una canción de Gakkai. Veinte miembros de la Banda de Pífanos y Percusión (de la División Juvenil Femenina) subieron al escenario. Alguna de ellas habían viajado desde lugares distantes como Vancouver, Calgary y Montreal, y esta era la primera vez que interpretaban juntas. La líder de la banda juvenil era Karen Izumiya, la hija mayor de Hiroshi y Teruko. Se estaba formando una nueva generación de valores.

En la sala, todos los participantes se pusieron de pie y se balancearon al son de la música tomados de los hombros. Las voces resonaron con gran alegría.

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El 23 de junio, alrededor de mil miembros se reunieron en Caledon, en las afueras de Toronto, para un intercambio amistoso con la delegación de Japón.

El evento —con almuerzo de estilo bufé al aire libre–, se llevó a cabo sobre una colina rodeada de árboles, que en los meses de invierno se convertía en una estación de esquí. El verdor de la pista brillaba bajo la luz del sol.

Comenzó un mini festival cultural con la presentación de un coro de niños. Los integrantes de la delegación japonesa cantaron «Atsuta» y la canción de la región de Chubu, «Este camino», e interpretaron danzas japonesas tradicionales como «Variaciones sobre el tema de los cerezos» y «Takeda Bushi». Los compañeros canadienses también presentaron un programa animado, en el que se incluía un baile folclórico de Quebec, una ejecución instrumental de «Playa de Morigasaki» a cargo de miembros que eran músicos profesionales y un coro de la División Femenina que interpretó «En pos del kosen-rufu».

Shin’ichi tomó la palabra y expresó su gratitud: «Para mí ha sido como un sueño poder disfrutar de este maravilloso despliegue artístico con cantos, presentaciones instrumentales y danzas interpretadas con todo corazón”. En dicha ocasión propuso la construcción de un centro cultural de la Soka Gakkai en Canadá y les pidió a todos que fueran los soles de la comunidad y contribuyeran a ella mientras abren el camino de un futuro brillante y promisorio del kosen-rufu de Canadá.

Antes y después del festival, Shin’ichi se encontró con muchos miembros para alentarlos. También saludó al gerente de la estación de esquí y le agradeció el hecho de haberles ofrecido el lugar.

El diálogo amplía la red de personas que establecen su relación con el budismo.

La madrastra de este gerente era miembro de la Soka Gakkai. Shin’ichi había tenido ocasión de alentarla durante su visita a Irán, en 1964.

En Teherán, él y su comitiva habían ido a visitar a una miembro de la Soka Gakkai llamada Miki Ota en el restaurante chino que ella administraba. Pero al llegar al local, el propietario les dijo que ella había renunciado cuando terminó su contrato laboral y que en ese momento estaba de viaje.

De pronto, uno de los empleados del restaurante lanzó una pequeña exclamación de sorpresa al ver a Shin’ichi y corrió al fondo del local. Trajo consigo una revista de fotografías. Era un ejemplar de la revista Seikyo Graphic. Abrió una página y señaló una foto de Shin’ichi mientras decía: “¡Señor Yamamoto!”

  • *1IKEDA, Daisaku: To My Beloved Young American Friends—Youthful Bodhisattvas of the Earth (A mis amados amigos de Estados Unidos: Jóvenes Bodisatvas de la Tierra), en Songs for America (Canciones para América), Santa Mónica, California: World Tribune Press, 2000, pág. 63.
  • *2Ib., pág. 66.
  • *3IKEDA, Daisaku: “To My Beloved Young American Friends—Youthful Bodhisattvas of the Earth” (A mis queridos jóvenes Bodisatvas de la Tierra de Estados Unidos), Songs for America (Canto a Estados Unios), Santa Monica, California: World Tribune Press, 2000, pág. 69.
  • *4Ib., págs. 71-72.
  • *5CARR, Emily: Hundreds and Thousands: The Journals of Emily Carr (Cientos y miles: los diarios de Emily Carr),Toronto: Clarke, Irwin and Company Limited, 1966, pág. 138.