Generar felicidad a través de juegos

por Che-Yu Lin, Taiwán
Che-Yu Lin (derecha) posando con un amigo durante la Clase Maestra del Juego de la Paz Mundial, en la Universidad Estatal de Oregón, 2015

La pasión de Che-Yu Lin por la educación surgió gracias a un maestro que reconoció su potencial como niño con TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad). Este miembro de la Asociación Soka de Taiwán relata su sueño de convertirse en trabajador social y pionero en la creación de una herramienta de educación para la paz destinada a los niños.

Cuando era niño me diagnosticaron TDAH. A resultas de esto, experimentaba grandes dificultades para concentrarme, la escuela suponía una lucha y era catalogado como “problemático” por los compañeros de clase y los maestros. Un profesor, sin embargo, reconoció mi “singularidad” y me permitió tener tres pupitres para que, cada vez que me cansara de un tema, pudiera cambiar de mesa y estudiara otros temas por mi cuenta. Gracias a esto, desarrollé una gran pasión por el aprendizaje, y mis calificaciones mejoraron drásticamente. Finalmente, me las arreglé para entrar en la universidad superior en Taiwán.

Mi idea inicial era estudiar derecho pero al final, en lugar de esto, decidí dedicarme a trabajos sociales, para sorpresa de muchos a mi alrededor. Durante mi segundo año tuve la oportunidad de obtener alguna experiencia en trabajo social. Mis tareas consistían en ayudar a los niños con sus tareas y en jugar a juegos de mesa con ellos, y fue a través de esto que descubrí cómo las personas construimos conexiones a través del juego.

Durante esa época empecé también a apasionarme por mi práctica budista, —práctica que yo había iniciado más o menos automáticamente desde que era niño—. Comencé a dedicar mucho tiempo y energía a apoyar a otros jóvenes de la Soka Gakkai de mi organización local. Estos esfuerzos abrieron mi vida y experimenté cómo a través de ayudar a otros nuestra propia vida también crece y se desarrolla.

Antes de graduarme de la universidad, recibí una carta de uno de los niños con los que había estado trabajando, diciendo: “Yo no tengo papá, pero tú eres como un padre por la forma en que te preocupas por mí”. Esto me emocionó profundamente y decidí convertirme en un trabajador social con licenciatura. Realicé el examen pero suspendí por un punto.

Posteriormente comencé mi servicio militar obligatorio. Yo seguía apoyando a los jóvenes de mi organización local lo mejor que podía, enviándoles postales con mensajes alentadores. En mis primeros dos meses de entrenamiento militar llegué a enviar doscientas postales.

Después del entrenamiento inicial, fui enviado a las remotas islas de Penghu. Las cosas eran difíciles allí, ya que uno de mis superiores era especialmente duro conmigo. Lo que me mantenía fuerte era leer el periódico de la Asociación Soka de Taiwán que mi madre me enviaba regularmente. En uno de los números, un aliento de Daisaku Ikeda, decía que a través de experimentar todo tipo de desafíos podemos llevar una vida verdaderamente grande, y esto me hizo determinar “convertir el veneno en medicina” y de algún modo crear algo positivo de aquella situación.

Antes de completar el servicio militar me dieron una nueva oportunidad para hacer el examen de trabajo social y, esta vez, aprobé y quedé entre los quince primeros. También recibí el reconocimiento de mi superior, con el que tanto había bregado.

Cambio en acción

Che-Yu Lin (último por la izquierda) con John Hunter (en el medio) en la Universidad Estatal de Oregón durante su entrenamiento para convertirse en instructor del Juego de la Paz Mundial, 2015

En 1978, John Hunter, un maestro de primaria de Virginia, inventó un juego de mesa llamado “Juego de la Paz Mundial”. Es una simulación política práctica que permite a los jóvenes explorar las interconexiones de la comunidad global mientras desarrollan el pensamiento crítico y las habilidades colaborativas a través de dar respuesta a las crisis económicas, sociales y ambientales así como a la amenaza de la guerra.

Después de ver un documental sobre este tema, comencé a pensar en la posibilidad de generar un cambio social positivo a través de juegos que ayudasen a los jóvenes a desarrollar habilidades esenciales y valores positivos.

En el año 2015, volé a los Estados Unidos con mi pareja para conocer a John Hunter y participar en un entrenamiento como instructor del juego. En el juego participan alrededor de treinta niños durante varios días mientras que los maestros observan y esbozan ideas para posteriores experiencias de aprendizaje. En noviembre de ese año, presentamos el juego en Taiwán. En seis meses, habíamos llevado a cabo varias sesiones del juego y lo habíamos presentado en decenas de conferencias de profesores. Como resultado, más de 600 profesores y estudiantes han podido conocer el juego.

Como dice el Sr. Ikeda: “Para cultivar un árbol o para forjar a las personas, necesitamos paciencia para creer que pueden florecer (…) En la misma proporción que nos preocupemos y tengamos fe en los niños, así ellos extenderán libremente las raíces que les darán la fuerza para sobrevivir y abrirse camino exitosamente a través de la vida”.

[Adaptado a partir de la edición de junio de 2016 de Fortune, Asociación Soka de Taiwán].