“Yo soy el maestro de mi mente”:
Liberando el poder de la transformación en las cárceles

Por Sabra Williams, Estados Unidos
Sabra Williams (centro)

Sabra Williams, miembro de la Soka Gakkai, es una exitosa actriz de cine y televisión, cuya carrera incluye apariciones en Misión Imposible III y papeles episódicos en series como Injustice, producida por la ABC y Three Rivers, producida por la CBS. Después de lograr el éxito como actriz y presentadora de televisión en el Reino Unido, Sabra se trasladó a EE.UU. en 2002, donde creó el Actors’ Gang Prison Project (Proyecto Penitenciario de la Banda de los Actores). Iniciado en el año 2006, el proyecto emplea técnicas teatrales con un gran componente físico basadas en la emotiva cultura del “teatro popular” de la comedia del arte del siglo XVI en Italia. Esta actividad ha demostrado ser transformadora para las personas encarceladas en el sistema penitenciario de California y ha reducido significativamente las tasas de reincidencia. Sabra fue recientemente premiada con el galardón Campeona del Cambio que otorga la Casa Blanca.

Por favor, describa cómo llegó a realizar este tipo de trabajo con personas reclusas.

Yo estaba trabajando con la English Shakespeare Company y llevábamos a cabo un programa en el que acercábamos las obras de Shakespeare a las cárceles, realizando también talleres con los reclusos. Me sorprendió mucho el poder transformador del arte.

Cuando me mudé a Los Ángeles en el año 2002, entré en contacto con la compañía de teatro La Banda de Actores. El director y actor Tim Robbins es el director artístico. Al experimentar un trabajo que era tanto físico como emocional, pensé que podría resultar realmente bueno para los procesos de rehabilitación. Le dije a Tim que quería ser parte de su grupo de intervención en prisiones (asumiendo que tenían uno). “No tenemos ninguno”, dijo. “Adelante, crea tú uno”.

No tenía ni idea de cómo hacerlo, ni tampoco del sistema penitenciario de Estados Unidos, con una tasa de delincuencia relacionada con armas de fuego mucho mayor que la del Reino Unido, y, especialmente en California, donde se da una importante presencia de bandas delictivas. Me llevó un año hacerme una idea.

Le pedí a tres personas que se unieran a mí y, con un plan rudimentario, fuimos a la prisión. El primer día fue increíble. Recuerdo que me impresionó la transformación de los chicos.

Entonces llegó la recesión y todos los programas artísticos fueron eliminados de las prisiones de California, incluyendo también la figura de los facilitadores que nos permitían trabajar en las cárceles. Aun así yo estaba muy decidida. Continuamos durante cuatro años sin financiación estatal. Debido a que no había ningún otro programa además del nuestro, esta circunstancia funcionó como una placa de Petri. ¡La única causa que podía estar generando los cambios que estábamos viendo en la cultura de la prisión era nuestro trabajo!

¿Cómo empodera este programa a las personas?

En la cárcel, la gente cree que tiene que anestesiarse para poder sobrevivir. La única emoción culturalmente aceptable es la ira. Han entumecido cualquier otra emoción. Esto les afecta no sólo a ellos, sino también a sus familias y amigos e incluso al personal.

Con este trabajo, comienzan con una relajación guiada y después desarrollan juegos teatrales. A continuación se encarnan en los personajes tradicionales de la comedia del arte utilizando mascaras de maquillaje. Es entonces cuando son capaces de tamizar sus vidas y problemas a través de estos personajes. Pueden interpretar al viejo avaro Pantalone, al joven amante o incluso a mujeres. Y los interpretan todos desde este estado altamente emocional, por lo que todas las emociones que han estado latentes durante incluso 20, 30 o 40 años, son ahora capaces de expresarse a través del filtro de un personaje. Así que se convierten en la persona más feliz del mundo, la más triste, la más asustada o la persona más enfadada del mundo, todo en un entorno seguro.

Participantes del Proyecto Penitenciario de la Banda de los Actores [© Peter Merts]

No tenemos cuarta pared, por lo que tienen que mirar directamente a los ojos de otra persona en un estado altamente emocional. Esto en sí mismo es un acto revolucionario. En la cárcel, si miras de este modo directamente a otra persona, especialmente a alguien de una pandilla diferente o de una etnia diferente, puedes ser asesinado.

Están en una habitación con un montón de gente de otras pandillas, de otras culturas, de otras etnias, participando en la construcción de un trabajo conjunto. Con el tiempo, se ven los cambios.

Hacemos sesiones de ocho y diez semanas, aunque desde hace poco tiempo el programa también lleva a cabo sesiones intensivas de siete días en prisiones más remotas y después delegamos el trabajo en los estudiantes para que ellos dirijan su propia clase. En un principio es frecuente que las personas se unan al grupo para divertirse o para pasar el tiempo. Después llega la tercera semana. Yo le llamo la semana del abandono pues es cuando su bagaje emocional comienza a subir. El trabajo comienza a convertirse en un espejo para ellos. Tienen que escribir un diario todos los días para monitorear su progreso. El componente emocional comienza a emerger y empiezan a decir “estoy enfermo” o “estoy muy ocupado”, “no puedo hacerlo”.

Yo soy el maestro de mi mente, no la víctima de mi pensamiento.

Son los otros miembros del grupo quienes dicen “tienes que venir” y “eres una parte valiosa del grupo”. Ahí empieza el empoderamiento. Este trabajo los hace visibles. Se necesita mucho coraje. Comienzan a recuperar su poder. Muchos de ellos dicen que es la primera vez que se han vuelto a sentir nuevamente como un ser humano. No les permito decir que han cometido errores; tienen que decir que hicieron elecciones. Se trata de asumir la responsabilidad por sí mismos. Para ellos resulta aterrador pero les devuelve su poder.

En el ejercicio de relajación, uso la afirmación “Yo soy el maestro de mi mente, no la víctima de mi pensamiento”. Ese es el título de este trabajo. Tienen que usar declaraciones utilizando “yo”, todo ello les devuelve su propio reflejo.

Comienzan a entender su propio potencial, el efecto que tienen en el mundo, el hecho de que tienen un efecto. Este puede ser positivo o negativo, depende completamente de ellos. No pueden culpar, no pueden transferir la responsabilidad. Es como una espada de doble filo, el empoderamiento es emocionante y asombroso, y también aterrador. Empiezan a sentir empatía hacia los demás, incluido el personal. Hay menos infracciones violentas y menor reincidencia.

En la última semana, siempre hacemos una presentación final, como un taller abierto, no como un espectáculo. Abrimos las puertas. Ellos invitan a otras personas encarceladas a venir y ver, y esto es algo muy, muy importante para ellos. Invitamos al personal, a políticos, financiadores. Ese es su momento cumbre.

En el año 2014 fuimos invitados a Washington DC para encontrarnos con el fiscal general de Estados Unidos, Eric Holder, quien está tratando de cambiar el sistema penitenciario. Recientemente viajó a California para ver el programa personalmente. Nuestro programa se ha convertido en un programa modelo para la rehabilitación en el país.

Estas personas están aprendiendo acerca de su potencial pero continúan encerradas. ¿Cómo afecta esto a sus vidas en prisión?

Algunos de los chicos con los que trabajamos son muy violentos. La única respuesta que conocen ante las dificultades es la violencia. Trabajamos con estos cuatro estados emocionales: felicidad, tristeza, enfado, miedo. La ciencia ha demostrado recientemente que todo se reduce a estos cuatro, algo que la comedia del arte sabe desde hace 600 años.

Lo que aprenden a través de la práctica en clase es que tienen la opción de elegir entre cuatro estados, no tan sólo uno. Es posible que no tengan elección sobre lo que sucede, pero sí tienen elección sobre cómo responder. Ellos son quienes deciden, o como decimos, “Yo soy el maestro de mi mente, no una víctima de mi pensamiento”.

[© Peter Merts]

A menudo nos dicen, “Este tipo se me puso delante hoy en el patio. Antes lo habría golpeado o apuñalado. Lo miré y vi a Pantalone o a algún otro de los personajes y empecé a reírme de él y de lo ridícula que era la situación. El tipo estaba completamente sorprendido y se alejó; más tarde lo vi en el patio y me saludó”.

Esto es algo especialmente notable también con la familia y amigos. La esposa dirá: “Por primera vez se ha convertido en un marido”, o dirán: “Es la primera vez que siento que me he convertido en un padre”, “puedo jugar con mis hijos por primera vez”.

Eso simplemente me demostró que cualquier cosa que me proponga en la vida, ¡lo puedo conseguir!—Participante de la clase

Estos chicos a menudo se unen a las pandillas a los nueve años o incluso antes. Nunca han tenido infancia y de repente están jugando como niños. Es increíble de ver, realmente hermoso.

Tim y yo siempre decimos que obtenemos la mayor de las alegrías de nuestras vidas al estar en la cárcel. Y lo que es fantástico es que estamos haciendo el trabajo sobre nosotros mismos, pues nosotros también resultamos transformados haciéndolo. Realmente he llegado a empoderarme como mujer, como actriz y como activista a través de realizar esta labor. Ha cambiado profundamente mi vida.

Al final de las sesiones siempre dicen: “Los chicos de este grupo son mis hermanos”. El cambio es tan profundo y tan rápido. Lo que he aprendido es que los humanos realmente quieren cambiar. Los seres humanos quieren vivir vidas valiosas. Simplemente, la mayoría de las veces no creen que esa pueda ser una opción. Cuando a las personas se les ofrece una opción viable, la aceptan.

¿Cuál es la diferencia entre poder y empoderamiento?

Creo que el poder se basa en el ego; el ego está en primer lugar. En el empoderamiento eres capaz de subsumir el ego en la búsqueda de crear valor. Se necesita mucho coraje. En los últimos años, desarrollar esta tarea me ha empoderado como artista a la hora de hacer mi trabajo en los escenarios y en la televisión.

En la producción de la Banda de Actores de la obra de Shakespeare El sueño de una noche de verano, yo interpretaba el papel de dos reinas, Hippolyta y Titania. Una es una amazona —¡y yo mido 1,60 cm!—, y la otra es una reina hada. Tratar de hacerme con el escenario en la piel de estas reinas fue muy difícil. Tuve que enfrentar mi debilidad y mi falta de confianza. Estoy tratando de aplicar siempre lo que les digo a nuestros estudiantes.

Así que, por un lado, estaba trabajando con reclusos, observando su transformación, y por otro, yo misma estaba trabajando como actriz. A través de mi práctica budista estaba tratando de aceptar mi poder y no tener miedo de él, tratando de ser capaz de utilizarlo para crear valor.

Finalmente pude romper mis límites e interpretar a estas dos reinas. Pude subir al escenario y encarnar el poder de ambas. Fue un extraordinario compendio de todos los aspectos de mi vida.

[© Peter Merts]

Vea un breve video sobre el proyecto aquí.

[Una versión ligeramente más corta de esta entrevista se publicó por primera vez en el número de abril de 2015 de la revista SGI Quarterly].

[Junio 2016]